La producción fílmica de este periodista, cineasta, documentalista y fotógrafo ofrece perspectivas
contemporáneas de una tradición añeja del cine mexicano.
Abuso a migrantes por hermanos de raza caracteriza
trabajo del cineasta mexicano Pedro Ultreras

Phoenix, Arizona. Febrero 19, 2010. Incorporándose al género de la migración en el contexto geográfico
de la frontera entre Estados Unidos y México —cuyos inicios datan de finales de los años 1930s en la
cinematografía mexicana— el periodista mexicano Pedro Ultreras debuta como guionista y director de
cine en 2007 con su película 7 soles.
Dentro de la tradición del cine mexicano, la temática de la migración y sus subgéneros han sido
abordados profusamente. Planteando el fenómeno de la migración nacional e interna —partiendo desde
escenarios rurales a urbanos— como el internacional y externo —partiendo de escenarios rurales y
urbanos hacía Estados Unidos— esta categoría ha sido una constante en la industria del celuloide
mexicano, con más de cien películas sobre el género. El film de Ultreras representa esa continuidad y
demuestra el permanente interés y atractivo de la migración como tema de película.
Es necesario mencionar que el tema de la migración en el cine mexicano no se ha limitado al contexto
geográfico fronterizo de Estados Unidos y México o de Latinoamérica. Existe un buen número de cintas
en las que se presenta el tema de la migración proveniente del extranjero hacia México, ya sea desde
Medio Oriente, El Baisano Jalil, (Joaquín Pardavé, 1942) o de España, Los Hijos de don Venancio, (Joaquín
Pardavé, 1944), y Una Gallega en México, (Julián Soler, 1949). Aunque estas películas muestran el tema
desde otra perspectiva, prevalecen en ellas elementos naturales de la migración mundial.
En los albores de este género, el cine mexicano abordó el tema migratorio con Adiós mi chaparrita (René
Cardona, 1939) Camino de Sacramento (Chano Urueta, 1945), y Pito Pérez se va de bracero (Alfonso Patiño
Gómez, 1947). Sin embargo, la película Espaldas mojadas (Alejandro Galindo, 1953) llega a convertirse en
una cinta clásica y de constante referencia sobre el tema de la migración.
Creada a manera de advertencia y con una intención abiertamente didáctica para quienes se aventuran
a emigrar sin documentos a Estados Unidos, Espaldas mojadas se distingue por ser quizá la primera cinta
de este género en donde se presenta un mensaje escrito al inicio de la misma, cuando se muestran los
créditos, el cual lee de la siguiente manera: “Nuestro propósito es advertirle a nuestros connacionales de la
inconveniencia de tratar de abandonar el país en forma ilegal, con el riesgo de sufrir situaciones molestas y
dolorosas que podrían hasta crear dificultades en las buenas relaciones que venturosamente existen entre
ambos pueblos.” Cabe mencionar que este propósito implícito —expreso o no— ha motivado y
caracterizado muchos de los trabajos fílmicos dentro del género de la migración.
Espaldas mojadas es un drama social protagonizado por el actor David Silva, el cual logra conjuntar
elementos sociales, culturales y económicos típicos de la migración mexicana externa. La trama muestra
aspectos como la necesidad, la partida del terruño, el riesgo, la muerte, el engaño, y el retorno a la
patria, entre otros. Con esta película, Galindo se desprende del melodrama rural —migración interna—
para presentar el tema del emigrante mexicano —conocido como “bracero” en los tiempos de la
posguerra— a Estados Unidos —migración externa. La cinta fue realizada en el apogeo del Programa
Bracero (1942-1964), y se coloca como la número 97 entre las 100 mejores películas mexicanas.
La fórmula y las variantes de dicho género se repetirán en películas como El bracero del año (Rafael
Baledón, 1964), La ilegal (Arturo Ripstein, 1979), Las braceras (Fernando Durán Rojas, 1981), Muerte en el
Río Grande (Raúl de Anda, Jr., 1982), Malditos polleros (Raúl Ramírez, 1985), Murieron a mitad del río (José
Nieto Ramírez, 1987), El vagón de la muerte (Fernando Durán Rojas, 1987), Maldita miseria (Julio Aldama,
1988), y El aduanal (Julio Aldama, 1990), entre muchas otras que recuerdan a los espectadores los
peligros de emigrar clandestinamente, y el trágico resultado que con frecuencia conlleva.
Entre esas películas destaca, más por sus características que por su poco éxito en la taquilla, la cinta
Arizona, Death Valley (Fernando Durán Rojas, 1984), un drama basado en un caso real en el que un grupo
de indocumentados intentan adentrarse a territorio estadounidense a través del desierto de Arizona. La
cinta presenta elementos implícitos de este tipo de situacion tomada de la realidad, en la que los
protagonistas sufren todo tipo de vejaciones para terminar encontrando la muerte en circunstancias por
demás crudas y funestas.
