Cuatro años han transcurrido
desde la brutal muerte de un joven
hijo de padres mexicanos en la
ciudad de Mesa, al este de
Phoenix, capital del estado de
Arizona. Al joven lo mató nada más
y nada menos que… la misma
policía. El joven de 15 años de
edad había comenzado a esa
temprana edad a experimentar con
el alcohol y la cerveza. Para evitar
que se convirtiera en un problema
mayor, sus padres lo internaron en
una clínica para su rehabilitación
meses antes de su muerte. En el
25 de agosto del 2003, el jovencito
volvió a reincidir y para que lo
aceptaran a esas horas de la
noche en la clínica, la familia solicitó
la intervención de la policía de
Mesa pues solamente

acompañado de un oficial los acepta la clínica cuando no son horas hábiles.
El joven, al saber que sería internado de nuevo, y para ponerles presión a sus padres, tomó un cuchillo de un cajón
de la cocina y amenazó con hacerse daño él mismo. Fue cuando la madre del joven, Martha Madrigal, se decidió a
llamar a los agentes. Cuando estos llegaron, dentro de segundos el joven yacía muerto a balazos en el comedor de
su casa. Los mismos policías —al menos tres de los seis que acudieron— le habían disparado casi a quemarropa
más de quince ocasiones. Diez de esas mortales balas impactaron el cuerpo del adolescente que sólo pesaba 110
libras. ¿Qué motivó a los agentes policíacos a perpetrar tan infame acción?
Imagínese, usted lector, estar en la misma situación de la familia Madrigal. Su hijo necesita consejería y ayuda, y
ahí, enfrente de sus ojos, usted ve cómo en vez de llevarlo a la clínica de salud, lo acribillan brutalmente. La policía
dijo que lo mató porque se les abalanzó con el cuchillo para intentar herirlos, que le gritaron muchas veces que
soltara el cuchillo, y que se acercó tanto que a uno de los policías inclusive le rasgó el cinturón del pantalón. La
respuesta fue descargarle sus armas al pobre muchacho hasta que se les entumió el dedo de tanto jalar el gatillo.
Lo raro del caso es que la policía reportó a los medios de comunicación que el joven había salido por la puerta del
comedor hacia la cochera, y que ahí sucedió la mortal balacera. Sin embargo, el cuerpo de Mario Madrigal, Jr. (en la
foto), cayó adentro del comedor y no se encontraron rasgos de sangre en la cochera. En casos así, para que haya
objetividad, ¿quién investiga a la misma policía? La Procuraduría del Condado Maricopa, en el cual se encuentra la
ciudad de Mesa, concluyó tres meses después su investigación independiente, y afirmó que los tres policías que
mataron a Mario Madrigal, Jr., actuaron justificadamente y que no hubo acción criminal de su parte.
Los padres del joven fallecido ya hace cuatro años, continúan hasta este día peleando en un juzgado federal para
demostrar, con su propia investigación independiente —que cuenta con reconocidos expertos forenses y de
balística— que la policía actuó deliberadamente para matar al jovencito.

Conmemoran Muerte de Joven Acribillado por la Policía de Mesa
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Texto y fotos por Eduardo Barraza
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En Estados Unidos, el caso de Mario Madrigal, Jr, no es aislado. Tan sólo en el área metropolitana de Phoenix,
Arizona, han sucedido otros casos similares. Julio Valero, de 16 años de edad, fue impactado 20 veces por policías
de la ciudad de Phoenix en 1996. El pobre chamaco mexicano estaba bajo la influencia de alguna droga, y
teniéndolo acorralado en un callejón de su barrio pobre, una docena de policías asustados lo masacraron sin
misericordia. En el 2002, otro muchacho de nombre Ali Altug, fue muerto en su casa por la policía de la ciudad de
Apache Junction, en el Condado Pinal, porque estaba también bajo los efectos de una droga. A través de toda la
Unión Americana, este tipo de casos son bien comunes.
La familia Madrigal llevó a cabo una protesta pacífica en contra del Departamento de Policía de la Ciudad de Mesa.
Su manifestación tuvo lugar el sábado 25 de agosto a las 4:00 p.m., enfrente del edificio principal del Departamento
de Policía de Mesa. “Después de cuatro años continuamos la lucha para que los oficiales que mataron a mi hijo sean
castigados,” declaró Mario Madrigal BARRIOZONA, e informó que el juicio legal está en proceso en un juzgado
federal. “He insistido en pelear usando todos lo medios legales disponibles para demostrar que mi hijo fue
asesinado injustamente, y quiero que los culpables sean castigados”, afirmó Mario Madrigal.
Por su parte, Martha Madrigal, madre del joven, declaró que “en este cuarto aniversario queremos que la comunidad
sepa que nuestra lucha no va a acabar hasta que se haga justicia.” Con la esperanza de que cualquier evidencia
sea útil para el proceso legal, la familia ha conservado la escena del tiroteo casi intacta. “Es difícil vivir en el mismo
lugar donde mataron a tu hijo, y tener que ver todos los días lo que quedó del tiroteo; no queremos que la muerte
de mi hijo quede impune”, agregó Martha Madrigal.

