Cobertura Especial: Ley 1070 de Arizona
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El dolor de mi gente - La historia del Dr. John Molina
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Por Eduardo Barraza  Marzo 15, 2006
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Eduardo Barraza periodista y escritor
mexicano, editor de la revista Barriozona, y
director del Insituto Hispano de Asuntos
Sociales. E-mail:
editor@barriozona.com
Eduardo Barraza
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
LA HISTORIA ESTÁ
A PUNTO DE CAMBIAR
Periodismo de Base Comunitaria
Barriozona Magazine
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El Doctor John Molina, enfrente de
la clínica de salud que él
estableció en el Pueblo de
Guadalupe, Arizona. Su trabajo y
dedicación representan un gran
contribución de servicio, sacrificio
y compasión por la gente.
Foto pot Eduardo Barraza | Barriozona
El Doctor John Molina, enfrente de la clínica de salud que él estableció en el Pueblo de Guadalupe, Arizona. Su trabajo y dedicación representan un gran contribución de servicio, sacrificio y compasión por la gente. Foto por Eduardo Barraza
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Guadalupe, Arizona – Un límite de velocidad de 25 millas por hora y
muchos letreros de alto hacen de Avenida del Yaqui una calle de
tráfico lento.  Avenida del Yaqui es la calle principal del Pueblo de
Guadalupe, una de las comunidades más pequeñas de Arizona, y
más ricas en tradiciones y costumbres.  Los letreros de la calle
parecen marcar más que el paso del tráfico; también marcan el
palpitar del corazón antiguo de Guadalupe, un corazón que palpita
con cadencia contemporánea.

Sobre este pueblo de menos de seis mil habitantes, y
aproximadamente una milla cuadrada de extensión, un siglo de
orgullo y lucha descansa.  Fundada alrededor del comienzo del Siglo
XX por Indios Yaqui de Sonora, Guadalupe retiene mucho de sus
actitudes, ceremonias y modos.  Su nombre, empero, simboliza la
devoción enraizada de la gente al catolicismo, al cual muchos Yaquis
se convirtieron siglos atrás. Hoy, la mezcla cultural y demográfica
deletrea su carácter definido y único, y da forma a su modesto pero
fuerte sentido de dignidad y valor.  Rodeada de ciudades urbanas y
suburbanas, el pueblo ha preservado bien su humilde identidad.
Guadalupe es decididamente ella misma.

Avenida del Yaqui es el centro social y económico deGuadalupe, y en
donde los negocios y centros comunitarios abren sus puertas a
residentes y visitantes.  Los nombres en español de las calles son
una afirmación lingüística, en un estado de partidarios del inglés
como idioma oficial.  Calle Iglesia; Calle Maravilla; Calle San Angelo.  
Aun así, la mayoría de los residentes son bilingües en español y en
inglés, y algunos hablan Yaqui también.  La mayoría de los
habitantes de Guadalupe están emparentados entre sí, así que los
visitantes son detectados casi inmediatamente.  Se les ve con una
mirada de desconfianza, pero también con una combinación de
amistad y timidez. Al oeste de la Avenida del Yaqui, sobre la Calle
Iglesia, dos templos blancos se sitúan uno junto del otroSu posición
enfrente de una plaza de tierra, hace que los edificios parezcan dos
palomas blancas, reposando  serenamente en medio de un
desierto.  Son el Templo Yaqui y el Templo Católico.  Su contigüidad
simboliza las creencias religiosas de Guadalupe, coexistiendo en
proximidad fraternal.

Justo al norte de la Calle San Angelo, un hombre vende naranjas y
mandarinas en la parte trasera de su camioneta.  Los colores cítricos
contrastan con el algo sombrío paisaje de las calles de Guadalupe,
en donde personas de todas las edades caminan tranquilamente en
esta mañana de sábado.  Otros se reúnen enfrente de sus casas;
formando semi¬círculos, parados juntos bromean y ríen.  Un padre y
su hijo sentados en sillas disfrutan de un refresco, y de la cálida luz
solar de la mañana.  Una persona que maneja un carro blanco, se
detiene en el carril central de Avenida del Yaqui, y pregunta al
vendedor de fruta en dónde está la Clínica de Salud “Las Fuentes”.  
Cortésmente, el vendedor apunta a un pequeño edificio al sur de la
Calle San Angelo, pero advierte amablemente al conductor: “¡La
clínica está cerrada los sábados!”

Es en este pueblo, y sobre esta avenida, donde surge una admirable
historia de compasión y servicio para ayudar a gente sufriendo.  En
el mismo núcleo de esta comunidad en lucha, un hombre responde al
llamado de su propio corazón, determinado a sanar el dolor y la
enfermedad de su propia gente.  Su nombre: John Molina, Doctor
John Molina, un nativo de Guadalupe y fundador de “Las Fuentes.”  
Hijo de un hombre Yaqui puro, y una mujer Mexicana-Apache, el Dr.
Molina es sin discusión un individuo predestinado.  Su trabajo y
contribución, dirigidos a mejorar la salud de los habitantes de
Guadalupe no sólo ha cumplido su propósito, sino ha creado un
modelo de dedicación, trabajo esforzado, e inspiración.  Hoy, la
Clínica de Salud “Las Fuentes” de Guadalupe resalta no sólo por su
invaluable servicio a la comunidad, pero por la fuerza sanadora e
interna encontrada en tan pequeño edificio.  La clínica es más que un
inmueble para el cuidado de salud; es una fuente de fuerza
compasiva.

