¡Vamos a Oaxaca!
Por Irma Sofía Navarro Viloria
BARRIOZONA
Enero 18, 2007
Ciudad de Oaxaca, Oaxaca.- ¿Destruirías o lastimarías algo que quieres y que es tuyo? ¿Mancharías con parolas
fosforescentes lo más valioso y preciado que tienes, que todo el mundo admira y que es hasta un patrimonio cultural de
la humanidad?
La verdad y la respuesta a estas preguntas, mismas que están plasmadas como colores y letras ajenas al verde natural
en catedrales, calles, muros y edificios coloniales, nos pide a gritos que revivamos lo sucedido ahí durante seis meses
en las hermosas calles de Oaxaca, y que no sigamos castigando con indiferencia turística al pueblo oaxaqueño, que
tantas cosas por tan poco valor le ha dado al mundo entero y que indudablemente no hubieran pintado con graffiti sus
catedrales.
¿Quién no se ha llevado preciosos rebozos hechos a mano, artesanías de madera delicadamente talladas a mano, o
esa plata diseñada por nuestros indígenas que realza la belleza de cualquier mujer? ¿O quién no se ha deleitado con
sus innumerables manjares regionales como empanadas de amarillo, mole, tasajo o tlayudas?
Una combinación de coraje, indignación y tristeza causa el observar cómodamente desde un café en el zócalo o desde
la ventana de un coche pasando por los pueblitos más remotos y más pobres de Oaxaca, al oaxaqueño indígena
trabajando arduamente con la esperanza de de ese día poder vender una de sus creaciones, y que su única alegría sea
el que tendrá algo que comer. ¿Entonces, quienes fueron los que lastimaron y mancharon las catedrales y edificios?
¿Fueron las personas que viven orgullosamente en Oaxaca, o fueron personas ajenas, que saben que obtendrán
remuneración, aún si no trabajan?
Esta batalla en terreno ajeno, sin embargo, no destruyó el corazón de su gente y de su ser. Tan sólo un par de semanas
después de la aprehensión del líder de la APPO*, sentí a Oaxaca más bella que nunca, su gente sonreía más que
nunca, como un niño despertando de una pesadilla en los brazos de su madre. Esa paz como brisa matutina
emergiendo de la cantera verde, pude captarla para compartirla con más personas.
Esos mensajes escritos junto a las nochebuenas en las jardineras del zócalo, a veces exclamando gratitud y paz y otras
indignación, son una muestra de que lo que pasó, fue algo que el comerciante o artesano oaxaqueño nunca aprobó.
“Oaxaca levántate, espero en Dios que nunca más seas secuestrado”: comerciante de Oaxaca, Fam. JM." Así como
conversaciones con comerciantes que describían la alegría de ver a tantos turistas nacionales e internacionales, me lo
confirmaron.
De todo aquello, sólo se podía ver que algunas calles rumbo al zócalo eran custodiadas por la policía preventiva de
Oaxaca.
¡Vamos a Oaxaca! ¡Nos espera con los brazos abiertos!
Irma Sofía Navarro Viloria © 2007
Copyright © 2007 Hispanic Institute of Social Issues
Luego de un conflicto sociopolítico que se extendió por seis meses, el pueblo oaxaqueño intenta
lentamente recuperar su paz en medio de las huellas dejadas por los incendios, las barricadas, y las
pintas
Permission to reprint or copy this article or photo, other than personal use, must be obtained from BARRIOZONA,
Call 480-983-1445 or e-mail admin@barriozona.com with your request
Grassroots Journalism www.barriozona.com
|