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Centro Macehualli, Válvula Social que Canaliza Fuerza
Laboral Ocasional
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA

Enero 31, 2009

Phoenix, Arizona – Los jornaleros del Centro de Trabajo Macehualli celebraron el sexto aniversario del espacio en donde
se reúnen todos los días en busca de trabajo. Aproximadamente 200 personas entre invitados y trabajadores estuvieron
presentes en el festejo del controversial centro, que no sólo ha atraído la mano de obra ocasional, sino a grupos
opositores que objetan sus operaciones.

Macehualli está ubicado al noreste de la ciudad de Phoenix, capital del Estado de Arizona, en un barrio conocido como
Palomino, y es punto de encuentro donde trabajadores sin empleo permanente ofrecen sus destrezas laborales a
individuos y empleadores en busca de ayuda esporádica. Los trabajadores representan diversos oficios y desempeñan
labores generales.

El centro se estableció en 2003 para proveer un sitio en el que jornaleros ambulantes solicitaran trabajo, y evitar que
deambularan en las banquetas y en las inmediaciones de negocios aledaños. Desde antes y después de su apertura,
el centro provocó lo mismo elogios que críticas.

Mientras que los negocios de Palomino han visto al Centro Macehualli como un factor benéfico para el desempeño de
sus actividades comerciales —y en general para el área— grupos que se oponen a la inmigración indocumentada
consideran que este fomenta que individuos sin permiso de trabajo obtengan empleo temporal.

“Este centro ha sido un centro unificador que unificó este vecindario, esta comunidad”, afirmó Salvador Reza,
coordinador del Centro Macehualli y organizador de Puente, un movimiento de derechos laborales y humanos con base
en Phoenix.

Reza fue la fuerza propulsora para lograr la creación del centro, trayendo a la mesa de negociaciones a funcionarios del
gobierno de la ciudad, comerciantes y trabajadores durante un par de años, antes de que finalmente se otorgara un
permiso de operación y fondos para la construcción del centro.

Al menos desde el año 2005, aunque intermitentemente, grupos homogéneos que se adhieren bajo la denominación
de Minuteman —ciudadanos norteamericanos generalmente armados que se autoproclaman como patriotas
vigilantes— comenzaron a presentarse con banderas estadounidenses y cámaras de video y fotografía a las afueras del
Centro Macehualli.

Aparte de tratar de acosar, intimidar, y entorpecer las operaciones del centro de trabajo, su intención ha sido documentar
el intercambio laboral entre jornaleros y empleadores casuales y reportar la información recabada a las autoridades o
publicarla en sitios de Internet.

A raíz de una serie de protestas semanales organizadas en el otoño del 2007 por Reza y un comité de grupos pro-
inmigrantes, agrupaciones de Minuteman han permanecido situadas casi invariablemente desde enero de 2008 afuera
del centro de trabajo como represalia. Miembros de esas corrientes opositoras a las operaciones del centro hicieron
acto de presencia durante la celebración del sexto aniversario.

Las manifestaciones que encendieron los ánimos y llevaron el debate migratorio a las calles de Phoenix a fines de
2007, fueron hechas en contra del acuerdo entre el dueño de un almacén de muebles en Phoenix y del Departamento
del Sheriff del Condado Maricopa para perseguir a jornaleros en el Este de Phoenix.

A pesar de la asidua presencia y la consigna deliberada de los Minuteman para tratar de forzar el cierre del centro,
Macehualli ha resistido la presión que ejercen estos vigilantes armados sobre sus operaciones diarias. Sin embargo,
de acuerdo a Reza, el flujo de trabajo ha disminuido para los jornaleros.

“El efecto principal es que han bajado los trabajos”, declaró Reza, “pero no nomás por ellos (los Minuteman), sino
también por la economía que destruyeron, por las leyes absurdas que pasaron, como las sanciones a los
empleadores, como la ley anti-coyote. Tantas leyes absurdas que pasaron han tenido su efecto, y han destruido la
economía porque sin el trabajador no hay dinero para el estado tampoco”, puntualizó el organizador.

Rafael Martínez, un jornalero originario de El Salvador que afirma estar asistiendo al Macehualli desde hace
aproximadamente seis años, piensa que la presencia de los vigilantes afuera del centro no le ha perjudicado. “A mí no
me ha afectado se puede decir en lo mínimo; yo pienso que a ninguno de los demás le puede haber afectado”, opinó
Martínez.

Para Aurelio Hernández, otro trabajador que dice venir asistiendo al centro desde hace seis meses, la situación ha sido
diferente. “Desde hace tres años para acá, todo circulaba bien”, afirma el inmigrante mexicano. “Tiene un año y medio
para acá que todo se ha venido abajo; con los Minuteman se ha hecho un relajo acá que ya nos dejan ni trabajar y ya no
sabemos cómo ganarnos el pan de cada día”, precisó Hernández.

A pesar de los argumentos a favor y en contra del Macehualli, el centro no solamente ha logrado superar los retos que le
han representado la actual situación económica y el acoso constante de los grupos de vigilantes, sino que proyecta la
construcción formal de un edificio que ofrezca más servicios a los residentes del Barrio Palomino.

“Nosotros lo que queremos hacer con el centro es adquirir esta propiedad”, reveló Reza, “y construir un centro
comunitario que llene los requisitos de una comunidad; requisitos médicos, requisitos educacionales y también
recreacionales. Algo que le sirva a la comunidad entera”.

Al celebrar su sexto aniversario en un ambiente de danzas y ceremonias aztecas, música y comida, el Centro Macehualli
se ha consolidado evidentemente como una válvula social que canaliza el flujo de trabajo ocasional, agrupando y
coordinando a los jornaleros de esta área para que puedan ofrecer su mano de obra organizadamente y con ciertas
protecciones.

Simultáneamente, el centro se ha convertido en un símbolo de trabajo y dignidad para muchos, y de discordia y
hostigamiento para otros, y ejemplifica el conflicto constante entre una nación que se beneficia de la mano de obra
barata y el jornalero que se ve forzado a desempeñar su trabajo clandestinamente, sin el menor reconocimiento ni
garantías a su esforzada labor.


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Sitio de reunión de jornaleros en el noreste de Phoenix, Arizona, celebra sexto aniversario y
permanencia en medio de la polémica.
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