Permission to reprint or copy this article or photo, other than personal use, must be obtained from BARRIOZONA,
Call 480-983-1445 or e-mail admin@barriozona.com with your request
Guerra contra Inmigrantes arde en las calles de Phoenix,
Arizona
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
Diciembre 28, 2007
A más de una década desde que legisladores del estado de Arizona comenzaron a implementar leyes dirigidas en
contra de inmigrantes sin estatus legal, la situación migratoria ha empeorado significativamente. Fue en 1996 cuando
comenzó a requerirse un comprobante de residencia legal o de ciudadanía para solicitar una licencia de manejo. Antes
de ese año, solicitantes de la licencia de conducir no requerían presentar prueba de estar legalmente en el país. Desde
ese génesis de medidas drásticas en perjuicio de la inmigración ilegal, las normas para detener la afluencia de
personas sin permiso ni visa —ineficaces en gran medida—aceleró a la sociedad de Arizona a este Apocalipsis
socioeconómico y demográfico que prevalece en el 2007.
Muchas otras leyes con la intención de terminar con la inmigración indocumentada se han implementado desde
entonces. De cualquier modo, ninguna medida legislativa ha resultado completamente efectiva para detener a personas
de entrar a Arizona en busca de trabajo y dinero para enviar a sus familias en sus países natales. Las leyes enfocadas a
detectar y deportar personas viviendo en los Estados Unidos sin documentos legales, y la aplicación de las mismas,
han logrado sólo eso, pero han tenido muy poco o ningún efecto en detener el flujo migratorio.
La aplicación de leyes de migración —tanto a nivel local como a nivel federal— detecta y deporta rutinariamente a un
ritmo rápido, pero más rápido que el fenómeno económico llamado inmigración ilegal. Año tras año, legisladores han
respondido activamente a lo que un gran porcentaje de estadounidenses ven como una invasión insistente. Personas
de las que se dice no están viviendo a la altura del sueño americano, sino que están creando en cambio una pesadilla a
la que se responsabiliza por la mayoría de los males sociales en Arizona y en otros muchos estados.
La disparidad económica en países de América Latina ha aumentado significativamente, causando así un flujo continuo
de personas de regiones empobrecidas hacia los Estados Unidos. La realidad es que, mientras que la pobreza y el
hambre proliferen en esos países, estómagos vacíos continuarán dirigiendo a hombres y mujeres en busca de mejores
condiciones económicas hacia naciones más prósperas y ricas.
La mayoría de las personas que se escabullen dentro de Estados Unidos sin permiso de trabajo o una visa, lo hacen no
porque no hayan solicitado una en una embajada estadounidense en sus países. Lo hacen porque no cumplieron con
los requerimientos para obtener una visa: ser dueños de un inmueble; dinero en una cuenta bancaria; y un trabajo
estable. En otras palabras, no se dan visas a los seres humanos más necesitados que quieren migrar precisamente
porque están pobres y desesperanzados.
Sin embargo, a pesar de la agresiva legislación para combatir a personas que aún así se adentran sin la
documentación apropiada, Estados Unidos —y Arizona— está atizando el fuego que arde y quema condados como
Maricopa, Pima y Santa Cruz, para citar algunos. A la llegada del año 2008, a pesar de las leyes y reglas drásticas, el
flujo humano sigue aumentando con intensidad.
Durante muchos años, de cualquier manera, grandes corporaciones, pequeñas industrias y ciudadanos privados han
empleado —y muchas veces explotado—a inmigrantes, a sabiendas de que carecen de papeles. Negocios tales como
tiendas departamentales, concesionarias de autos, y compañías de bienes raíces, han permitido que estos “ilegales”
compren de todo, desde ropa, autos y casas, sin inquirirles acerca de su estatus legal. La prosperidad de muchos de
estos negocios se debe en gran parte a estos hombres y mujeres que están “legales” para comprar, pero “ilegales”
para trabajar.
Los dueños de negocios han contratado a estas personas por igual; y les han permitido por igual ser sus clientes. En
gran medida y durante largo tiempo. De otra manera, ¿cómo se explica el hecho de que 12 millones estén viviendo en
este país en casas que agentes de bienes raíces les han vendido, manejando autos que vendedores de automóviles
les han vendido, y vistiendo ropa que han comprado en tiendas departamentales? El consumismo de parte de personas
indocumentadas nunca es cuestionado; en cambio, sus derechos laborales siempre les han sido negados.
