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Jornaleros en Phoenix: Un Día en el Centro de Trabajo
Macehualli
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
Enero 11, 2009
Phoenix, Arizona – Este el Centro de Trabajo Macehualli, ubicado en el noreste de la ciudad de Phoenix, en el estado de
Arizona. Aquí se congregan todas la mañanas y desde temprana hora hombres sin empleo permanente con la
esperanza de obtener trabajo ocasional. Ellos son jornaleros.
Los jornaleros son buscados por personas que necesitan ayuda para un trabajo esporádico o casual, quizás para un
día o sólo por unas horas. Ellos llegan al Centro Macehualli caminado o en sus bicicletas, el único medio de transporte
con el que la mayoría de jornaleros cuenta.
Allí permanecen, en espera de que surja algún trabajo que les dé un ingreso al menos temporal. La espera puede ser
larga o corta. Algunas veces tienen suerte. Algunas otras, los jornaleros regresan a sus humildes viviendas con las
manos vacías.
El centro ofrece a los jornaleros un lugar seguro en donde esperar a los posibles empleadores casuales, y les provee
refugio, sombra y compañerismo. En ocasiones como en esta, se rifan cupones de restaurantes de comida rápida. El
centro apoya así a esta mano de obra fortuita y marginada.
Salvador Reza es el coordinador del Centro Macehualli. Fue él mismo quien contendió con comerciantes y el gobierno
citadino para obtener este centro. Pero últimamente, el Macehualli se ha convertido en un foco de atención para los
medios de comunicación. Y Reza mismo en el centro de una controversia.
Por dos semanas, grupos de vigilantes se han apostado afuera del centro de trabajo. Su cometido: impedir que
jornaleros y empleadores casuales hagan tratos de trabajo. La situación afuera del Macehualli surgió a raíz de las
protestas llevadas a cabo por Reza y decenas de personas afuera del almacén de muebles Pruitt’s.
El grupo de vigilantes ahora, en consecuencia, quiere castigar a Salvador Reza y a los jornaleros por haberse defendido
del dueño de esa mueblería. Reza inició las protestas en Pruitt’s el 27 de octubre de 2007, como una represalia en
contra del dueño, Roger Sensing, por haber contratado a policías del Condado Maricopa para arrestar y deportar
jornaleros.
Después de dos meses y medio, Roger Sensing desistió. Salvador Reza cesó las protestas afuera de la mueblería. Los
vigilantes ahora dicen retribuirle de la misma manera, protestando afuera de su centro.
Los vigilantes parecen estar financiados por alguien; con letreros profesionales, conos y otros objetos, han bloqueado
parte del área, impidiendo que el Macehualli opere con normalidad.
El centro se ha visto perturbado por vehículos que acuden a solidarizarse con el pequeño grupo de vigilantes. Una
división especial de la Policía de Phoenix mantiene guardia y el orden. Los detectives sólo observan, pero intervienen si
alguna conversación se torna acalorada, y para evitar que se llegue a la violencia física.
En la Calle 25, al sur de la Avenida Bell, el tráfico vehicular es esporádico y tranquilo, aunque los oficiales intervienen en
ciertas ocasiones. Desde la banqueta de enfrente, los agentes destacados por el Departamento de Policía de la Ciudad
de Phoenix se limitan a observar, experimentando tedio y aburrimiento obvios.
Salvador Reza observa desde del centro al pequeño grupo de manifestantes que han entorpecido las funciones
normales del Macehualli. No hay mucho que pueda hacer para evitarlo.
Desde el otro lado de la alambrada, los manifestantes acampados al borde de la calle, bloquean parte del área
peatonal con sillas y otros objetos. Afuera los vigilantes vociferan, insultan, confrontan a cualquier persona que los
cuestione, mientras sostienen letreros con mensajes en contra de los jornaleros o permanecen sentados durante horas.
Frustrado por la espera infructuosa y sin trabajo, un jornalero regresa con su hija a quien recogió de la escuela. Él
también observa a los vigilantes que interfieren con sus esperanzas de trabajo. El coordinador del Macehualli observa
casi resignado a los manifestantes, mientras un grupo de voluntarios comienza a rezar una novena.
Los muchos pichones que se congregan con los jornaleros en el Macehualli, levantan el vuelo sobre el grupo, que
implora a la Virgen y a los santos intervengan a resolver su situación.
Hoy es el último día de la novena. Por nueve días los rezos se han hecho frente al pequeño altar del Macehualli. Hasta
ahora, las oraciones no han evitado que los vigilantes desistan de acudir al centro.
Afuera, el empresario Keenan Strand, dueño del restaurante McDonald’s de la esquina, ha tratado de convencer a los
vigilantes de que se retiren y dejen de afectar a los negocios y a los residentes de esta comunidad. Sus esfuerzos han
sido infructuosos por igual. Le gritan en su cara que es un mentiroso cuando les asegura que él obra por los mejores
intereses del Barrio Palomino, como se conoce esta comunidad.
Cerca de la una de la tarde de este viernes 11 de enero, los jornaleros comienzan a irse del Macehualli sin trabajo y sin
dinero. Uno de ellos posa en cuclillas para una foto, al lado de un manifestante.
A lo largo de esta área peatonal sin banqueta de concreto, los conos continúan bloqueando parte de donde por ley debe
de estar libre para el uso peatonal. Un letrero acusa al regente de la ciudad de Phoenix por supuestamente hacerse el
desentendido acerca de esta situación.
Igual como llegaron, caminando o en sus bicicletas, y con sus bolsillos vacíos, los jornaleros comienzan a alejarse
cabizbajos del centro de trabajo hacia sus departamentos. Manifestantes y jornaleros se mezclan momentáneamente al
final de la jornada. Unos celebran; otros se lamentan.
Antes de cerrar, Salvador Reza da una última mirada a una escena que se ha vuelto cotidiana y lamentable. Impotente
por ahora, también se prepara para irse.
Jalando la cerca corrediza de metal, el coordinador del Macehualli da oficialmente por terminada la jornada. La próxima
mañana y antes de que el sol se levante, ahí estará de nuevo y seguramente sus antagonistas.
Sobre el pavimento, las sombras de dos jornaleros, uno llevando a su hija de la mano, se alargan como se alargan sus
esperanzas mismas de trabajo y pan para su mesa.
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Los jornaleros son buscados por personas que necesitan ayuda para un trabajo esporádico o casual,
quizás para un día o sólo por unas horas.