Latinos i hispanos: La espada y la cruz
Por Germán López Orozco | Febrero 15, 2003
Los conquistadores, con una
hermética política se valieron del
texto de los evangelios que dice:
"No he venido a traer paz, sino
espada".
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
LA HISTORIA ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR Periodismo de Base Comunitaria
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Phoenix, Arizona - ¿Determinó el pasado histórico y fatal de los
conquistadores hacia los nativos americanos su destino final? Si en
la conquista se usó la fuerza para someter a los habitantes
naturales del llamado nuevo continente, entonces hubo aniquilación
física y de la cultura autóctona. En ese sentido de fatalidad, no hay
ninguna base que justifique la empresa conquistadora como un
evento de racionalización o de humanización (Octavio Paz, The
labyrinth of solitude, 1961), sino más bien se manifestó su ambición
política y económica del poder y del tener.
Es notable la incongruencia de la declaración del historiador de la
conquista, Bernal Díaz del Castillo, al afirmar que "la conquista fue
predestinada por Dios, el cual había comisionado a los
conquistadores ejecutar la soberana tarea", (Berber Cerwin, Bernal
Díaz, The Historian of the Conquest, 1963.)
Con un poco de análisis objetivo del pasado, tal declaración se suma
a una angustia psicológica de intentar justificar dicho evento bajo el
nombre de Dios. Pero ¿cuál fue ese "dios" de los conquistadores?
Seguramente no puede ser el mismo Dios de la Biblia, cuya
naturaleza y acción se basa en el amor. El "dios" del conquistador
español era un dios de ambición, odio y destrucción.
Los conquistadores, con una hermética política se valieron del texto
de los evangelios que dice: "No he venido a traer paz, sino espada".
A partir de ese postulado bíblico, la espada y la cruz se asociaron
para consumar la evangelización violenta.
La ejecución de esta tarea era una réplica glorificada de las cruzadas
del periodo medieval, donde la espada se puso al servicio de la cruz
(John A. Mackay, The Other Spanish Christ, 1933). Asimismo, como lo
afirma Sante Uberto Barbieri, "el espíritu de la espada fue más fuerte
y poderoso que el espíritu de la cruz”, (Germán López Orozco,
Rethinking Christian conversion among the zapotecs of southern
Mexico, 1993).
Debido a esos antecedentes, el hispano lleva siempre un
sentimiento político y religioso en la misma superficie de su alma, de
represiones y de ataduras que no le permiten liberarse del todo. Así
arribamos al punto crucial del perfil del hispano, quien necesita de un
nuevo camino de vida hacia su liberación.
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