La marcha por la democracia: Enamorándose de López Obrador
Por Eduardo Barraza Julio 17, 2006
El discurso de López Obrador ese
domingo fue el clímax y la
culminación de lo que fue
denominada "la marcha por la
democracia".
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Ciudad de México.- Algunos de sus partidarios ya lo llaman Señor
Presidente. Aunque según el resultado oficial del Instituto Federal
Electoral de la elección presidencial del 2 de julio, López Obrador
perdió contra el conservador Felipe Calderón por unos 244,000
votos, para la mayoría de sus seguidores él es el ganador
verdadero, y por lo tanto su virtual presidente. Y es por eso que
cuando él se dirigía a la muchedumbre el 16 de julio en el Zócalo de
la Ciudad de México, algunos de los centenares de miles de almas
que llenaron esa plaza del centro de la ciudad, contestaban a sus
declaraciones con un alegre y sumiso: “¡Sí, señor presidente!"
El discurso de López Obrador ese domingo fue el clímax y la
culminación de lo que fue denominada "La marcha por la
democracia", una reunión multitudinaria de gente que fue puesta en
movimiento cuatro días antes, cuando personas de prácticamente
todo el país comenzaron a encaminarse a la Ciudad de México, y a su
plaza principal, el Zócalo. Se estimó que unos seis mil simpatizantes
de López Obrador ya estaban allí desde el sábado, esperando el día
grande, y una oportunidad para ver a su candidato y "presidente".
Pero antes de que él llegara al Zócalo para pronunciar su discurso,
millares de gentes también se habían congregado el domingo al lado
del Museo de Antropología, a unos 9 kilómetros al suroeste del
Zócalo, desde donde comenzaría oficialmente la marcha, y de donde
el candidato y su contingente saldrían a las 11:00 de mañana.
Afuera del museo, la estatua de Tláloc, el dios Azteca de la lluvia –un
imponente monolito de 7 metros de alto y 168 toneladas de peso–
destacaba sobre el grupo de gente que rápidamente se convirtió en
una multitud. La vista del ídolo antiguo entre el color amarillo
brillante de las banderas, de las camisetas y de los letreros, el color
característico del partido de López Obrador y sus adeptos, creó una
amalgama magnífica de historia antigua y novedad contemporánea,
revelando así la fuerte identidad de México.
Ahí, a los pies de Tláloc, una vendedora de fruta al lado de su puesto
no menos colorido de bolsitas de frescos pedazos de pepinos,
sandías, y mangos, espontánea y tímidamente preguntó a este
escritor: “¿Pues usted qué piensa del resultado de la elección?" Ella
se mostró menos convencida y más asertiva que la mayoría de
personas que afirmaban abierta y emocionalmente que la elección
presidencial del 2 de julio fue arreglada y fraudulenta. Cuando
algunos manifestantes vieron al representante de BARRIOZONA,
exigieron de él, un poco agresivamente, que "diga la verdad." Su
petición se convertiría más y más en un áspero reclamo cuando
vieron los camiones que transportaban a los reporteros y fotógrafos
de los periódicos y de revistas nacionales e internacionales. “¡Prensa
vendida!" les gritaban.
Al percibir que los medios de comunicación en México los han descrito
incorrectamente, no se sentían tranquilos al ver a gente con cámaras
fotográficas, libretas de apuntes, y gafetes de prensa. "Mire, yo
viene desde Mexicali, Baja California" –dijo una señora bien vestida a
BARRIOZONA. "Nadie me pagó para venir hasta aquí, pero en
Mexicali sé que el Partido Acción Nacional (PAN) estaba pagando
hasta $1,500.00 Pesos (aproximadamente $150.00 dólares) a gente
para que votaran por su candidato." Un hombre joven, que dijo ser
un estudiante de la universidad, entró a la conversación diciendo
que él sabía de casos en la Ciudad de México en los que el PAN pagó
$200.00 pesos a personas que estuvieran dispuestas a depositar su
voto por Felipe Calderón, el candidato que según el resultado del
Instituto Federal Electoral ganó la elección. “¡Diga la verdad!" -
insistieron.
