Entrevista por Eduardo Barraza PRIMERA PARTE
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La crónica contemporánea de la lucha por la defensa de los inmigrantes en Arizona sería imposible de comprenderse sin dar una mirada al profuso y difícil trabajo de Salvador Reza, un organizador comunitario en el más estricto sentido de la palabra. BARRIOZONA presenta esta entrevista en tres partes en donde la historia y el hombre dan una justa dimensión a un movimiento social que muchos han usurpado.
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Organizador Desde la Raíz
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BARRIOZONA: ¿Cómo se comienza a involucrar Salvador
Reza en el ambiente laboral de Phoenix, Arizona?
SALVADOR REZA: Aquí en Arizona específicamente yo he
estado involucrado en los derechos del pueblo. En mayo
de 1992 pasamos por aquí en una carrera que salió
desde Alaska hasta la Ciudad de México —Teotihuacan.
Yo venía en la carrera pero venía corriendo desde San
Bernardino, California, en un tributario, en una parte que
le llaman “de lado”, y cuando crucé por aquí por Arizona
me di cuenta de que aquí hay mucha energía, hay mucha
fuerza de la misma tierra, de la naturaleza, pero también
de los pueblos indígenas. Y eso es lo que me atrajo
Fotografía por Eduardo Barraza / BARRIOZONA
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especialmente para acá, aunque de hecho los abusos a nuestro pueblo están en todos lados. Ya me quedé aquí
en (la organización) Tonatierra y seguí haciendo lo que hacía en California, pero ya desde una perspectiva mas
profunda, enraizada en los principios indígenas.
BARRIOZONA: ¿Cuál es su principal motivación en este trabajo que hace?
SALVADOR REZA: Pues para mí la motivación principal —y no comenzó así— yo siempre he estado en contra de la
injusticia desde que llegué aquí (a Estados Unidos), desde que en el primer recreo en la escuela de Ysleta, Texas,
me dieron tres tablazos por hablar español. Desde entonces ya lo traigo en mi ser interno, que no es justo lo que
está pasando. Pero lo que me motiva más a fondo es ver que no conocemos, nos han robado nuestra memoria.
Por ejemplo, hay mucha gente que está luchando por las reformas migratorias sin ver que en realidad —como
ahorita que vamos en el avión* y vez para allá abajo— no hay líneas en la madre tierra; hay líneas naturales como
son los ríos, como son los mares, pero no hay líneas trazadas por el hombre. Entonces, pues tiene uno que
entender que en realidad está luchando para tener la libertad de viajar por toda la madre Tierra sin tener barreras,
porque nosotros en realidad, de la misma manera en que la aves como las golondrinas que migran del norte al sur,
del sur al norte, también lo hemos hecho por miles de años, y simple sencillamente porque algunas mentes
enfermas que inventaron el nacionalismo nos dicen que aquí comienza una nación y que aquí llega otra, en
realidad se olvidaron de que nosotros tenemos nuestros pueblos naturales que van de acuerdo a la tierra y donde
han estado ahí por tiempo inmemorial. Nosotros somos descendientes de esos pueblos, y es algo que nunca se
habla ni se quiere mencionar en los rallies (manifestaciones o mítines) que se hacen, y cuando lo platicas o lo
quieres decir, dicen “no, no hables de eso, eso es del pasado, no tiene que ver nada con eso”, cuando ahí está la
raíz de todo. Desde que se firmó la bula Papal Intercaetera, en donde se dieron las tierras que no eran de nadie a
los países europeos, trajeron sus nacionalismos emergentes porque todos estaban bajo el feudalismo —muchas
de ellos— pero que estaban en el nacionalismo emergente, y lo impusieron aquí. Entonces, todo eso es lo que me
motiva, más que todo es, cuando estás luchando por algo, no puedes estar luchando nomás por fines políticos,
sino que tienes que ir más profundo.
BARRIOZONA: Ya que se estableció en la ciudad de Phoenix, ¿cuál fue la primera problemática que enfrentó y
cómo fue que comenzó un trabajo más específico?
SALVADOR REZA: Más bien la problemática fue cuando comenzaron a llegar quejas de la gente, por ejemplo, en la
escuela Marcos de Niza, en (la ciudad de) Tempe, en donde la escuela, por orden del Superintendente, empezó a
pedirle papeles a la gente, cuando en realidad eso está protegido por a Decisión de la Corte Suprema Plyer vs.
