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Nueva York. “Cuántas cervezas te has tomado y cuántas traes abiertas. Más vale que me digas ahora mismo, sino te va
a ir peor”, me dijo un joven oficial de la Policía Estatal de Arizona, al haber sido detenido en el Interestatal 10 a principios
del mes de abril.
Según el oficial, me detuvo porque conducía muy cerca del auto frente a mí, pero iba como a 20 metros de distancia. Lo
que siguió después fue vergonzoso y humillante para mí. De inmediato me di cuenta que la razón por la que me detuvo
fue otra. Llenaba el perfil de un mexicano que podría estar conduciendo borracho y que de seguro estaba
indocumentado. Nunca antes en 20 años de vivir en Estados Unidos alguien me había hecho sentir de esa manera.
Me pidió que me bajara del Jeep y me recargara en su patrulla. Fue insistente y agresivo al preguntar dónde estaban las
cervezas. Trató de intimidarme diciendo que me iba a ir más mal si no le decía antes de encontrarlas. Nunca me
preguntó si había tomado alcohol o que si tenía cervezas conmigo; en todo momento lo asumió.
Cuando menos pensé, estaba a la orilla de la autopista recargado a una patrulla como todo un criminal mientras él
revisaba mi Jeep minuciosamente. Las miradas de otros conductores me picaban en lo más profundo. Me los
imaginaba diciendo, “Otro mexicano ilegal que sacarán del país”.
El joven oficial blanco de complexión robusta y cara redonda no parecía tener más de 30 años. Su mirada era penetrante
y su tono de voz de pocos amigos. “Tienes un fuerte aliento a alcohol, te voy a hacer una prueba”. me dijo. Yo sonríe y le
contesté, “Yo no consumo alcohol, menos cerveza, yo no tomo, no estoy tomado”.
“Pues eso lo vamos a ver ahora,” me dijo. Y me pidió que siguiera con la mirada la punta de su lapicero. Sentía que las
miradas de los otros conductores se clavaban en mí. No podía creer lo que estaba viviendo. Como no encontró nada en
mi mirada, me pidió que caminara de frente con los brazos abiertos y la mirada hacia arriba.
Sentía que me exhibía ante el resto de la gente que pasaba al lado. Por más que le insistí que no había tomado, que yo
no tomaba, él estaba terco que yo andaba ebrio. Por supuesto que no encontró nada en mi Jeep. Además, yo tenía
todos mis documentos en regla y al parecer no había nada en mi record que le permitiera arrestarme.
Pero seguía terco el policía gordito, y como no encontró los resultados que buscaba, me dijo que me haría la prueba del
aliento. Me pidió soplar en un tubito azul que en mi vida había visto. Como era de esperarse, el resultado fue negativo.
La siguiente pregunta me hizo confirmar lo que sospechaba, aunque para entonces su tono era más amable.
“¿Cuántos años hace que te hiciste ciudadano americano, me imagino que eres ciudadano? Tienes tu acento, pero
hablas bien inglés”. Le dije, “Oficial, esa pregunta no tengo por qué contestarla, no a usted.” Me hizo otra pregunta:
“¿Qué piensas del problema de la inmigración, estás a favor o en contra?” No daba crédito a lo que me estaba
preguntando. “¿Qué piensa usted?”, le pregunté. “Está a favor o en contra?” “Es un tema muy complejo,” contestó.
“No te voy a dar infracción. Te puedes ir. Maneja con cuidado”. Me subí a mi jeep y continúe mi camino.
Tuve suerte de tener licencia, seguro de auto y registro de circulación en regla. Ese oficial buscaba una excusa para
darme una infracción o detenerme. Él tenía la certeza que por “parecer mexicano” conducía tomado o tenía alguna
cerveza en el auto. De una manera sutil, me preguntó que si estaba legal. Mi seguridad al contestarle que no le diría le
dijo que si. De otro modo, hubiera llamado a inmigración y de ahí a México.
Si a eso no se le llama perfil racial, entonces no sé qué es. ¿A cuántos mexicanos habrán detenido usando esa
excusa? ¿Cuántos oficiales de policía local, estatal o alguaciles de Arizona salen a trabajar con eso en mente? Esa es
la mentalidad que ha sembrado el Sheriff Joe Apaio, Russell Pearce y muchos otros racistas con su política anti-
inmigrante.
He vivido entre Phoenix y la ciudad de Nueva York durante los últimos cuatro años, pero después de ese incidente tengo
miedo regresar a Arizona. No quiero pensar qué pasara si entra en efecto la ley SB 1070. Arizona se convertirá en
territorio minado no sólo para inmigrantes indocumentados sino para residentes legales y ciudadanos americanos,
para todos aquellos que tengamos el perfil de un mexicano.
Pedro Ultreras © 2010
Copyright © 2010 Hispanic Institute of Social Issues
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Para ser detenido por la policía en las calles y autopistas del estado no se necesita cometer una infracción; solamente
tener la apariencia de ser mexicano.
Por Pedro Ultreras
BARRIOZONA
Abril 22, 2009
Perfil racial, circulando libre y con licencia en Arizona