Ahora, Estados Unidos —y Arizona— tienen un serio problema que ha hecho erupción en la banqueta de la Calle
Thomas, al oriente de la ciudad de Phoenix. Ahí, por nueve semanas consecutivas, un boicot económico en contra de un
negocio —la mueblería M.D. Pruitt’s— que ha contratado policías municipales fuera de servicio para arrestar a
jornaleros ha tomado lugar y fuerza. Pero la situación actual es el resultado de una sociedad que ha empleado —
clandestinamente— y ha aceptado como consumidores a los miles de hombres y mujeres que ahora son rechazados
por demandar respeto a su derecho de ganarse la vida.
Estos inmigrantes han sido usados y abusados como trabajadores y como clientes, y ya están tan hartos de esta
hipocresía como harta está la misma sociedad que quiere que los deporten a todos. De esta manera llegamos a un
estado de Arizona que debe de estar, sí, harto, pero de esa doble moral de trabajadores sin permiso a quienes les es
posible encontrar trabajos de poca paga, y de consumidores que sin tener un estatus legal son bienvenidos —con
letreros que dicen “SE HABLA ESPAÑOL” y personal bilingüe— siempre y cuando gasten su dinero en negocios
estadounidenses.
Los gobiernos latinoamericanos también llevan culpa en esta situación por su inhabilidad de crear fuentes de empleo
para trabajadores quienes no deberían tener que abandonar su país en primer lugar. Las economías de estos países
hacen muy poco para retener a sus miembros pobres de que abandonen sus ciudades para venir a un país que los
recibe para trabajar y comprar, sin documentos, pero no para que tengan derechos laborales. Esas naciones de
América Latina también aplican leyes migratorias y deportan inmigrantes por igual, causando de esa manera su propia
carencia de autoridad moral y de una abogacía efectiva cuando ellos quieren defender a sus paisanos en el extranjero.
El gobierno federal de los Estados Unidos falló trágicamente en aprobar leyes realistas y amplias que pudieran haber
evitado conflictos como los que se han suscitado a nivel local en torno de la mueblería Pruitt’s, en Phoenix, Arizona.
Debido a eso, no es de sorprenderse que estados como Arizona y ciudades como Phoenix estén batallando con un
“Goliat” socioeconómico más fuerte de lo que sus recursos pueden combatir, en una batalla que no pueden ganar, no
importa qué leyes sean implementadas. No podrán detener el tsunami demográfico proveniente de América Latina. Los
inmigrantes continúan cruzando la frontera diariamente en busca de trabajo y adentrándose a un país en donde los
empleadores los ocupan y los continuarán ocupando —ya sea para beneficiarse de ellos o porque se ven precisados a
contratarlos. Sin lugar a dudas, las autoridades tendrán que, y necesitarán, eventualmente implementar un programa
que permita a estas personas hacer el trabajo que ya están haciendo, pero con documentos.
Así que aquí estamos, en la banqueta del Este de la Calle Thomas, entre las Calles 35ª. y 36ª., en el epicentro de un
acalorada temblor socioeconómico y migratorio en Phoenix, Arizona. Un sismo que está sacudiendo a organizadores
comunitarios, ciudadanos, y políticos, que se han visto literalmente forzados a actuar ante los grotescos escenarios que
pueden ser vistos en videos como los publicados en este link: www.barriozona.com/pruitts_store_confrontantion.html
Estamos enfurecidamente tratando de resolver un problema tan emocional como complicado para poder causar un
impacto determinante y justo en la raíz, el origen, el núcleo de este asunto local e internacional. Estamos como nación
tan involucrados y divididos como los manifestantes que se dan cita semanalmente en las banquetas del Este de la
Calle Thomas para protestar. Estamos tan desesperados por una solución como desesperados están los hombres y
mujeres que han huido de sus países en busca de un sueño americano que algunos se preguntan si todavía existe.
Copyright © 2007 Hispanic Institute of Social Issues
Grassroots Journalism www.barriozona.com
|
El consumismo de parte de personas indocumentadas nunca es cuestionado; en cambio, sus derechos
laborales siempre les han sido negados.