Doe, de que no se le tiene que pedir papeles a los niños; no pueden interferir con la educación de los jóvenes y los
niños. Entonces fuimos con el Superintendente del Distrito de Tempe, y la primera vez que hablamos con él se río
de nosotros —más bien nos trató vulgarmente y mal. Nos dijo “get out of my office” (sálganse de mi oficina), “no los
quiero ver aquí”, bla, bla, bla. Al siguiente día le llevamos a los medios de comunicación y tuvimos una conferencia
de prensa enfrente de la escuela con los padres de los niños y los jóvenes, y denunciamos las violaciones a lo que
dictamina la ley. Con eso, él comenzó a revisar con sus abogados; le dijeron que “la estaba regando”, y dentro de
veinticuatro horas reversó todo y dejo a los jóvenes entrar y quitaron la práctica (de pedir papeles) en ese tiempo.
Hasta ahorita, se me hace que eso es lo único que no han violado (en Arizona), porque ya han violado lo demás,
inclusive la educación superior, también la educación de adultos; ya no se puede entrar ahí sin papeles. Eso (el
incidente en la escuela Marcos de Niza) fue más o menos unos de las primeras cosas que hicimos a nivel político. Ya
al otro nivel, que es el nivel espiritual, fue comenzar a participar en ceremonias con los (Indígenas) Navajos, los
Lacota, que son ceremonias bastante duras, como la “danza del sol”, que más bien nos enseñan de dónde
venimos y nos dan una razón y nos dan la fuerza para salir adelante, porque si nomás se va uno con la política, no
llega a ningún lado.
BARRIOZONA: ¿Cuáles fueron los problemas que vinieron después de la situación en la escuela Marcos de Niza?
SALVADOR REZA: Bueno, bastantes, pequeños, pero uno de los que comenzó la ola inmigrante más fuerte fue
cuando se negaron las licencias de manejar (a los indocumentados), porque en los ochentas (y mediados) de los
noventas, cualquier persona podía sacar licencia de manejar, pero se cambió la ley. Nosotros organizamos unas
protestas en contra de eso, inclusive a una de las protestas fue Don Pedrito —Don Pedro F. Ruiz— que es un viejito
que ya está en los noventa y tantos años. Su hija era la supervisora del DMV (Departamento de Vehículos
Motorizados). Yo lo vi como que no sabía qué hacer, pues estaba su hija ahí, pero como es viejito de la lucha muy
antiguo que anduvo con César Chávez, pero también anduvo de sindicalista en México, hizo lo correcto y protestó
en contra de esa ley, aunque fuera su hija la que tuviera que sacar la cara por el Departamento de Vehículos.
Hasta ése nivel llega, en donde la familia salió de un lado y el otro de otro. Pero desafortunadamente lo de las
licencias pasó y se quedó; nadie lo pudo quitar. Los legisladores meten cada año una nueva (propuesta de) ley
para las licencias, pero saben bien que no va a pasar nada, pero lo hacen para consumo público, porque no tienen
los votos ni el apoyo para poder hacerlo. Nosotros fuimos unos de los primeros que comenzamos con eso de las
protestas contra (la ley de) las licencias de manejo. Ya después vinieron los ataques en contra de los taqueros (de
puesto móvil), en donde iban a quitar a todos los taqueros de la ciudad de Phoenix, supuestamente porque los
negocios de los taqueros estaban contaminando el medio ambiente, eran muy sucios, atraían drogadicción. Todos
los males en la ciudad de Phoenix se los atribuían a los taqueros. Un administrador interpretó una ley que se
aplicaba a los carnavales (ferias de juegos mecánicos), diciendo que los taqueros no podían estar más de cuatro
días en un lugar por trimestre; en otras palabras: cada tres meses podían estar cuatro días en un (mismo) lugar,
cuando algunos ya tenían ahí diez años. Ni siquiera sabían los taqueros que les iban a “cortar la cabeza”, hasta
que lo leí yo de pura casualidad en el (periódico) Arizona Republic. Cuando lo leí me dio mucho coraje —más bien
porque me gustan los tacos, para comenzar— pero también por la injusticia. Ese día comencé a hablar como con
tres o cuatro de los taqueros. Fui hasta donde estaban sus “loncheras” y le dije que si sabían que los iban a
eliminar y me dijeron que no, que no sabían. Les enseñe el artículo (del periódico) y les dije lo que estaba
