Permission to reprint or copy this article or photo, other than personal use, must be obtained from BARRIOZONA,
Call 480-983-1445 or e-mail admin@barriozona.com with your request
El Pejelagarto por su boca muere
Por Jardiel Palomec García
BARRIOZONA
Agosto 4, 2006 Regresar al Artículo
El costo de la resistencia civil que encabeza Andrés Manuel
López Obrador es de aproximadamente 250 millones de pesos
diarios, según informó la Cámara Nacional de Comercio.
El sector más afectado con el plantón, situado desde el
periférico, pasando por avenida Paseo de la Reforma y por
avenida Juárez, hasta llegar al Zócalo capitalino, es el turístico,
puesto que en esta zona es donde se hospedan la mayoría de
los visitantes extranjeros que recibe la Ciudad de México.
Durante todos los discursos desde su cierre de campaña,
Andrés Manuel López Obrador ha declarado que este es un
Grassroots Journalism www.barriozona.com
|
Durante todos los discursos desde su cierre de campaña, Andrés Manuel López Obrador ha declarado
que este es un momento histórico para el país, y que él no es un político tradicional, sino que él si quiere
velar por los intereses del pueblo.
momento histórico para el país, y que él no es un político
tradicional, sino que él si quiere velar por los intereses del
pueblo.
Si analizamos las actitudes de López Obrador, nos daremos cuenta de que en realidad no es un político cualquiera, sino
que en verdad es un delincuente de cuello blanco, a quien desde los inicios de su trayectoria política nadie le ha puesto un
alto.
No se puede negar que Andrés Manuel López Obrador es una persona inteligente. Sabe manejar perfectamente a los
medios de comunicación, de tal manera que escogió Paseo de la Reforma como el punto principal para establecer su
plantón. ¿Qué mejor lugar que la avenida más reconocida de la ciudad de México para continuar con la resistencia civil?
El “Peje” sabía de antemano que apenas se situara la primera casa de campaña en dicha la Avenida Reforma, la imagen ya
le estaría dando la vuelta al mundo, poniendo los reflectores en la ciudad de México al pendiente de sus reclamos, y de su
lucha encarnizada por el poder.
Esta lucha que encabeza Andrés Manuel ya cobró sus primeras víctimas. Hay gente que ha tenido que ser despedida de su
trabajo a causa de los manifestantes que tienen raptado el corredor turístico, en el que Obrador invirtió más dinero durante
su administración como regente del D.F. para remodelarlo.
Otra muestra más de que el “Peje” está enfermo de poder, es evidente a diario en sus declaraciones sobre los gastos de
campaña de los otros partidos, y sobre la demagogia que utilizan sus detractores.
Se puede estar acuerdo que los gastos de campaña de los partidos rebasaron el tope impuesto por el Instituto Federal
Electoral, pero en esa falta también incurrió la –mal llamada– “Coalición por el bien de todos,” puesto que antes de las
elecciones López Obrador encabezaba la lista de candidatos con más gastos en medios públicos, sin mencionar el spot
que realizó en cadena nacional.
Así mismo, el candidato del partido del sol azteca, debe reconocer que para realizar todas las marchas en su favor, ha
tenido que recurrir a prácticas añejas que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) utilizaba cuando ostentaba el poder,
es decir “la cargada”. Esta costumbre consiste en gente que va a las manifestaciones porque les regalan una torta y un
refresco. La innovación del “Peje” es que ahora les reparten tortillas y arroz a quienes participan en el plantón.
También se ha recurrido a otras prácticas como el pasar lista en las marchas para saber quiénes asistieron. Cabe
destacar que quienes se encuentran en esa lista son los integrantes de las llamadas “redes bejaranistas”, mismas que
Rene Bejarano, ex operador político de López Obrador, puso en práctica en las elecciones del año 2000, para que el
candidato amarillo se alzara con la victoria en el Gobierno del Distrito Federal.
Ahora habría que preguntarle a López Obrador de dónde proviene el dinero que se utiliza para mantener la resistencia civil y
todo lo que ésta implica, puesto que es impensable que le haya sobrado dinero después de su campaña proselitista.
Desde que se iniciaron las campañas, Andrés Manuel López Obrador se rodeó de ex-prisitas. Tal es el caso de Manuel
Camacho Solís, quien ahora defiende a muerte la idea del “voto por voto, casilla por casilla” cuando en el fraude electoral de
1988, él fue el encargado de quemar boletas electorales y así evitar que Cuauhtémoc Cárdenas se proclamara como el
presidente de México.
Antes de que se “endurecieran” las acciones de la resistencia civil, el “Peje” declaró que José Woldenberg, ex presidente
consejero del Instituto Federal Electoral, había mantenido una actitud relevante en los procesos electorales. Hace unos
días, el mismo Woldenberg envió una carta firmada por él y por varios intelectuales en la que se desechaba la idea del
fraude electoral, a lo que el candidato de la Coalición respondió que era sólo un mensajero, y que “utilizaban el guión del
partido de antes”.
Entre los participantes del plantón, podemos encontrar a delincuentes, como lo son los miembros de la banda de “los
Panchitos de Tacubaya,” quienes se dedican a asaltar, secuestrar y golpear gente; al Frente Popular Francisco Villa, que no
hay marcha en la que no se presente, a la Asamblea de Barrios, compuesta de porros y demás gente que sólo reconoce su
ley como su forma de vida.
Andrés Manuel y su equipo están tan poco informados, que tomaron las instalaciones de la Bolsa Mexicana de Valores
(BMV) con la finalidad de impedir el acceso a las personas que ahí laboran. Con esto trataron de evitar las operaciones del
día, sin saber que la BMV cuenta con un centro espejo en Pachuca, Hidalgo, desde donde se realizaron las operaciones.
López Obrador ha declarado que "ya basta de discursos hipócritas". Sin embargo, parece que el candidato no se ha
escuchado a sí mismo, puesto que el elemento primordial en sus discursos es la demagogia, que si bien no es lo mismo
que la hipocresía, si lo es pensar que la sociedad es tonta y que se traga todo lo que un supuesto líder dice.
Cuánta soberbia, cuánta demagogia, cuánto despilfarro por parte del “Peje.” Andrés Manuel López Obrador tiene razón: él
no es un político tradicional; es un enfermo de poder que no sabe perder, y a quien durante su carrera política nadie le ha
puesto un alto.
Ahora hay que esperar que ‘por el bien de todos’ alguien le diga ¡hasta aquí!, y que no se permita que su lucha continúe
como hasta ahora. De ser así, nos espera un escenario peor que el de San Salvador Atenco. Probablemente, con machete
en mano Andrés Manuel reclamaría su lugar en Los Pinos, y el gobierno federal y las instituciones cederían, ya que
prefieren que se les califique de blandos que como represores, aunque el estado de derecho y la democracia se internen
en terapia intensiva.
Copyright © 2006 Jardiel Palome García
Copyright © 2006 Hispanic Institute of Social Issues