En cuanto al tema de la migración rural e interna en México, El mil usos (Roberto G. Rivera, 1981) destaca
ampliamente al presentar a través del personaje protagónico, Tránsito López, a un campesino
analfabeto que como muchos se aventura a dejar el campo para emigrar a la gran Ciudad de México,
sólo para regresar a su pueblo en peores circunstancias de las que partió.
Al igual que Espaldas mojadas, El mil usos pretende tener un efecto de advertencia para evitar que los
campesinos se arriesguen al emigrar al Distrito Federal. En un momento de la cinta, el personaje
interpretado por el actor Roberto Cañedo, mira directamente a la cámara, dirigiéndose al personaje
principal de El mil usos, pero en realidad hablándole al espectador, para lanzar un serio mensaje de
advertencia. El tema musical de la película advierte por igual al campesino que “ya no venga para acá…”
refiriéndose a la ciudad de México.

7 Soles: “Coyote” contra “Coyote”
No obstante que la cinta de Pedro Ultreras forma
parte de esta larga tradición fílmica mexicana que se
extiende por siete décadas, 7 soles captura y
presenta los crudos elementos que implica el
contrabando humano y el cruce a través de las
zonas desérticas de Arizona, una combinación por
demás violenta y peligrosa.
Producida de manera independiente y con un
presupuesto limitado, 7 soles se proyecta como una
incisiva crítica social. Desde la óptica de Ultreras, el
migrante, lejos de cumplir su propósito de ingresar a
Estados Unidos, cae víctima, primero, de los
traficantes de humanos –“coyotes”– y después de
las inclemencias del caluroso clima de Arizona.
Es preciso notar que 7 soles no es un melodrama que simplemente ofrezca una ventana a los trillados
elementos de las características películas de este género. La película es, esencialmente, una cinta que
muestra una brutal lucha entre “coyotes” mexicanos que se disputan el dominio, el control, y la jerarquía
en el organigrama, no escrito pero real, de su organización clandestina y criminal.
El duelo entre ambos inescrupulosos “polleros” se convierte en un subgénero que sitúa al espectador en
un “limbo” fronterizo en donde el aspirante a inmigrante ni está en su terruño ni en la anhelada tierra de
las oportunidades, sino suspendido en una coordenada de violencia y abuso por parte de su propios
connacionales latinoamericanos.
De esta manera, 7 soles no ahonda sobre la pobreza del país de origen, la discriminación del
norteamericano en contra del recién llegado y sin papeles, ni las desventuras que se viven en ambientes
sociopolíticos antiinmigrantes como el que prevalece en Arizona. En contraste, la cinta de Ultreras
muestra el repulsivo mundo del contrabando de humanos y las consecuencias de la inmigración
indocumentada, que en cierto modo hacen ver muy inferiores los abusos atribuidos a las autoridades
estadounidenses en contra de los inmigrantes.
A la par, 7 soles plantea elementos de autocrítica al inmigrante. El espectador no puede dejar de
cuestionar la imprudencia de los migrantes que no sólo ponen en juego sus propias vidas, sino que
arriesgan a menores de edad bajo la impresión de que el cruce durará unas cuantas horas y creyendo lo
que los “coyotes” les hacen creer al engancharlos.
Más que defender al inmigrante, 7 soles se enfoca en el papel del “coyote”. En ese sentido, Ultreras
advierte a futuros migrantes de los peligros perpetrados —no por las milicias de patriotas vigilantes, la
patrulla fronteriza, o los grupos de odio— sino por los violentos “coyotes” en su cruce por la frontera y
sus entornos.
Ultreras tampoco se enfoca en presentar las vicisitudes inherentes que enfrentará el migrante de llegar
a tener éxito en su intento de entrar, vivir y trabajar en Estados Unidos, sino que estanca
premeditadamente al espectador como se estanca el migrante mismo en una situación real que puede
oscilar entre el calor del desierto, los abusos de los “coyotes” y la muerte. De esta manera, Ultreras
enfatiza y dramatiza el hecho de que, antes de soñar con llegar y trabajar a Estados Unidos, los
mayores obstáculos, muchas veces insuperables, son el “coyote” mismo y el desierto.
Resumiendo, en este su primer film, Pedro Ultreras no solamente se incorpora a la narrativa
cinematográfica tradicional del cine mexicano, que por décadas ha abordado el tema de la inmigración,
sino que aporta un ángulo que invita al espectador, antes de soñar con la obtención del “sueño
americano”, a detenerse en esa dimensión de riesgo latente, a verse cara a cara con el “coyote” en
quien pondrá su vida en sus manos, y a preguntarse en el umbral de la frontera y el desierto, si está
dispuesto a pagar el precio de los 7 soles.
