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Darmstadt, Alemania. Me llama la atención el escándalo que generó hace unos meses el fracaso de la cumbre del
medio ambiente en Copenhague, donde se gastaron muchos millones de dólares, y donde asistieron más de 40,000
personas junto con 5,000 periodistas de todo el mundo. Sin olvidar el tiempo de preparación del evento, que se calcula
fue de dos años.
Como es de saberse, lo que fracasó fue el acuerdo de todos los países en establecer y acordar un documento que
sucedería al Protocolo de Kyoto, el cual ya está muy cerca de su fecha de caducidad que es en 2012. Pero, ¿por qué me
llama la atención? Porque es la muestra de la incapacidad de acuerdo que tienen las naciones tanto primermundistas y
emergentes, un acuerdo que a final de cuentas tiene como único fin salvar nuestro planeta de la contaminación que
nosotros mismos producimos. Existen ya muchos intentos de concientizar a la gente de la basura y contaminación que
generamos, por ejemplo la “huella ecológica”.
Ahora bien, cómo es posible que juzguemos y señalemos tan significativo fracaso mundial si nuestros políticos
mexicanos (séase del color que sean) se han hecho a la tarea de llevar al fracaso a la política medioambiental antes de
que nazca.
Que muchos políticos en México (salvo honrosas excepciones) ignoran la voluntad del pueblo, pisotean la democracia,
fomentan la ignorancia con campañas ofensivas, alimentan el clientilismo y disfrazan sus corruptas estructuras políticas
con disfraces populistas no es nada nuevo. Lo que sí es prácticamente nuevo son las manifestaciones civiles en contra
de eso.
Estoy refiriéndome concretamente a la deforestación y degradación del “Ombligo Verde” de la Ciudad de Cancún,
Quintana Roo, en México, y a la manifestación civil que esto ha generado.
El actual presidente municipal, Gregorio Sánchez Martínez, decidió hace unos meses devastar con la flora y fauna en
ocho y media hectáreas para realizar su magno proyecto “La Plaza Bicentenario”. En esta plaza se tiene planeado
construir el nuevo palacio municipal y una catedral (la actual catedral se construyó hace algunos años con la misma
alevosía y ventaja de las autoridades, y sin una consulta previa o sin el correspondiente estudio medioambiental).
Sánchez Martínez no poseía ningún permiso para hacerlo, puesto que este lugar estuvo destinado en la planeación
urbana desde los inicios de Cancún como “pulmón de la ciudad”. No había uso de suelo para tal proyecto. Así que de la
noche a la mañana, el cabildo del ayuntamiento de Benito Juárez aprobó el cambio de uso de suelo y al otro día ya había
tractores depredando el terreno. Con este acto se dio inicio a uno de los ecocidios más sonados de Cancún, orquestado
por el mismo presidente municipal.
Los vecinos de toda esa región fundaron, a raíz de esto, El Ombligo Verde, A.C., para interponer la demanda
correspondiente ante el juez civil. En pocos meses fueron surgiendo manifestaciones en contra de la ilegalidad de tal
proyecto, a los que se unían cada vez más personas de otras partes de la ciudad. A mediados de enero 2010, el Juez
Tercero Civil declaró la obra como ilegal, y emitió un interdicto de suspensión de obras, y a través de la Procuraduría
Federal de Protección del Medio Ambiente, se clausuraron oficialmente las obras de construcción del “Parque
Bicentenario”. A pesar de la clausura, el gobernador Gregorio Sánchez Martínez continuó con sus obras, desatacando a
la autoridad.
La relación de este asunto, es decir, el fracaso de la cumbre en Copenhague, y con la deforestación del único pulmón de
la ciudad es muy simple: por un lado tenemos un fracaso medioambiental a nivel mundial, y por el otro un fracaso a nivel
local, motorizados por una mezcla de ignorancia, intereses personales e indisponibilidad a interponer la prioridad del
medio ambiente.
Ahora, veamos por qué el fracaso de la política medioambiental del Municipio de Benito Juárez se cristaliza aún más
absurdo y alarmante, por lo menos a mi parecer.
Hace unas semanas, en una conferencia de expertos de la agencia alemana para la cooperación técnica Deutsche
Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ, por sus siglas en alemán), acerca de las razones por las cuales
había fracasado la cumbre de Copenhague, se indicó que antes de llegar a la próxima cumbre en octubre de este año,
diversos países participarán y reforzaran el REDD: Reducción de Emisiones provenientes de la Deforestación y la
Degradación de bosques en países en vías de desarrollo (Reducing Emissions from Deforestation and Forest
Degradation from developing countries).
El 20 por ciento de los gases de efecto invernadero son generados a través de la deforestación y degradación de
bosques. De esta manera, tiene sentido contribuir a la reducción de emisiones, evitando la deforestación. ¿No es
paradójico que por un lado se destruyan bosques y selvas a lo salvaje y sin previa consultación de expertos, y por el otro
se estén gastando millones en evitarlo? Es por eso que el asunto en Cancún se torna aún más increíble y triste.
Según fuentes fidedignas, el REDD ganará cada vez más importancia y cada vez más países se unirán a este programa,
y de este modo será parte de los procesos que sustituirán al Protocolo de Kyoto, y seis países donadores han anunciado
la inversión de €3.5 billones de euros.
“The United Nations Colaborative Programme on Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation in
Developing Countries”, es un esfuerzo para darle un valor financiero al oxigeno almacenado en bosques y selvas. El
sistema se basa en ofrecerles incentivos a los países emergentes y en vías de desarrollo para reducir sus emisiones a
través de la reforestación de áreas y tierras.
La lógica es que manteniendo y reforzando los ecosistemas se podrá combatir el cambio climático. Los países
integrantes de este programa son Bolivia, República Democrática del Congo, Indonesia, Panamá Papua Nueva Guinea,
Tanzania Viet Nam, Zambia y, recientemente, Argentina, Cambodia, Ecuador, Nepal y Sri Lanka. México aún no forma
parte de este programa.
Ahora bien, después de este breve análisis podemos constatar que REDD y Gregorio Sánchez Martínez, presidente
municipal de Cancún, constituyen las perfectas contrapartes en un intento por salvar el ecosistema de nuestra vecindad,
nuestra región nuestro país y nuestro planeta.
Actos como el ocurrido en Cancún, por más locales o insignificantes que parezcan a nivel global, precisamente no lo
son, puesto que son el granito de arena que personas sin escrúpulos ponen para degradar y deforestar cada vez más
nuestro ecosistema.
Lo positivo de esta situación es que la actitud déspota y el desacatamiento a la autoridad ha unido a la población de
Cancún. Las redes sociales en internet, como por ejemplo en Facebook y la creación de grupos, es un ejemplo de la
fuerza que puede tomar la sociedad cuando está unida y dispuesta a luchar por sus derechos sociales, políticos y
medioambientales.
Fuentes: www.un-redd.org www.sipse.com
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Mientras cantidades millonarias y esfuerzos a nivel global se emplean para el mejoramiento del medio
ambiente, en ciudades como Cancún, México, políticos rapaces como el presidente municipal Gregorio
(Greg) Sánchez Martínez, pisotean en principio y en práctica medidas ecológicas que tienen un vital fin:
salvar el planeta y “pulmones” como el “Ombligo Verde”.
By Irma Sofía Navarro Viloria
BARRIOZONA
Febrero 20, 2010
Greg y REDD: Un Problema Local con una Vista Global