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Phoenix, Arizona.- Arizona aguarda la implementación de la nueva ley de inmigración que convertirá en criminales a
todas aquellas personas que estén en el estado sin autorización a partir del 29 de julio.

La ley, conocida como la SB 1070, ha puesto la atención de muchos países del mundo en Arizona, estado fronterizo con
México que se encuentra convulsionado por la intensidad que ha tomado el debate migratorio. Pero si la atención
mundial es reciente, la lucha entre funcionarios públicos y quienes abogan a favor de una reforma migratoria no lo es.

La situación en Arizona, estado con 6 y medio millones de habitantes, según un cálculo del Buró del Censo en el 2009,
ha sido campo de batalla constante entre quienes a través de leyes enfocadas en un sólo grupo de personas quieren
borrar del estado a todo ser humano sin documentos legales, y quienes pugnan por su legalización.

Al menos durante casi tres años, de la mano de acuerdos como el 287 (g) entre el gobierno federal y agencias
policíacas locales, la encomienda es detectar y sacar del país a cuanta persona indocumentada sea posible. No
solamente en Arizona pero a través del país.

Sin embargo, Arizona ha llegado a ser el epicentro de este “compadrazgo” de persecución contra inmigrantes que corren
con el infortunio de ser detenidos y luego deportados, gracias a un casi octogenario y empedernido jefe de la policía de
un municipio (condado, como se les denomina en los Estados Unidos) de Arizona.

El viejito de nombre Joseph M. Arpaio ha hecho de la persecución sistemática contra personas que viven en este estado
sin ningún amparo legal su grito de batalla, convirtiéndose en una persona famosísima como aborrecida a costas de
trabajadores indocumentados que se topan con sus agentes aprendices de “migras”, para luego acabar en una celda
de donde por lo regular salen con rumbo a la frontera para ser deportados de los Estados Unidos.

El sheriff Arpaio a honras de sabrá quién o qué cosa se ufana de ser el más severo jefe de policía contra los albañiles,
jardineros, meseros, lava carros y otros humildes oficios. A trabajadores como estos e incluso a amas de casa con todo
y sus chamacos persigue en sus patrullas, y al determinar por medio de la práctica del perfil racial que su apariencia
corresponde a la de extranjeros sin papeles, los detiene, les pide sus documentos, y cuando estos comienzan a
tartamudear por el temor y por saberse acorralados, a hablar en español y a enfrentar la realidad de estar
indocumentados, en pocos minutos se encentran a sí mismos esposados y sentados dentro de una de esas negras y
macabras patrullas sinónimos de temor y terror.   

El colmo es que el anciano de origen italiano nació en Estados Unidos gracias a que sus padres emigraron de Italia en
la década de los años 1930’s. Hijo de inmigrantes pero eso sí, convertido ahora en perseguidor de inmigrantes como
sus padres que buscaron una mejor vida.

Pero hablemos de la susodicha ley que en 30 días esperan sus creadores que comience a filtrar a Arizona de
indocumentados. De acuerdo a estos senadores y representantes del pueblo (sólo de nombre, por supuesto), esperan
que el “efecto miedo” haga la mayor parte del trabajo de borrar del mapa de Arizona a esos trabajadores y a sus familias.

Evidentemente un número difícil todavía de determinar de residentes de Arizona que no tienen papeles legales están ya
abandonando el estado antes de que llegue la fecha clave del 29 de julio. Juntando sus enseres y aprovechando que
sus hijos están de vacaciones en la escuela, están tomando las carreteras hacia otros estados, y los más indignados o
desesperanzados marchándose rumbo a su país natal.

Muchos de quienes decidan quedarse en Arizona por lo menos mientras se aseguran que la ley entre en vigor, pues ya
se han entablado demandas legales para bloquearla, o se irán después del 29 de julio o se las arreglarán para evitar
caer en las redes de una de las infames cacerías de indocumentados del sheriff Arpaio, quien ya amenazó que
comenzará a hacer cumplir con la nueva ley inmediatamente después de que entre en vigor.

Esta ley SB 1070 ha sido y será para muchos la gota que finalmente derrame el vaso de su tolerancia ante uno de los
estados más retrógradas y enemigos del inmigrante latinoamericano. Quién se quiere quedar en un estado donde las
principales leyes que se fraguan en el caldero del diablo del senado estatal, la cámara de representantes, y ahora en la
oficina de la señora gobernadora de Arizona, cuya ignorancia y desdén contra el inmigrante es tan grande como su
alianza con las maquinaciones racistas de los politiquillos de mente obtusa y alma racista.

Es oportuno mencionar que el padre de la SB 1070 es un señor senador que practica la fe mormona, y distinguido
miembro de la Iglesia de los Santos de los Últimos días en la ciudad de Mesa, Arizona, al oriente de la ciudad capital
Phoenix. No se puede uno imaginar qué otras leyes el señor Russel Pearce  promulgaría si no fuera “creyente” y
miembro de esta iglesia. Pero así como el hábito no hace al monje, tampoco ser miembro de una denominación
religiosa hace a nadie santo ni siquiera una persona justa. De tal manera, las leyes del furioso señor Pearce han
atizado más el odio de los demonios sociales del racismo que darle alabanza al Dios que sólo de oídas conoce.

A pesar de todos estos factores, ni el senil sheriff Arpaio, ni el iracundo Pearce, ni la incompetente gobernadora Brewer,
ni todos sus secuaces avocados a la tarea de, según ellos “limpiar” el estado del que creen ser dueños, comprenden
que las verdades eternas como la justicia, la verdad, y la moralidad no están sujetas a sus demenciales ideas.

Existe un pueblo sin patria, desterrado voluntariamente o involuntariamente de sus comarcas empobrecidas que
buscan saciar su sed y hambre de prosperidad, o al menos de poder mantener con dignidad a sus familias. Ese pueblo
lucha en la superficialidad por nuevas leyes que vengan a reformar el sistema migratorio, pero en el fondo busca un
lugar en la tierra en donde pueda reposar sus pies y trabajar con sus manos sin la amenaza de ser perseguido.

Por tanto, la lucha y la victoria contra leyes como la SB 1070 y otras que vendrán tampoco pertenecen a ningún partido
político, grupo social, sindicato, movimientos con énfasis en tal o cual credo étnico o cultural, ni mucho menos a quienes
buscan su propio beneficio y ganancia o alimentar su narcisismo.

La redención de un pueblo sin nacionalidad determinada y en constante peregrinaje descansa en la soberanía de esas
verdades eternas que sostienen al universo moral, y que no están sujetas a la historia, a las razas o etnias, a ningún
credo o agenda terrenal, ni a ninguna cosmovisión que exalte a tal o cual país o pueblo, tradición o costumbre, lenguaje
o linaje. Dichas verdades traen tarde o temprano la libertad a aquellos cuya condición los califica solamente por ser
seres humanos oprimidos.


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Esta ley SB 1070 ha sido y será para muchos la gota que finalmente derrame el vaso de su tolerancia
ante uno de los estados más retrógradas y enemigos del inmigrante latinoamericano.
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA

Julio 5, 2010
Ley de Arizona, ¿Éxodo de Inmigrantes?
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