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Memorias de un Periodista: Confesiones y Promesas
Por César Ibarra
BARRIOZONA
Mayo 5, 2006
De niño, dormía en ocasiones bajo una máquina de imprenta, cobijado por el exceso de papel que caía en una “zanja”
por donde se metían antes los prensistas a poner la tinta, y en la que imprimían el periódico “Opiniones” de mi padre,
Julio César, en Empalme, Sonora, México. Me arrullaba el sonido – ¡magnifico e inolvidable sonido! – del linotipo, y se
me metió en la conciencia el olor a tinta y a plomo fundido.
Mi primera intervención en radio fue a los 8 años de edad en la XEBQ –en Empalme– en un programa de la maestra
Micaela Ibarra, declamando un poema a la madre, un 10 de Mayo. Mi padre, trabajaba también en XEBQ y fue cronista
por muchos años de béisbol profesional. Así, el papel, la tinta, el linotipo, el micrófono y el olor a “felpa” donde colocaban
los discos para tocarlos, los llevo dentro de mí.
Mi tía Mamá Elba, una reconocida educadora en Sonora y propietaria de un colegio particular en Empalme, me enseñó a
leer. Mi abuelo me hizo tomar el hábito de la lectura, sentándome con él, rodeado de Magazines de Policía, la Revista
Siempre y muchas más, así como los periódicos de la región. Mi padre me empujó a la escritura. De niño me subía a
una casita en un pino, donde tenía una extensión con un foco amarillento y escribía cuentos. Mi padre me los corregía. El
primer libro completo que leí, más a menos a los 12 años, lo tomé prestado de la biblioteca de mi primo Eduardo. La
noche de Año Nuevo del 2000, le confesé que fui yo quien se lo llevó, y que aun no se lo devuelvo. Es la obra de José
Ingenieros, “El Hombre Mediocre.” Desde ese tiempo, por allá en 1964, me di cuenta lo terrible que es “pasar por el
mundo caminando de puntitas, sin hacer ruido, temeroso de que otros se den cuenta que uno tiene la osadía de vivir…”
Y pasaron los años. Un día de 1974 – sólo 10 años después, desperté en un cuarto de hotel en Colima, Colima,
apurado a asearme y vestirme, pues andaba como reportero asignado oficialmente en la gira del candidato presidencial
José López Portillo. Fui uno de dos periodistas de provincia. El otro, mi amigo Marco Antonio Guevara, actual director de
operaciones de Grupo Radiorama en Chihuahua, Chihuahua.
Y sigo despertando a nuevas experiencias. Siempre únicas, siempre cincelando mi alma. Nunca temo meterme en el
viaje nocturno del sueño. Al contrario, me acuesto con confianza, concentrando mi pensamiento en la luz de una vela. Es
así como me encuentro con el sueño. Se que no habrá transformación al día siguiente como el personaje de Kafka. No.
No temo ni aun pensando en el magnifico sueño nocturno infinito, en el que la vela de mi sueño diario será una de las
cuatro con las que algún día festejaran mi partida. Nunca seré distinto. Y al prometérmelo, me digo a mi mismo,
“mañana haré algo nuevo y algo bueno para alguien…aunque no lo conozca….”
Y la promesa de anoche la cumplo hoy, con esta confesión a BARRIOZONA.
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