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Una Fiesta de Resistencia: López Obrador Acampa en el Zócalo
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Por Elda García Galdamez  Julio 17, 2006
Contaminación Visual: La Otra Guerra Sucia
Una tercer marcha multitudinaria
lleva a López Obrador y a sus
seguidores a acampar en el centro
de la Ciudad de México.
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Foto: William González
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Ciudad de México.- Un cielo pálido sobre la Avenida Paseo de la
Reforma anunció que no llovería durante el transcurso de la llamada
“tercera asamblea” de los partidarios de la coalición “Por el bien de
todos.”

Ahí, sobre la avenida, un conjunto de seguidores pasa frente al
Museo de Antropología, al tiempo que un altavoz en mano de uno de
los simpatizantes hace una petición enérgica e inesperada a los
congregados provenientes de las 16 delegaciones del Distrito
Federal: “Compañeros no hay que continuar la marcha.” Los
manifestantes recién llegados se sobresaltan y confunden.

A menos de una hora del inicio de una las movilizaciones más
trascendentes en la historia de México, aquella voz decía sin mentir:
“El Zócalo capitalino está lleno.”  Una de las múltiples mega-
pantallas que se colocaron en varios puntos del camino corroboró lo
dicho con imágenes en vivo. A las 11:25 de la mañana del 30 de
julio, la Plaza de la Constitución se había transformado en un mar
amarillo, con un oleaje alegre y fiestero.

A partir de entonces, aquella orden se convirtió en un gesto de
solidaridad. Y de la misma forma que el río desemboca en el mar, los
miles de manifestantes provenientes de los varios estados de la
República Mexicana debían entrar a la Plaza principal de la ciudad
antes que cualquier organización delegacional.

“¿Crees que logremos duplicar la cantidad de manifestantes?”,
pregunta una joven con un gesto alegre a su madre. Una  respuesta
inmediata y confiada la hace sonreír: “¡Yo creo que sí!”
Repentinamente se pierden entre playeras, globos y banderas
amarillas.

Entonces la avenida Reforma se torna en un río con vida propia.
Miles de personas representan una misma voluntad y color. Con
espíritu incansable muchos gritan: “¡voto por voto, casilla por casilla!”

Otros gustan de mostrar sus cartulinas escritas con plumón negro.
En ellas advierten frases como “La democracia avanza y ya nadie
podrá detenerla” o “El pueblo votó y el IFE le robó.” Cientos de
consignas aparecen una tras otra.



De pronto un señor se detiene y ofrece a otro simpatizante
pintarrajear la imagen del Presidente de México. Le dibuja unos
cuernos y bigotes a la foto de Vicente Fox. Terminado el trabajo,
ambos alzan sus cárteles. La leyenda es la misma: “Fox, traidor a la
democracia.”

Más adelante, los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma  
de México (la máxima casa de estudios del país) bailan y tocan
tambores. Familias enteras disfrutan de la creatividad y alegría
derrochada. Los niños agarrados de sus padres miran acalorados y
sonrientes algunos muñecos que representan a Luís Carlos Ugalde,
el presidente del Instituto Federal Electoral. El hombre que ha sido
tachado como “delincuente” del proceso electoral.

Por todos lados avanzan las carreolas de los bebés, el bastón de los
abuelos, las sillas de ruedas y muletas de los partidarios perredistas.
Bajo los rayos del sol los seguidores no dejan de soltar consignas en
apoyo a “¡Obrador!, ¡Obrador!, ¡Obrador!”

Mientras, los grupos musicales ubicados en diferentes puntos elevan
el ánimo de la gente. La música desata un ciento de rostros alegres
y de manos gesticuladoras a lado de múltiples espaldas que
muestran una leyenda fácil de leer: “No vine por $50; me trajeron
mis convicciones.”

Entre las piernas de la gente se asoman algunas miradas. Perros
con pañoletas amarillas en el cuello  parecen también disfrutar de
ésta “fiesta de resistencia,” como llamaría a la marcha la escritora
Elena Poniatowska, minutos antes de la intervención de López
Obrador.

Han transcurrido dos horas y media de carnaval y se vislumbra la
entrada al  Zócalo, pero la Avenida Juárez y la calle Madero resultan
muy estrechas para los miles de simpatizantes.

No hay opción. Algunos toman un camino paralelo a la avenida,
cuando de repente  a lo lejos un murmullo asegura que Andrés
Manuel se acerca a la plaza capitalina. La emoción arremolina a la
gente y la hace caminar más rápido hacia la explanada.

“Ahí viene, ya lo vi, ¡ya lo vi!” grita felizmente una niña sobre los
hombros de su padre. Entonces todos se paran de puntitas, sacan la
cámara de vídeo o la fotográfica, pero pocos ven el arribo. A lo lejos
la gente que grita: “¡Viva México!, ¡Viva Andrés Manuel López
Obrador!”



Hace calor y la muchedumbre está cuerpo con cuerpo, pero el
candidato a quien llaman “presidente legítimo” va a tomar la palabra
y la plaza guarda silencio. Los simpatizantes que viajaron 36 horas
desde Tijuana hasta la Ciudad de México, esperan ansiosos escuchar
el discurso de sólo 30 minutos.  

“Estamos aquí para sellar nuestro compromiso con la historia… En
estos días se está decidiendo si en México instauramos en definitiva
una verdadera democracia o si se impone un régimen de simulación
democrática “anuncia en su discurso López Obrador.

Los gritos de apoyo lo interrumpen: “¡No estás sólo,  no estás sólo!”
Entonces, bajo un sol a todo esplendor y el vuelo de globos
amarillos, el candidato izquierdista dice: “Les propongo que aquí nos
quedemos, día y noche, hasta que se cuenten los votos y tengamos
un presidente electo con la legalidad mínima que nos merecemos los
mexicanos…Les informo que yo también viviré en este sitio mientras
estemos en asamblea permanente…Les pregunto: ¿nos quedamos?
¿Si o no?”  Inmediatamente responde un estruendoso y multiplicado
“¡Si!”

La propuesta causa confusión. Un seguidor mientras mira a la
muchedumbre dice a su compadre: “Pero así no vamos a poder.”
Éste le responde: “No, no nos vamos a quedar todos, sólo los de los
campamentos.” Luego, al aire los congregados repiten:
“¡Presidente!, ¡Presidente!, ¡Presidente!”

Termina la intervención de Andrés Manuel y los presentes entonan el
himno nacional mexicano. “Pienso ¡Oh patria querida! que el cielo un
soldado en cada hijo te dio, un soldado en cada hijo te dio,” cantan
con voz enérgica.  

La algarabía nacionalista se vive en todas las banderas que ondean,
en los globos sostenidos por las manitas de los niños, tras la
esperanza de cada anciano y con la inquietud de todos los jóvenes.

Pronto el reloj marcó las tres de la tarde y el plantón seguía
organizándose. Los seguidores  acalorados y cansados que no
participaron en el plantón permanente empiezan a desalojar el
corazón de la ciudad y emprenden el regreso a casa bajo un cielo
limpio y un sol más sosegado.
Galería de Imágenes: Marcha por la Democracia
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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Una tercer marcha multitudinaria lleva a López Obrador y a sus seguidores a acampar en el centro de la Ciudad de México.
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