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Distribución de la Pena de Muerte
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Phoenix, Arizona -  Del promedio de veinte mil homicidios que se
comenten cada año en los Estados Unidos, menos de trescientos
asesinos convictos son sentenciados a la pena de muerte. De esa
cantidad, sólo menos de treinta condenados a muerte han sido
ejecutados en cualquiera de los años más recientes, muriendo la
mayoría de ellos de edad avanzada. Pero a pesar del
comparativamente bajo número de ejecuciones consumadas, por sus
singulares características la pena de muerte genera una apasionada
y perenne polémica, al mismo tiempo que levanta serias
interrogantes morales acerca de su uso.

Su carácter irrevocable la afirma como el más severo de los castigos
empleados por los sistemas penales de algunas naciones, ya que
tiene como intención poner fin a la vida de aquellos individuos a
quienes se les impone, en lugar de confinarlos a permanecer en
prisión por largo tiempo, o el resto de sus vidas. Aunque la intención
de este castigo no es infringir dolor físico, la ejecución es el único
castigo corporal que aún es aplicado a adultos sentenciados en este
país.

Sin un examen serio y completo acerca de todos los aspectos
referentes a la complejidad de la pena de muerte, los razonamientos
acerca de este castigo máximo carecen no sólo de objetividad, pero
también soslayan el propósito a considerarse acerca de qué tipo de
servicio presta la pena máxima a la búsqueda de la justicia.

Por tanto, el presente segmento de esta serie solamente intenta
analizar uno de los diferentes argumentos a favor y en contra de la
penal capital, la distribución de éste castigo. Entre otros argumentos
se encuentran los equívocos en la administración de la justicia, su
posible efecto preventivo, y asuntos incidentales como el costo
económico de las ejecuciones, el sufrimiento de los condenados a
muerte, y la supuesta brutalidad, exceso y degradación de esta
sentencia.

El uso de la pena de muerte se ha centrado repetidamente en la
manera en que es distribuida. En referencia a la intención justiciera,
la moralidad, o la utilidad de la pena de muerte, quienes se oponen
a esta afirman que esta sentencia es distribuida en forma caprichosa
y discriminatoria entre los individuos sentenciados a este castigo. Sin
embargo, para que este argumento sea válido, primero se tiene que
establecer si la pena de muerte es en sí misma un acto inmoral, pues
aún la más justa distribución de la misma carecería de mérito.
Análogamente, una distribución de premios resultaría inútil en si
misma si se aplicara caprichosa o discriminatoriamente. Es decir, si la
distribución de otras sentencias, como la cadena perpetua, se
administra por capricho o discriminación, entonces cabe preguntarse
si por esa razón debiesen de ser abolidas, de la misma manera que
se pide sea derogada la pena de muerte.

Una mala distribución, entre los culpables o inocentes de un crimen
es, por definición, injusta. Pero la injusticia en este caso no se debe
a la naturaleza del castigo, sino a la manera en que se aplica.
Debido a la finalidad de la pena de muerte, la más lamentable mal
distribución ocurre cuando es impuesta caprichosamente sobre una
persona que es inocente. Como quiera que sea, la frecuentes
acusaciones de discriminación y capricho se refieren a la mala
distribución entre los que han sido encontrados culpables, y no los
que son inocentes.

La mala distribución de cualquier castigo entre aquellos que lo
merecen es irrelevante a su propósito moral y de justicia. Aún si
personas de minorías étnicas, o de bajos ingresos que han sido
halladas culpables de ofensas capitales sufren la pena capital, y
otros convictos igualmente culpables de mismos crímenes no, una
distribución más igualitaria (la cual es deseable), sería meramente
eso, más igualitaria, pero no necesariamente más justa para quienes
han sido sentenciados a la pena de muerte.

Bibliografía
- Satris, Stephen. Taking Sides, Clashing Views on Controversial Moral Issues.
Fifth Edition. 1996
- Siegel, Larry J. Criminology, 1983.
Por Eduardo Barraza  Julio 14, 2001
La pena capital tiene como fin poner
fin a la vida de aquellos individuos a
quienes se les impone este castigo,
en vez de confinarlos a permanecer
en prisión el resto de sus vidas.
Foto: Especial
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La pena capital tiene como fin poner fin a la vida de aquellos individuos a quienes se les impone este castigo, en vez de confinarlos a permanecer en prisión el resto de sus vidas.
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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Eduardo Barraza periodista y escritor
mexicano, editor de la revista Barriozona, y
director del Insituto Hispano de Asuntos
Sociales. E-mail:
editor@barriozona.com
Eduardo Barraza
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