Celebrar es Ganar - El Mundial de Futbol Alemania 2006
Un Corazón Mexicano en el Corazón de Europa
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Darmstadt, Alemania. Junio 25, 2006 - Mientras más se acercan los octavos de final, más seguros se
sienten los alemanes de convertirse en tetracampeones. De eso por lo menos está seguro el grupo de
grupo de rock-pop alemán “Sportfreunde Stiller,” los cuales orgullosos cantan: "54,74, 90, 2006"
(combinando los años en que Alemania ha ganado el Mundial) ¡Sí!, ese es el título de su canción.

Quizá esa es la lógica que siempre ha diferenciado a los ganadores de los perdedores.
Desgraciadamente, en Latinoamérica se nos ha inculcado la mentalidad: "lo importante no es ganar, sino
competir." ¿Será que siempre hemos pensado de la manera falsa y fácil? ¿Será que esa frase la inventó
un padre, el cual quiso consolar a su hijo después de una derrota?

Los mexicanos, sin embargo, poseemos el don de no sentirnos, vencidos aún después de no ganar: el
don de festejar, de la euforia, de no importarnos gastar dinero en paquetes a Alemania para no ver
ganar a nuestra selección. Si, el maravilloso don de querer vivir el mundial tal y como venga.

Los medios de comunicación en Alemania calculaban una cantidad de aproximadamente 40 mil mexicanos
en la ciudad de Hannover el día 16 de junio para ver el juego Mexico-Angola. Al llegar a la estación
principal de Hannover, ¡ahí estaba México! No sólo se veía, no sólo se oía: ¡se sentía! Los colores verde,
blanco, y rojo, y el águila devorando a la serpiente, eran el paisaje dominante. Ningún país ha corrido por
las calles de otro país gritando con tanto orgullo y dignidad el nombre su propio país: “¡México, México!”

La euforia colectiva ya había contagiado a los alemanes, que a veces no se distinguían por portar los
mismos colores que nosotros. Nuestro destino final eran las pantallas gigantes, que según mi amiga
quien ya se había informado perfectamente, estaban en un lugar llamado "Waterloo Platz". Ni siquiera
preguntamos dónde estaban; simplemente seguimos a la multitud de mexicanos.

Entre más nos acercábamos al lugar, más nos llenábamos de emoción. Veíamos sólo mexicanos y oíamos
sólo hablar en español. Mi amiga sólo tenía un pensamiento desde que llegamos: encontrar al grupo de
música norteña mexicano "El Recodo", el cual ya había estado en Nürnberg el día del primer partido de
México contra Irán. El lugar "Waterloo" se había convertido en una fiesta mexicana gigante. La música
que había se entremezclaba entre si, y no se podía  diferenciar. De repente, logramos reconocer música
norteña que salía desde una carpa cerrada, parecida a una discoteca. Tratamos de entrar, pero el
personal alemán de seguridad sólo nos decía: "alles ist voll" (todo está lleno.) Eran las 8 de la noche. El
grupo "El Recodo" ya había dejado de tocar; habíamos llegado demasiado tarde.

Tal parecía que la selección mexicana iba a jugar sola. Al parecer los fans del equipo de Angola no se
atrevieron a meterse en "territorio mexicano." Nunca vimos los colores de Angola enfrente de las
pantallas gigantes. Metiéndonos entre la multitud, logramos encontrar un buen lugar, justo enfrente de
las pantallas, y sólo a unos pasos de los puestos de cerveza. El lugar también nos atrajo por un grupo
de chicos mexicanos que no paraban de gritar y echar porras.

Antes de cada partido, los conductores alemanes presentan a los equipos de los dos países, con una
breve historia e imágenes. Toda la multitud era una sola voz gritando cuando fue el turno de presentar a
nuestro país: “¡México!” Fue algo parecido cuando se presenta el cantante de moda ante adolescentes
frenéticas en un estadio abarrotado.

Desde el primer minuto del partido, nuestro repertorio de porras –que iba desde la canción "cielito lindo"
hasta "chiquitibum"– no se dejaba de escuchar, explotando nuestras cuerdas vocales hasta el máximo,
como esperando que nuestras porras fueran oídas por los delanteros de nuestra selección.

Al término del primer tiempo, ninguno de los dos equipos había logrado meter un gol. "No importa –
pensamos– todavía faltan 45 minutos". Ni nuestros nuevos amigos mexicanos ni nosotros habíamos
perdido la esperanza, lo cual demostramos pintándonos las caras con los colores de la bandera. Ellos no
sólo habían traído sombreros, pelucas de payaso, matracas y banderas, ¡sino hasta acuarelas! En los
últimos minutos del partido, la incertidumbre y el temor a un gol del quipo contrario nos devoraban los
nervios, los cuales ya nos habían obligado a descansar nuestras gargantas. El resultado final no fue lo
que esperábamos: Mexico 0 - Angola 0. Sin embargo, el entusiasmo y el ánimo siguieron ahí.

La transmisión del partido terminó, pero las cámaras seguían captando al público presente en las
pantallas: el lugar se transformó en una discoteca. ¡No cabe duda que los organizadores alemanes
habían previsto nuestras ganas de bailar! Aunque la fiesta estaba en su auge, mi amiga, su novio
alemán y yo, teníamos que tomar un tren para llegar a casa, dos horas y media de viaje. De camino a la
estación principal de trenes las calles seguían siendo territorio mexicano, vigiladas por policías alemanes.

Cabe mencionar que la seguridad policíaca otorgada por las autoridades alemanas en estos momentos,
no dejó nada que desear. No éramos los únicos mexicanos esperando una conexión de tren; estábamos
acompañados por cientos más. La mayoría de ellos parecía no encontrar el sueño, lo que en varias
ocasiones llamó la atención de la policía alemana, de forma pacífica y sin ningún altercado.
Irma Sofía Navarro Viloria Politóloga graduada
de la Universidad de Darmstadt. Sofía es
colaboradora frecuente de
Barriozona, y reside
en la ciudad de Darmstadt, Alemania
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Irma Sofia Navarro Viloria
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Texto y Fotografías por Irma Sofia Navarro Viloria   Parte 1   Parte 3  
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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