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Infografía preparada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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Fotos de las ruinas del Templo Mayor
ANTROPOLOGÍA
Coyolxauhqui, la diosa de la luna
Por Eduardo Barraza
El monolito de Coyolxauqui, como se ehxibe en el Museo del Templo Mayor.
Foto por Eduardo Barraza | Barriozona
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El monolito de Coyolxauqui, como se ehxibe en el Museo del Templo Mayor en la Ciudad de México. Foto por Eduardo Barraza | Barriozona  © 2011






La aparición del monolito de la diosa mexica de la luna en 1978, fue el preámbulo para la
excavación masiva de las ruinas del Templo Mayor.

El de la piedra Coyolxauhqui fue en sí mismo un hallazgo arqueológico sorprendente que
causó sensación a finales de la década de los años 70s. No obstante, su descubrimiento fue
más allá de ser un simple encuentro con otro objeto del pasado al que los mexicanos
estaban más o menos habituados, más recientemente en los años en que se llevó a cabo la
construcción del tren subterráneo conocido como Metro.

La gran piedra de la diosa lunar del panteón mexica llegó así a convertirse en el parteaguas
de la arqueología urbana en la Ciudad de México, y significó la apertura del camino para el
reencuentro final —después de siglos— con la estructura religiosa más importante y de
mayores dimensiones arquitectónicas del mundo de la gran Tenochtitlán.

Así, el monolito descorrió el velo para el advenimiento de uno de los más grandes trabajos
arqueológicos urbanos, el Proyecto del Templo Mayor. En palabras del destacado
arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, se tuvo la “oportunidad casi única, de
romper la gruesa capa de concreto que cubre la ciudad, y asomarnos a la ventana del
tiempo a través de la arqueología, para recuperar el tiempo ya ido…”

Los mexicanos de las últimas tres décadas han vivido, gracias a la excavación de las ruinas
del Templo Mayor, una época privilegiada al poder rescatar algunas piezas de un gran
rompecabezas cultural que ha reafirmado su rica identidad histórica.

Los constantes descubrimientos, como el del monolito Tlaltecuhtli en Octubre de 2006 o la
reciente aparición de una plataforma circular en las inmediaciones del Templo Mayor  en
octubre de 2011 —hallazgos producto de los continuos trabajos del Programa de
Arqueología Urbana— son sólo muestras de la revolución arqueológica propiciada por el
encuentro del monolito Coyolxauhqui hace más de 30 años.

En ese contexto de obras continuas de excavación en lo que fuera el centro ceremonial de
los aztecas, el futuro cercano augura no solamente más hallazgos sorprendentes, sino una
idea más avanzada y precisa de lo que fue parte de la gran Tenochtitlán.

¿Qué es la Coyolxauhqui?
En la forma más simple de explicarlo, Coyolxauhqui representaba a la luna, esto es, al
satélite natural de la tierra. Su origen parte de un ritual que requiere más estudio y un buen
entendimiento del simbolismo mexica, así como de otras deidades.

Al observar la naturaleza y los astros celestes, los mexicas percibían al sol (representado
por Huitzilopochtli, dios de la guerra) como a un dios que les proporcionaba la luz. Al llegar la
noche, percibían a la luna como una “diosa” antagónica que en sus diferentes fases: luna
nueva, cuarto creciente, luna llena, y cuarto menguante, se “partía”, “descuartizaba”, o
“desmembraba” a causa de la luz solar.

De esta manera, el sol (Huitzilopochtli) descuartizaba como “castigo” a la luna
(Coyolxauhqui) por tratar de “matar” a la tierra (representada por Coatlicue, madre de los
dioses y de la tierra). En la noche como es natural, el sol desaparecía del firmamento de los
aztecas, retirando sus dones vitales, y por ende, intentando “matar” a la tierra, a la que los
mexicas veían como “madre” de la que salían al nacer y volvían al morir. Por ser todos astros
celestes, los mexicas “emparentaron” a Huitzilopochtli y Coyolxauhqui como hermanos entre
sí, y ambos como hijos de Coatlicue.

Nosotros sabemos que los aspectos cambiantes de la luna correspondían a los ciclos del
movimiento de traslación de la misma, y los del mismo planeta tierra, así como su relación de
posición con el sol.

Los mexicas deificaron o le dieron carácter divino a los elementos de la naturaleza porque
reconocían el beneficio que estos representaban para su bienestar. Temían y trataban de
complacer a elementos como la lluvia y la luz solar, pues estaban ciertos que estos
producían el desarrollo y el crecimiento de las plantas, por ejemplo. Los antiguos mexicas no
tenían el conocimiento ahora disponible acerca de los efectos que produce el sol en ciertos
organismos vivos por medio de la fotosíntesis, pero veían esos efectos, y de ahí la
veneración a Tláloc y Huitzilopochtli, entro otros.

Coyolxauhqui, así, está esencialmente ligada a la mitología mexica o azteca. Su nombre
significa “cara pintada con cascabeles” y representa a la diosa mexica lunar.

Mitológicamente, Coyolxauhqui es hija de Coatlicue. La representación hecha por los
mexicas en sus esculturas es la de una mujer descuartizada o desmembrada. Su hermano
Huitzilopochtli es a quien se responsabiliza de su desmembramiento en base a un elaborado
mito.

Características del monolito de Coyolxauhqui
Diámetro: Entre 3.04 y 3.25 metros (9.98 y 10.67 pies)
Espesor: 30 centímetros  (11.8 pulgadas)
Peso: 8 toneladas (16 mil libras)
Forma y material: El monolito es una masa semicircular hecha con roca volcánica clasificada
como andesita de lamprobolita de color rosa claro.

Hallazgo
El monolito de Coyolxauhqui fue encontrado en la madrugada del 21 de febrero de 1978 por
Mario Alberto Espejel Pérez, empleado de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, mientras
él y otros trabajadores cavaban una zanja en la esquina de las calles de Guatemala y
Argentina, en el Centro Histórico la Ciudad de México, a un lado del Zócalo. La revista
National Geographic en su edición en inglés de diciembre de 1980, cita a Espejel Pérez de la
siguiente manera: “Mi pala pegó en algo duro, una piedra. Limpié algo de tierra con mi
guante —así— y vi que la piedra era rojiza y que estaba labrada en relieve. Le hablé a mi
compañero Jorge, y quitamos más tierra. No sabíamos lo que habíamos encontrado, pero lo
reportamos a nuestro jefe de grupo y los ingenieros… Cuando se estaba construyendo el
Metro, los periódicos hablaban de muchos descubrimientos del tiempo de los aztecas. Y
claro, en la escuela, mis maestros hallaban mucho de esas cosas”.

Ver Infografía creada por el INAH en la parte de abajo.
Ciudad de México: El vuelo del águila
Fotos de las ruinas del Templo Mayor
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Libro los zapatos del inmigrante y otros escritos por Eduardo Barraza. Inmigración de latinoamericanos en Estados Unidos.
Encuentran monolito frente a las ruinas del templo mayor de Tenochtitlán.
La ofrenda es parte de una serie de depósitos en el interior de la Pirámide del Sol. La ofrenda habría sido colocada para consagrar el comienzo de la construcción de esta obra prehispánica, la más grande de la antigua ciudad de Teotihuacan. Foto Mauricio Marat | INAH
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Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-CONACULTA) dieron a conocer el hallazgo de una plataforma circular de grandes dimensiones que se estima tiene 500 años de antigüedad.