Las emociones fueron de un extremo a otro en la Avenida Reforma,
la ruta principal por donde los manifestantes caminarían esa mañana
hacia el Zócalo. Reforma se ha convertido en un punto tradicional de
reunión para los ciudadanos mexicanos, ya sea para celebrar o
protestar. La mayoría de los mítines de protesta, tales como éste,
tienen lugar comúnmente a lo largo de Reforma, desde el Museo de
Antropología al Zócalo, o desde la estatua del Ángel de la
Independencia al Zócalo o a "Los Pinos," la residencia presidencial.
Al lado del sur de la avenida, donde contingentes de gente ya se
dirigían al Zócalo, otra señora, originaría de la Ciudad de México,
miraba dos fotografías que sostenía en su mano izquierda. Una
mostraba a Luis Carlos Ugalde, Presidente del Instituto Federal
Electoral, y la otra, a Benito Juárez, el único indio Zapoteca puro en
servir como presidente de México. Ella estaba comparando las
fotografías –dijo a BARRIOZONA– porque alguien le había dicho que
los hombres de las fotos tenían parecido entre sí. “¿Cómo pueden
parecerse?" preguntó. "Este (Ugalde) se mira malo; Juárez se mira
bueno." Ella cree que la semejanza no está entre Ugalde y Juárez,
sino entre Juárez y López Obrador. "López Obrador tiene las ideas –
dijo ella– pero también una cara, una mirada, y una expresión
tiernas. Es así cómo él se gana a la gente, y por lo que la mayoría de
la gente lo quiere."
Lo que se suponía sería una protesta social para apoyar a López
Obrador, resultó ser más un colorido desfile, un festival popular, casi
un carnaval político, pletórico de expresiones de amor para el
candidato de centro-izquierda, e insultos para Vicente Fox, el actual
presidente, el candidato conservador Felipe Calderón, y Luis Ugalde.
La mentada de madre, el peor insulto posible en México, fue cantado
en ingeniosas rimas para acusar a estos hombres de fraude. A
Andrés Manuel López Obrador, en contraste, la gente le expresó sus
sentimientos de afecto combinando las iniciales de su nombre –
AMLO– en una frase cariñosa: "AMLO TE AMO". Palabras del odio y
de amor surgían indistintamente de las bocas de la gente en este
día soleado, en el que los manifestantes utilizaron el mismo
ingenioso talento para componer frases rimadas que para vestirse
de maneras no menos ocurrentes.
El color amarillo brillante dominó el paisaje, pero entre la
muchedumbre, los originales disfraces, las máscaras impresionantes,
los carros alegóricos, las camisetas y los letreros, agregaron un
toque vibrante a un acontecimiento que fue tan pacífico como
multicolor. Hombres en zancos caminaban a un ritmo acelerado,
mientras que otros utilizaron la ocasión y la música en vivo para
bailar. Los jóvenes usaron máscaras de calaveras o máscaras que
representaban los rostros de políticos infames. Otros hombres
cargaban una caja en forma de ataúd, sugiriendo que la democracia
está muerta después del supuesto fraude electoral. Una pareja usó
máscaras del presidente Fox y su esposa Martha. El hombre y la
mujer se besaban de vez en cuando, recreando el famoso beso que
Fox y "Martita", como la llaman, se dieron el día de su boda. El
hombre que tenía puesta la máscara de Fox también llevaba dos
letreros, uno decía: "PRESIDENTE LOPEZ OBRADOR," con la imagen
caricaturizada del candidato; el otro, con la frase que se ha hecho el
lema político de los seguidores de López Obrador: "NO AL PINCHE
FRAUDE".
COBERTURA ESPECIAL
Caminando los 9 kilómetros desde el Museo de Antropología
hasta el Zócalo, en la Ciudad de México, el editor de
BARRIOZONA Eduardo Barraza observó de cerca la dinámica
social que rodeó la marcha del 16 de julio para apoyar al
candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador,
experimentando las emociones de los centenares de miles de sus
seguidores, en la que quedará registrada como una de las
manifestaciones sociales más grandes de la historia de México.
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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