Permission to reprint or copy this article or photo, other than personal use, must be obtained from BARRIOZONA,
Call 480-983-1445 or e-mail admin@barriozona.com with your request
Ignacio Zaragoza, el hombre detrás de la batalla
Cinco de Mayo
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
La conexión histórica de la Batalla del Cinco de Mayo con la actual realidad social con que se celebra esa victoria del
ejército mexicano sobre el ejército francés, es sólo un nexo inconsistente que carece de profundidad y de un
entendimiento adecuado de ese acontecimiento, lo cual deforma el sentido trascendental de esa hazaña y causa
percepciones equívocas. El Cinco de Mayo habla hoy más de nuestro futuro que de nuestro pasado y presente, pero
ignorar el verdadero mensaje de ese acontecimiento histórico nos condena a ser esclavos de la tradición, a celebrar un
evento que es sintetizado a un acto de puro folklore, de una simple apariencia cultural, y a una conmemoración
superficial que nos sume en la ignorancia.
El verdadero concepto del Cinco de Mayo transforma ese evento, acción, y situación del pasado en un pensamiento
representativo en el presente, el cual manifiesta la evolución de una conducta social que se fundamenta en un
sentimiento de reivindicación de un pueblo afrentado por la invasión extranjera, que gana una batalla pero pierde la
guerra, para finalmente, años más tarde, expulsar al invasor. El triunfo del débil en contra del poderoso en la Batalla de
Puebla permanece hasta nuestros días en la psique del mexicano como un concepto de estímulo y orgullo, pero
fundamentalmente porque lo percibe como una plataforma socio-histórica que le proyecta a un nivel triunfalista en el
contexto de la sociedad estadounidense, que al concederle un énfasis importante y festivo en su celebración pareciera
reconocer ese hecho, pero que lo reduce a una simple fiesta cultural, a una verbena popular sin intenciones históricas
que lo validen.
El significado desproporcionado que se le concede a la batalla en sí misma y a la conmemoración actual de esta,
también soslaya la relevancia del carácter y la personalidad del artífice de la victoria, el General Ignacio S. Zaragoza
(Marzo 24, 1829 – Septiembre 8, 1862.) El historiador mexicano Martín Quirarte lo describe como un modesto general
norteño, que desconocía la estrategia de los ejércitos europeos pero que poseía en cambio una noción exacta del valor
del soldado mexicano, que conocía los defectos y cualidades del ejército nacional, y que podía ponderar como nadie el
límite de la resistencia de abnegación y de heroísmo del guerrero mexicano. Quirarte establece que Zaragoza tenía
además fe en el triunfo de la causa, a pesar de que su ejército era inferior en disciplina, en técnica y armamento.¹
Utilizando la ciencia de la historia social, se puede proponer que la estatura simbólica de patriotismo y heroísmo de
Zaragoza ha pasado por una metamorfosis a través de los años, que le ha transmutado de un vencedor local y temporal
en un icono binacional con una gran influencia en la idiosincrasia y la sociedad de México, y aún de Estados Unidos, ya
que Zaragoza nació en el pueblo de Presido de la Bahía del Espíritu Santo, en lo que era antes provincia mexicana de
Texas, actualmente la ciudad de Goliad. Es de entenderse que un gran número de personas nativas de ese estado le
distingan como uno de los suyos, y que en México se le considere, asimismo, un prócer que defendió con honor a la
patria. Así, la evidencia de la dimensión histórica del General Zaragoza debe ser el punto de partida de donde se
desarrolle la tendencia social de continuar celebrando el Cinco de Mayo, la cual debe determinar el comportamiento
social y cultural contemporáneo.
El mensaje del Cinco de Mayo consiste en la convicción de comprender la verdad inmutable de que la lucha es inherente
a la búsqueda de la justicia, de que es necesario combatir, batalla por batalla, las guerras ideológicas que nos atacan, y
que la opresión de los pueblos débiles por los poderosos no puede durar para siempre. Zaragoza entendió en su
tiempo ese concepto de libertad y de lucha; peleó y ganó una batalla que aún reverbera en los primeros años de este
nuevo siglo, en el que nosotros mismos enfrentamos nuestras propias batallas y reclamamos nuestros propios
triunfos.
¹ Quirarte, Martín. Visión Panorámica de la Historia de México. 1992 (1965)
Copyright © 2006 Hispanic Institute of Social Issues
Grassroots Journalism www.barriozona.com
|