Marzo 24 Calle - Immigrantes Marchan en Phoenix, Arizona
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
Marzo 24, 2006
En una poderosa expresión de libre asamblea, las miles de personas que participaron en la marcha para demandar
leyes de inmigración humanitarias el viernes 24 de marzo en la ciudad de Phoenix, manifestaron no sólo su creciente
descontento a la opresión política en su contra, pero también exhibieron una fuerza que había permanecido latente por
décadas. La marcha, la más grande de la historia sobre las calles de Phoenix, expresó visible y elocuentemente lo que
muchos no quieren ver: la realidad demográfica de una muchedumbre multiétnica y multicultural que con o sin
documentos legales es una fibra de la tela nacional. Esta fibra humana, constituida por el conglomerado de individuos
latinoamericanos en Estados Unidos, no puede seguir siendo ignorada ni mucho menos extirpada sin que la vida de
este país se vea afectada. La fibra inmigrante es parte de esta gran nación, por eso la corriente principal sintió los
efectos de la manifestación.
La marcha de Phoenix y otras protestas multitudinarias que tuvieron lugar en grandes ciudades del país, han propagado
un clamor que está haciendo eco en los oídos más sordos, y sacudido el estatus quo de una sociedad que,
acostumbrada a la clandestinidad de una población marginada, se escandaliza y sobresalta ante su ímpetu, ya
imparable, de miles y miles de seres humanos que ha salido del anonimato de su presencia no a ser espectadores
pasivos, sino protagonistas en el debate nacional, y a tomar control y responsabilidad de su destino y de su curso. Por
tanto, además de haber sido un evento histórico, la marcha en Phoenix planteó un desafío pacifico sin precedentes.
La manifestación en Phoenix sobre la 24 calle en el día 24 de marzo va más allá de un simbolismo numérico, siendo
mejor expresado por la gran cantidad de gente que se desplazó sobre esa arteria vial. No importa saber cuál fue el
número exacto de participantes. El aspecto más relevante fue la evidencia misma de un río de personas fluyendo sobre
el pavimento, manando desde un sector demográfico minoritario y de niveles económicos bajos, hasta al núcleo de la
prosperidad económica y el poder político de la avenida Camelback. El río de la multitud mantuvo su cauce, aunque los
ánimos de muchos anglosajones se desbordaron, inundando de llamadas telefónicas la oficina del alcalde de Phoenix,
quien terminó “molesto y frustrado,” y siendo el primer regente capitalino en tener una marcha de esta magnitud.
Así, sobre el asfalto sombrío de la calle 24, una diversidad multicultural, una exhuberancia multiétnica, y el eco verbal
latinoamericano de un gentío, cambiaron la historia y escribieron el primer párrafo de un nuevo capítulo en una nación
de inmigrantes. Paso a paso y al compás de sus zapatos, los manifestantes transformaron una marcha en fiesta, y una
protesta local en acontecimiento nacional. Los rostros de hombres y mujeres que quizás han vivido por años en una
sombra de anonimato e inseguridad, se alegraron con el sol libertario de esa mañana, respirando el vendaval de la
esperanza, que ondeaba banderas latinoamericanas, de Arizona y Estados Unidos.
Las filas de la marea humana se movieron con determinación rumbo al norte, ocupando de banqueta a banqueta la
anchura de la calle. En las aceras, muchos ya esperaban el momento de incorporarse a la muchedumbre, que por un
periodo de tiempo parecía no tener fin. Otros miraban con asombro, quizás preguntándose cuál era el motivo de tan
alegre procesión. Otros mostraban enojo y desesperación por verse atorados en lo que llegó a ser un
congestionamiento de tráfico. Algunos negocios cerraron sus puertas; otros aprovecharon la ocasión. La policía
bloqueaba las calles, mirando a los manifestantes sin mostrar emoción. En la aglomeración, la gente reía, platicaba,
gritaba lemas trillados, levantando letreros en inglés y español. Dos jóvenes golpeaban unos tambores, mientras un
hombre en silla de ruedas tocaba un trombón sobre la banqueta. La marcha se tornaba en un desfile, la protesta en una
celebración. Al nivel de la calle, la caravana era impresionante; desde el cielo, imponente.
Los principales organizadores, a varios pies de distancia, tomados del brazo, avanzaban platicando entre ellos, o
mirando a ambos lados de la calle. Desconocían todavía la envergadura y la densidad de quienes les seguían en
perfecta unidad y coordinación, pero los helicópteros de los noticieros transmitían imágenes que al principio eran
difíciles de creerse. En algunos, el estrés era evidente, otros sonreían con satisfacción. Elías Bermúdez estaba
obviamente tenso, quizás debido a las amenazas hechas días antes, mientras que Alfredo Gutiérrez mostraba gran
energía, caminando enfrente a veces, y otras retrocediendo para dar instrucciones a quienes llevaban el orden delante
de la multitud. Muchos de los supuestos líderes comunitarios y políticos que proclaman defensores de la causa de los
inmigrantes brillaron, pero por su ausencia. Fue obvio que su presencia no es necesaria para atraer a una multitud de
estas proporciones. Sin embargo, lo que fue digno de disfrutar, de video grabar, de fotografiar y reseñar, fue los
manifestantes, el pueblo en pleno. La afluencia de jóvenes, que trajeron su ímpetu, mostraban sus letreros con
convicción y en desafío. Muchos se vistieron para la ocasión. Familias enteras disfrutaban como en un día de paseo. En
algunas personas mayores de edad, quizás recordando viejas batallas, se reflejaba un nuevo entusiasmo. Los
manifestantes gritaban: “¡Se ve, se siente, el pueblo está presente!,” lo cual no podía ser más evidente.
La multitud arribó al área de la calle 24 y la avenida Camelback, corredor de un mundo de oficinas lujosas, restaurantes
caros, centros comerciales exclusivos. Ahí se hicieron patentes el desprecio, la xenofobia y se profirieron algunos
insultos en contra de quienes se manifestaban. Es precisamente en esa área donde tiene su despacho el senador Jon
Kyl, coautor de la propuesta HB 4437 y a quien en particular se dirigió esta protesta. Para entonces la muchedumbre
festejaba con orgullo, gritando cuando los helicópteros de los noticieros se acercaban, brincando y pretendiendo hacer
la “ola.” Quienes recibían los primeros reportes a través de los medios de comunicación, expresaban incredulidad y
sorpresa por el evento histórico que de desenvolvía ante sus ojos. La manifestación concluía sin mayores incidentes.
Los efectos a largo plazo aún están por evaluarse, pero la protesta comenzó a tener resultados el lunes 27 de marzo, al
rechazarse parte de la legislación. El liderazgo de los organizadores será probado, sin duda, por las presiones
inherentes de un movimiento que apenas comienza. Y el país entero estará a la expectativa del destino de millones de
inmigrantes sin documentos. Hacia el final del día, los últimos voluntarios recogían basura en el estacionamiento de la
iglesia católica donde se inició la marcha esa mañana. El atardecer de la jornada histórica anunciaba un amanecer
para un pueblo en el umbral de una larga lucha, galvanizada el 24 de marzo marchando sobre la calle 24.
Copyright © 2006 Hispanic Institute of Social Issues
La Marcha que Sacudió a Phoenix
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