Por Eduardo Barraza
La conexión histórica de la Batalla del Cinco de Mayo con la actual realidad social con que se celebra
esa victoria del ejército mexicano sobre el ejército francés, es sólo un nexo inconsistente que carece
de profundidad y de un entendimiento adecuado de ese acontecimiento, lo cual deforma el sentido
trascendental de esa hazaña y causa percepciones equívocas.  El Cinco de Mayo habla hoy más de
nuestro futuro que de nuestro pasado y presente, pero ignorar el verdadero mensaje de ese
acontecimiento histórico nos condena a ser esclavos de la tradición, a celebrar un evento que es
sintetizado a un acto de puro folklore, de una simple apariencia cultural, y a una conmemoración
superficial que nos sume en la ignorancia.  

El verdadero concepto del Cinco de Mayo transforma ese evento, acción, y situación del pasado en un
pensamiento representativo en el presente, el cual manifiesta la evolución de una conducta social que
se fundamenta en un sentimiento de reivindicación de un  pueblo afrentado por la invasión
extranjera,  que gana una batalla pero pierde la guerra, para finalmente, años más tarde, expulsar al
invasor.  El triunfo del débil en contra del poderoso en la Batalla de Puebla permanece hasta nuestros
días en la psique del mexicano como un concepto de estímulo y orgullo, pero fundamentalmente
porque lo percibe como una plataforma socio-histórica que le proyecta a un nivel triunfalista en el
contexto de la sociedad estadounidense, que al concederle un énfasis importante y festivo en su
celebración pareciera reconocer ese hecho, pero que lo reduce a una simple fiesta cultural, a una
verbena popular sin intenciones históricas que lo validen.

El significado desproporcionado que se le concede a la batalla en sí misma y a la conmemoración
actual de esta, también soslaya la relevancia del carácter y la personalidad del artífice de la victoria, el
General Ignacio S. Zaragoza (Marzo 24, 1829 – Septiembre 8, 1862.)  El historiador mexicano Martín
Quirarte lo describe como un modesto general norteño, que desconocía la estrategia de los ejércitos
europeos pero que poseía en cambio una noción exacta del valor del soldado mexicano, que conocía
los defectos y cualidades del ejército nacional, y que podía ponderar como nadie el límite de la
resistencia de abnegación y de heroísmo del guerrero mexicano.  Quirarte establece que Zaragoza
tenía además fe en el triunfo de la causa, a pesar de que su ejército era inferior en disciplina, en
técnica y armamento.¹   

Utilizando la ciencia de la historia social, se puede proponer que la estatura simbólica de patriotismo y
heroísmo de Zaragoza ha pasado por una metamorfosis a través de los años, que le ha transmutado
de un vencedor local y temporal en un icono binacional con una gran influencia en la idiosincrasia y la
sociedad de México, y aún de Estados Unidos, ya que Zaragoza nació en el pueblo de Presido de la
Bahía del Espíritu Santo, en lo que era antes provincia mexicana de Texas, actualmente la ciudad de
Goliad.  Es de entenderse que un gran número de personas nativas de ese estado le distingan como
uno de los suyos, y que en México se le considere, asimismo, un prócer que defendió con honor a la
patria.  Así, la evidencia de la dimensión histórica del General Zaragoza debe ser el punto de partida
de donde se desarrolle la tendencia social de continuar celebrando el Cinco de Mayo, la cual debe
determinar el comportamiento social y cultural contemporáneo.

El mensaje del Cinco de Mayo consiste en la convicción de comprender la verdad inmutable de que la
lucha es inherente a la búsqueda de la justicia, de que es necesario combatir, batalla por batalla, las
guerras ideológicas que nos atacan, y que la opresión de los pueblos débiles por los poderosos no
puede durar para siempre.  Zaragoza entendió en su tiempo ese concepto de libertad y de lucha;
peleó y ganó una batalla que aún reverbera en los primeros años de este nuevo siglo, en el que
nosotros mismos enfrentamos nuestras propias batallas y reclamamos nuestros propios triunfos.       

¹ Quirarte, Martín. Visión Panorámica de la Historia de México. 1992 (1965)
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Ignacio Zaragoza
VICTORIA IMPROBABLE  Ignacio
Zaragoza tenía fe en el triunfo de la
causa, a pesar de que su ejército era
inferior en disciplina, en técnica y
armamento
Ilustración por Víctor Caldee para Barriozona
Eduardo Barraza periodista y escritor
mexicano, editor de la revista Barriozona, y
director del Insituto Hispano de Asuntos
Sociales. E-mail:
editor@barriozona.com
Cinco de Mayo
Ignacio Zaragoza: El Hombre Detrás de la Batalla
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