pasando, y que si querían tener una reunión de emergencia. Dijeron que sí, y nos reunimos ahí en Tonatierra como
sesenta personas. Les dije lo que estaba pasando y (les pregunté) que si querían pelearlo; dijeron que sí. Para el
siguiente día, luego luego invité a Stephen Montoya, que es el abogado que había ganado el caso de (la ciudad)
Chandler, cuando las redadas (de indocumentados en 1997). Vino Stephen y nos dijo que la Ciudad de Phoenix
legalmente podía hacer lo que estaba haciendo, pero que políticamente pudieran ganar el caso —que yo lo sabía—,
entonces sugirió, por ejemplo, a varias gentes que le dijeron que les podían ayudar. Yo le dije “no, lo que
necesitamos es que tú nos apoyes legalmente y nosotros nos encargamos de la parte política”, porque yo no
quería que nos maniobraran como siempre lo hacen. Entonces fuimos y pusimos una apelación a la última hora del
último día antes que se implementara la ordenanza y la apelamos a la Ciudad de Phoenix. Cuando eso pasa,
tienen que mandarla al Board of Adjustments (Junta de Ajustes) y eso generalmente se toma mes y medio, dos
meses, para que hagan esos ajustes. En ese tiempo, (la asociación de) los vecindarios —que en realidad en ese
tiempo eran Donna Neill y Paul Barnes— los mismos racistas de hoy eran los que estaban manejando lo de los
vecindarios y nosotros llevábamos gente a sus reuniones; eran diez de ellos y nosotros llevábamos sesenta o
setenta taqueros. Al final de cuentas, Tupac (Enrique Acosta, de Tonatierra) les sugirió que habláramos vecindarios
con taqueros para ver cómo podíamos trabajar juntos y que dejáramos (al gobierno) de la Ciudad a un lado.
Vinieron a la reunión como unos diez o doce de ellos; los racistas no volvieron, pero se quedaron ahí un equipo
como de cuatro, ya después se redujo a dos que eran Alma Williams y Paul Barnes. Por año y medio negociamos la
ordenanza y finalmente hicimos acuerdos que sometimos (al gobierno de) la Ciudad juntos, y la Ciudad ya la pasó,
lo que está ahorita (implementado) y la ordenanza que se conoce como la Ordenanza de Venta Móvil. Cuando me
dijeron los de la Ciudad que si cuánta gente esperábamos para la última reunión donde se aprobaba o no se
aprobaba la ordenanza en el Concilio, le dije que iban a llegar unos mil. No me creían, pero llegaron como más de
mil; llenamos los dos lados (del cuarto de juntas). Para mí, como lo veía, los taqueros —sin saberlo—están
organizados como se organizaban los Calpullis, porque están organizados en familias, y una “lonchera” le da de
comer a seis familias entre primos, tíos, lo que sea, y entre ellos cada familia mexicana son (de) 10 a 15 (miembros)
y nomás con los que tenía contando, diremos que cada “troca” (camión de comida móvil) trajera 60 personas
mínimo, eran como 70 o 80 trocas, entonces imaginé que fácilmente van a llegar mil. Lo más bonito de todo eso es
que iban las señoras con los niños. Me decían las señoras: “es que a mi hijo todavía le doy leche” (lo
amamantaba). Yo les decía, “no le hace señora, llévelo ahí, y enfrente de los “gabachos” cuando la estén mirando,
déle de comer (a su hijo), ahí préndaselo.” Entonces no sabían qué hacer los del concilio. Al final eso fue lo que
cambió a muchos de los Concejales porque los vieron que eran familias y cambió la relación. Además, (el gobierno
de la) Ciudad de Phoenix se vio bien de los dos lados. Esa fue una lucha bastante interesante. Después de esa se
vinieron los jornaleros, que nos pidieron que les ayudáramos también. Fui a ver lo que estaba pasando ahí en el
Norte (de la ciudad) y nos organizamos otra vez y llegó hasta donde finalmente nos dieron el Centro de Trabajo
(Macehualli). Yo le decía la Ciudad que no se metiera, que nomás nos diera permiso, pero querían tener el control,
que después se arrepintieron, porque se les echaron encima los racistas. Ahorita el Centro de Trabajo les sirve
demasiado, pero políticamente no quieren estar relacionados porque lo ven como que los afecta por la ola anti-
inmigrante que hay.
* La entrevista se realizó en un vuelo de avión desde Phoenix, Arizona, a la Ciudad de México.