La Marcha que Sacudió a Phoenix Texto y fotografias por Eduardo Barraza
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En una poderosa expresión de libre asamblea, las miles de personas que participaron en la
marcha para demandar leyes de inmigración humanitarias el viernes 24 de marzo en la ciudad
de Phoenix, manifestaron no sólo su creciente descontento a la opresión política en su contra,
pero también exhibieron una fuerza que había permanecido latente por décadas. La marcha, la
más grande de la historia sobre las calles de Phoenix, expresó visible y elocuentemente lo que
muchos no quieren ver: la realidad demográfica de una muchedumbre multiétnica y multicultural
que con o sin documentos legales es una fibra de la tela nacional. Esta fibra humana,
constituida por el conglomerado de individuos latinoamericanos en Estados Unidos, no puede
seguir siendo ignorada ni mucho menos extirpada sin que la vida de este país se vea afectada.
La fibra inmigrante es parte de esta gran nación, por eso la corriente principal sintió los efectos
de la manifestación.
La marcha de Phoenix y otras protestas multitudinarias que tuvieron lugar en grandes
ciudades del país, han propagado un clamor que está haciendo eco en los oídos más sordos, y
sacudido el estatus quo de una sociedad que, acostumbrada a la clandestinidad de una
población marginada, se escandaliza y sobresalta ante su ímpetu, ya imparable, de miles y
miles de seres humanos que ha salido del anonimato de su presencia no a ser espectadores
pasivos, sino protagonistas en el debate nacional, y a tomar control y responsabilidad de su
destino y de su curso. Por tanto, además de haber sido un evento histórico, la marcha en
Phoenix planteó un desafío pacifico sin precedentes.
fiesta, y una protesta local en acontecimiento nacional. Los rostros de hombres y mujeres que
quizás han vivido por años en una sombra de anonimato e inseguridad, se alegraron con el sol
libertario de esa mañana, respirando el vendaval de la esperanza, que ondeaba banderas
latinoamericanas, de Arizona y Estados Unidos.
Las filas de la marea humana se movieron con determinación rumbo al norte, ocupando de
banqueta a banqueta la anchura de la calle. En las aceras, muchos ya esperaban el momento
de incorporarse a la muchedumbre, que por un periodo de tiempo parecía no tener fin. Otros
miraban con asombro, quizás preguntándose cuál era el motivo de tan alegre procesión. Otros
mostraban enojo y desesperación por verse atorados en lo que llegó a ser un
congestionamiento de tráfico. Algunos negocios cerraron sus puertas; otros aprovecharon la
ocasión. La policía bloqueaba las calles, mirando a los manifestantes sin mostrar emoción. En
la aglomeración, la gente reía, platicaba, gritaba lemas trillados, levantando letreros en inglés
y español. Dos jóvenes golpeaban unos tambores, mientras un hombre en silla de ruedas
tocaba un trombón sobre la banqueta. La marcha se tornaba en un desfile, la protesta en una
celebración. Al nivel de la calle, la caravana era impresionante; desde el cielo, imponente.
Los principales organizadores, a varios pies de distancia, tomados del brazo, avanzaban
platicando entre ellos, o mirando a ambos lados de la calle. Desconocían todavía la
envergadura y la densidad de quienes les seguían en perfecta unidad y coordinación, pero los
helicópteros de los noticieros transmitían imágenes que al principio eran difíciles de creerse. En
algunos, el estrés era evidente, otros sonreían con satisfacción. Elías Bermúdez estaba
obviamente tenso, quizás debido a las amenazas hechas días antes, mientras que Alfredo
Gutiérrez mostraba gran energía, caminando enfrente a veces, y otras retrocediendo para dar
instrucciones a quienes llevaban el orden delante de la multitud. Muchos de los supuestos
líderes comunitarios y políticos que proclaman defensores de la causa de los inmigrantes
brillaron, pero por su ausencia. Fue obvio que su presencia no es necesaria para atraer a una
multitud de estas proporciones. Sin embargo, lo que fue digno de disfrutar, de video grabar, de
fotografiar y reseñar, fue los manifestantes, el pueblo en pleno. La afluencia de jóvenes, que
trajeron su ímpetu, mostraban sus letreros con convicción y en desafío. Muchos se vistieron
para la ocasión. Familias enteras disfrutaban como en un día de paseo. En algunas personas
mayores de edad, quizás recordando viejas batallas, se reflejaba un nuevo entusiasmo. Los
manifestantes gritaban: “¡Se ve, se siente, el pueblo está presente!,” lo cual no podía ser más
evidente.
La multitud arribó al área de la calle 24 y la avenida Camelback, corredor de un mundo de
oficinas lujosas, restaurantes caros, centros comerciales exclusivos. Ahí se hicieron patentes el
desprecio, la xenofobia y se profirieron algunos insultos en contra de quienes se
manifestaban. Es precisamente en esa área donde tiene su despacho el senador Jon Kyl,
coautor de la propuesta HB 4437 y a quien en particular se dirigió esta protesta. Para
entonces la muchedumbre festejaba con orgullo, gritando cuando los helicópteros de los
noticieros se acercaban, brincando y pretendiendo hacer la “ola.” Quienes recibían los primeros
reportes a través de los medios de comunicación, expresaban incredulidad y sorpresa por el
evento histórico que de desenvolvía ante sus ojos. La manifestación concluía sin mayores
incidentes.
Los efectos a largo plazo aún están por evaluarse, pero la protesta comenzó a tener
resultados el lunes 27 de marzo, al rechazarse parte de la legislación. El liderazgo de los
organizadores será probado, sin duda, por las presiones inherentes de un movimiento que
apenas comienza. Y el país entero estará a la expectativa del destino de millones de
inmigrantes sin documentos. Hacia el final del día, los últimos voluntarios recogían basura en el
estacionamiento de la iglesia católica donde se inició la marcha esa mañana. El atardecer de la
jornada histórica anunciaba un amanecer para un pueblo en el umbral de una larga lucha,
galvanizada el 24 de marzo marchando sobre la calle 24.
La manifestación en Phoenix sobre la 24 calle en el día 24
de marzo va más allá de un simbolismo numérico, siendo
mejor expresado por la gran cantidad de gente que se
desplazó sobre esa arteria vial. No importa saber cuál fue
el número exacto de participantes. El aspecto más
relevante fue la evidencia misma de un río de personas
fluyendo sobre el pavimento, manando desde un sector
demográfico minoritario y de niveles económicos bajos,
hasta al núcleo de la prosperidad económica y el poder
político de la avenida Camelback. El río de la multitud
mantuvo su cauce, aunque los ánimos de muchos
anglosajones se desbordaron, inundando de llamadas
telefónicas la oficina del alcalde de Phoenix, quien terminó
“molesto y frustrado,” y siendo el primer regente capitalino
en tener una marcha de esta magnitud.
Así, sobre el asfalto sombrío de la calle 24, una diversidad
multicultural, una exhuberancia multiétnica, y el eco verbal
latinoamericano de un gentío, cambiaron la historia y
escribieron el primer párrafo de un nuevo capítulo en una
nación de inmigrantes. Paso a paso y al compás de sus
zapatos, los manifestantes transformaron una marcha en


Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
LA HISTORIA ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR Periodismo de Base Comunitaria
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