La Bestia: Pobreza Contra Pobreza
De reciente producción y posterior a su opera prima, Ultreras vira de nuevo su lente al tema de la
inmigración con el documental La bestia. Viajando a Centroamérica, Ultreras reafirma y ahonda su
propuesta de 7 soles, al presentar el mundo sórdido de la frontera sur de México, en donde miles de
inmigrantes con destino a Estados Unidos, se enfrentan a un reto quizás más crudo que el que se
presenta en la frontera norte, y la lucha entre latinoamericanos por el sueño de la supuesta prosperidad.
Pedro Ultreras se sube, cámara en mano, a los vagones del tren carguero conocido como “la bestia”, que
se extiende por las arterias ferroviarias del sur de México, para presentar una perspectiva fiel de las
experiencias del migrante centroamericano. Con una realidad palpable, el documental pone al
espectador en la ruta, llena de peligros, que los migrantes del sur recorren en su propio afán de trabajo
y dólares, situación ignorada por muchos.
La bestia es un trabajo extraordinario, impresionante y puro en el sentido más amplio del concepto del
periodismo. Además de ser una pieza periodística que raya en lo genial, la fotografía es por sí misma
artística y majestuosa. El sonido transporta al espectador al lugar de los hechos y le hace participante
del viaje. La narración es magistral. Desde el punto de vista humano, el testimonio de los migrantes es
doblemente brutal: ataca la consciencia individual y colectiva en una dicotomía de —primero— compasión
al drama de la migración y la tragedia humana que surge de la pobreza y —segundo— de indignación en
contra del precio que México impone a caminantes, no muy diferentes al que los propios migrantes
mexicanos sufren en su propia migración hacia el norte.
El documental se levanta por encima de su valor y aporte testimonial, periodístico, artístico y de
denuncia, destapando una cloaca étnica, económica, y geográfica en donde dos "hermanos", México y
Centroamérica, se encuentran en choque bestial —como La bestia misma— disputando el sueño de la
quimérica prosperidad del Norte. La colisión perturba la consciencia porque muestra una lucha de la
pobreza contra la pobreza, el abuso del hermano "mayor" contra el "menor, cuando ambos soportan
males análogos y sufren las mismas dificultades sociales y económicas. En sentido figurado, La bestia
evoca la lucha entre Esaú y Jacob en el vientre de Rebeca: dos fetos, dos hermanos, luchando en el
mismo vientre. Un vientre social y geográfico preñado por la necesidad, buscando dar a luz a un sueño
casi improbable de prosperidad, sólo para abortarlo en el camino o darlo a luz a una miseria diferente en
Estados Unidos.
En esa interpretación, 7 soles y La bestia muestran un retrato paralelo de esa lucha entre "hermanos":
coyotes mexicanos haciendo padecer a sus connacionales y a centro-americanos, exprimiendo de ellos el
precio de la anhelada abundancia, y violando la dignidad de quien bien pudiera ser su propia hermana,
su propia hija, o su propia madre; asesinando a quien pudiera ser su hermano, su hijo o su padre. El
drama ficticio y real de esa lucha en 7 soles y La bestia escandalizan, pues muestran desdicha contra
desdicha, necesidad contra necesidad, y desventura contra desventura; a hermano ejecutor y a
hermano víctima.
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
LA HISTORIA ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR Periodismo de Base Comunitaria
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7 SOLES La competencia por el
control y el poder entre “coyotes” de
una misma banda crea un drama
intenso en donde el migrante pasa a
segundo término.
Fotos cortesía de Pedro Ultreras.
ESPALDAS MOJADAS El cine
mexicano ha tratado profusamente
el tema de la migración a Estados
Unidos. La foto muestra una escena
de la película clásica de Alejandro
Galindo, Espaldas mojadas, en donde
un grupo de indocumentados
aguarda cruzar el Río Bravo en la
época de los “braceros”.
ARIZONA Basada en un drama de
la vida real, la cinta Arizona, Death
Valley presentó en 1984 una de las
más crudas perspectivas de la
tragedia que encuentran los
migrantes en su intento de entrar
sin papeles a Estados Unidos. La
imagen muestra un detalle del
poster promocional de la película.
LA BESTIA Pasando de la película
de ficción al documental, Pedro
Ultreras llevó a cabo La bestia, en
donde presenta las peripecias de
migrantes centroamericanos en su
ruta a Estados Unidos, jugándose la
vida en los trenes de carga.
Foto cortesía de Pedro Ultreras.
SOBRE EL LOMO DE LA BESTIA
Para realizar el documental La
bestia, Pedro Ultreras se subió a los
vagones de los trenes cargueros, lo
cual resultó en una perspectiva
única de la experiencia de los
migrantes.
Foto cortesía de Pedro Ultreras.