El punto de partida del Dr. Molina puede ser trazado a 1974, cuando
él ingresó a la Marina Naval.  “Esa fue una buena experiencia –dice
el doctor– por que me sacó fuera de Guadalupe para ver otro
mundo.  Viviendo en Guadalupe es todo lo que conoces, todo lo que
vives, todo lo que experimentas, bueno y malo.  La Marina ensanchó
mis horizontes, y me permitió ver otros mundos y culturas; me ayudó
a ver mi propia cultura de afuera hacia dentro.  Durante este tiempo,
vine a interesarme mucho en las profesiones de ayuda.  Cuando miré
en retrospectiva, vi que Guadalupe estaba sufriendo, no sólo
económicamente, pero con muchos problemas: abuso de drogas,
alcoholismo, y pobreza.  En la Marina tuve oportunidad de respirar y
aprender por mí mismo, pero también vi las necesidades en
Guadalupe.  Me decidí a regresar y ayudar de cualquier modo
posible.”       

Después de esa experiencia reveladora, el Dr. Molina se involucró en
trabajo social y prosiguió a estudiar una carrera en la Universidad
Estatal de Arizona.  “Cuando estaba estudiando para obtener mi
título universitario, también era trabajador social en Guadalupe” –
recuerda el Dr. Molina.  “A finales de los años 70 y a principios de los
80, yo visitaba a gente para ayudarles a obtener sus servicios de
utilidades, comida y otras necesidades. Fue durante este tiempo que
vi mucha gente literalmente muriéndose en sus casas.  No iban a ver
a un doctor por que no tenían dinero, por que les daba vergüenza y
pena ir a ver al doctor.  Las diferencias culturales eran muy obvias.  
La gente se sentía incómoda de ir fuera de Guadalupe a ver a un
doctor Anglo; no podían entender; se sentían incómodos.  Miré a
personas curándose a sí mismas en sus casas; se tomaban sus
yerbas, iban a ver al curandero, pero seguían enfermos.”

El acontecimiento que realmente impactó al Dr. Molina fue la vez en
que visitó a un enfermo.  “Miré a un hombre de nuestra gente, un
Mexicano que estaba curándose el dedo grande del pie con yerbas, y
aloe vera.  Cuando me lo mostró, su dedo estaba podrido y
decadente.  Me impactó de verdad lo que la gente estaba sufriendo,
sólo porque se sentían incómodos, o no tenían dinero para ir a ver al
doctor.  Y aquellos que veían al doctor, tenían los frascos de
medicinas en su casa, pero no se las tomaban por que no sabían
cómo o porqué.  Algunos de ellos veían al doctor, y se les explicaba
todo.  Pero siendo la gente orgullosa que son, y para no avergonzar
al doctor, sólo movían la cabeza, decían ‘está bien,’ y se iban.  Pero
no tenían ni idea qué estaba pasando con ellos, o por qué
necesitaban tomarse las píldoras.  Esto me conmovió de verdad.”

Esta conmovedora experiencia y un amigo, llevaron al Dr. Molina a
dedicarse él mismo a una latitud más profunda de servicio.  El amigo
era el doctor Lincoln Westman, un siquiatra Anglo que estaba
tratando a algunos residentes de Guadalupe.  “Cuando le dije cómo
me sentía acerca de la gente, él me retó diciéndome: ‘¿porqué tú no
te haces un doctor?’  Yo dije: ‘¿Cómo, yo?’  Ya estaba ayudando
como trabajador social en un programa del gobierno.  Tenía más de
treinta años de edad, estaba casado y con cuatro hijos pequeños.  
No sabía cómo iba a hacerle; estaba terminando mi título
universitario.  Aún así, el Dr. Westman me dijo: ‘tal vez tú deberías
ser el doctor.’  Así que lo pensé.  Con lo que me dijo el doctor, y
animado por otros amigos, me decidí a entrar al campo de la
medicina.  Terminé mi título universitario, y tomé algunos requisitos
previos.  Estudié para el examen, me inscribí, y fui aceptado en el
Colegio de Medicina de la Universidad de Arizona en Tucson en 1986.

Haber sido aceptado en la Escuela de Medicina representó el primer
paso para que el Dr. Molina comenzara su plan de abrir una clínica en
Guadalupe.  “Pensé que lo que este pueblo necesitaba era
solamente una clínica pequeña, en donde la gente se sintiera
cómoda, hablara su idioma, y en donde no se preocupara de tener
que pagar. Una clínica que pudiera entender su cultura y su familia, y
que los hiciera sentirse bien recibidos; donde pudieran simplemente
entrar a ella.”  Después de cuatro años en la Escuela de Medicina, el
Dr. Molina se graduó en 1990, y tomó cuatro años más de
entrenamiento especializado en obstetricia, el cual terminó en 1994.  
Después regresó a Phoenix para trabajar en un hospital.

“Esa fue la oportunidad perfecta –explica– porque al tener un
empleo, decidí que era el tiempo, así que comencé a buscar un sitio
para la clínica.  Mi familia siempre ha sido parte de Guadalupe.  De
hecho, mi familia asiste a la Iglesia Presbiteriana de Guadalupe, y yo
he ido a esa iglesia desde que era un niño pequeño.  Así que cuando
hablé con los de la iglesia, ellos me dejaron usar un pequeño
inmueble para comenzar una clínica de voluntarios.”  En Agosto de
1995, el Dr. Molina y su madre, María Elena García, comenzaron a ir
en las tardes y los sábados a limpiar el pequeño inmueble, y alistarlo
para la clínica.  “Al principio nunca pedimos dinero o concesiones –
revela el doctor.  “Decidimos que vendríamos los fines de semana y
en nuestro tiempo libre, y proveeríamos cuidado de salud a la
gente.  Mi primer paciente vino a verme en septiembre de 1995.  Era
una joven adolescente Yaqui con una infección en la piel.”  

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