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Benito Juárez, Un Hombre sin Excusas
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
El hombre era tan pequeño de estatura como grande su deseo de aprender. Benito Pablo Juárez, indio zapoteca íntegro,
nació y creció en una región montañosa alta, en donde las posibilidades de superación eran bajas. En su empobrecida
comarca, el silencioso muchacho soñaba con asistir a la escuela en un pueblito en donde no las había. Anhelaba
aprender a leer y a escribir, pero en Guelatao, su pueblo natal, no había ni libros ni maestros. El suyo era un entorno
pastoral sin horizontes, por eso aún en el Siglo XXI, provoca admiración cómo el adolescente logró visualizar un
panorama de oportunidades más allá de lo que miraban sus ojos campesinos.
A la gran ciudad, Oaxaca, emigró a los doce años de edad. Ahí había escuelas, maestros y libros. Aprender, pensó, no
sería más un problema. No obstante, Juárez había llegado a una sociedad injusta y desigual, en donde al estudiante
indígena y pobre se le discriminaba. Ahí se dio cuenta también que su limitado léxico Zapoteca le resultaba inútil en una
ciudad en donde el español era el idioma oficial. Juárez dejó la escuela temporalmente, pero no la educación.
Reconoció que la enseñanza se impartía de manera preferencial y racista, pero compendió que el problema no era la
instrucción en si misma, sino el trato desigual que se daba a los estudiantes. Tampoco trató de justificarse con la
parcialidad de la educación para no ir a la escuela. Cuando finalmente recibió la oportunidad idónea, Juárez se convirtió
en un estudiante excelente y sobresaliente y, más tarde, en abogado y Presidente de México.
El contexto sociocultural de la Oaxaca de principios del Siglo XIX proponía desafíos étnicos y lingüísticos, especialmente
para un nativo zapoteca, quien para salir adelante y destacar tenía que aprender, en su propia tierra, un idioma
importado. Benito Juárez percibió la necesidad de aceptar esa realidad lingüística y bilingüe como una condición para
dar salida a sus inquietudes de lucha social, latentes en su alma india. Esas piedras de tropiezo le fueron escalones
para sobrepasar los factores desfavorables, elevándole en estatura humana y moral. Las barreras sociales de su época
fueron estrado para los endurecidos pies de quien, en opinión de algunos historiadores, se convertiría en el precursor
del México moderno.
El ejemplo de Juárez no nos llama a ser abogados ni presidentes, sino a superar nuestras desventajas socioculturales
y lingüísticas. Aprender un idioma extranjero en una sociedad desigual como vehículo de avance no es nada nuevo. Así,
desde su dimensión socio-histórica, la voz de Juárez consume nuestras justificaciones, desafiándonos a hacer lo que él
hizo sin excusas ni pretextos.
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