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Salvador Reza: organizador desde la raíz
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA

Mayo 8, 2007

Phoenix, Arizona – Barriozona: ¿Cómo se comienza a involucrar Salvador Reza en el ambiente laboral de Phoenix,
Arizona?

Salvador Reza: Aquí en Arizona específicamente yo he estado involucrado en los derechos del pueblo. En mayo de 1992
pasamos por aquí en una carrera
[1] que salió desde Alaska hasta la Ciudad de México —Teotihuacan. Yo venía en la
carrera pero venía corriendo desde San Bernardino, California, en un tributario, en una parte que le llaman “de lado”, y
cuando crucé por aquí por Arizona me di cuenta de que aquí hay mucha energía, hay mucha fuerza de la misma tierra, de
la naturaleza, pero también de los pueblos indígenas. Y eso es lo que me atrajo especialmente para acá, aunque de
hecho los abusos a nuestro pueblo están en todos lados. Ya me quedé aquí en (la organización) Tonatierra
[2] y seguí
haciendo lo que hacía en California, pero ya desde una perspectiva más profunda, enraizada en los principios indígenas.

Barriozona: ¿Cuál es su principal motivación en este trabajo que hace?

SR: Pues para mí la motivación principal —y no comenzó así— yo siempre he estado en contra de la injusticia desde
que llegué aquí (a Estados Unidos), desde que en el primer recreo en la escuela de Ysleta, Texas, me dieron tres
tablazos por hablar español. Desde entonces ya lo traigo en mi ser interno, que no es justo lo que está pasando. Pero lo
que me motiva más a fondo es ver que no conocemos, nos han robado nuestra memoria. Por ejemplo, hay mucha gente
que está luchando por las reformas migratorias sin ver que en realidad —como ahorita que vamos en el avión* y vez
para allá abajo— no hay líneas en la Madre Tierra; hay líneas naturales como son los ríos, como son los mares, pero no
hay líneas trazadas por el hombre. Entonces, pues tiene uno que entender que en realidad está luchando para tener la
libertad de viajar por toda la Madre Tierra sin tener barreras, porque nosotros en realidad, de la misma manera en que la
aves como las golondrinas que migran del norte al sur, del sur al norte, también lo hemos hecho por miles de años, y
simple sencillamente porque algunas mentes enfermas que inventaron el nacionalismo nos dicen que aquí comienza
una nación y que aquí llega otra, en realidad se olvidaron de que nosotros tenemos nuestros pueblos naturales que van
de acuerdo a la tierra y donde han estado ahí por tiempo inmemorial. Nosotros somos descendientes de esos pueblos,
y es algo que nunca se habla ni se quiere mencionar en los
rallies (manifestaciones o mítines) que se hacen, y cuando
lo platicas o lo quieres decir, dicen “no, no hables de eso, eso es del pasado, no tiene que ver nada con eso”, cuando
ahí está la raíz de todo. Desde que se firmó la bula papal Inter caetera
[3], en donde se dieron las tierras que no eran de
nadie a los países europeos, trajeron sus nacionalismos emergentes porque todos estaban bajo el feudalismo —
muchos de ellos— pero que estaban en el nacionalismo emergente, y lo impusieron aquí. Entonces, todo eso es lo que
me motiva, más que todo es, cuando estás luchando por algo, no puedes estar luchando nomás por fines políticos, sino
que tienes que ir más profundo.

Barriozona: Ya que se estableció en la ciudad de Phoenix, ¿cuál fue la primera problemática que enfrentó y cómo fue que
comenzó un trabajo más específico?  

SR: Más bien la problemática fue cuando comenzaron a llegar quejas de la gente, por ejemplo, en la Escuela
(Preparatoria) Marcos de Niza, en (la ciudad de) Tempe, en donde la escuela, por orden del superintendente, empezó a
pedirle papeles a la gente, cuando en realidad eso está protegido por la Corte Superior, de que no se le tiene que pedir
papeles a los niños; no pueden interferir con la educación de los jóvenes y los niños. Entonces fuimos con el
superintendente del Distrito de Tempe, y la primera vez que hablamos con él se río de nosotros —más bien nos trató
vulgarmente y mal. Nos dijo “
get out of my office” (sálganse de mi oficina), “no los quiero ver aquí”, bla, bla, bla. Al
siguiente día le llevamos a los medios de comunicación y tuvimos una conferencia de prensa enfrente de la escuela con
los padres de los niños y los jóvenes, y denunciamos las violaciones a lo que dictamina la ley. Con eso, él comenzó a
revisar con sus abogados; le dijeron que “la estaba regando”, y dentro de veinticuatro horas reversó todo y dejó a los
jóvenes entrar y quitaron la práctica (de pedir papeles) en ese tiempo. Hasta ahorita, se me hace que eso es lo único
que no han violado (en Arizona), porque ya han violado lo demás, inclusive la educación superior, también la educación
de adultos; ya no se puede entrar ahí sin papeles. Eso (el incidente en la escuela Marcos de Niza) fue más o menos
unos de las primeras cosas que hicimos a nivel político. Ya al otro nivel, que es el nivel espiritual, fue comenzar a
participar en ceremonias con los (Indígenas) Navajos, los Lacota, que son ceremonias bastante duras, como la “Danza
del Sol”, que más bien nos enseñan de dónde venimos y nos dan una razón y nos dan la fuerza para salir adelante,
porque si nomás se va uno con la política, no llega a ningún lado.

Barriozona: ¿Cuáles fueron los problemas que vinieron después de la situación en la escuela Marcos de Niza?

SR: Bueno, bastantes, pequeños, pero uno de los que comenzó la ola inmigrante más fuerte fue cuando se negaron las
licencias de manejar (a los indocumentados), porque en los 80s (y mediados) de los 90s, cualquier persona podía
sacar licencia de manejar, pero se cambió la ley. Nosotros organizamos unas protestas en contra de eso, inclusive a
una de las protestas fue Don Pedrito —Don Pedro F. Ruiz— que es un viejito que ya está en los noventa y tantos años.
Su hija era la supervisora del DMV (Departamento de Vehículos Motorizados). Yo lo vi como que no sabía qué hacer,
pues estaba su hija ahí, pero como es viejito de la lucha muy antiguo que anduvo con César Chávez, pero también
anduvo de sindicalista en México, hizo lo correcto y protestó en contra de esa ley, aunque fuera su hija la que tuviera que
sacar la cara por el Departamento de Vehículos. Hasta ése nivel llega, en donde la familia salió de un lado y él otro de
otro. Pero desafortunadamente lo de las licencias pasó y se quedó; nadie lo pudo quitar. Los legisladores meten cada
año una nueva (propuesta de) ley para las licencias, pero saben bien que no va a pasar nada, pero lo hacen para
consumo público, porque no tienen los votos ni el apoyo para poder hacerlo. Nosotros fuimos unos de los primeros que
comenzamos con eso de las protestas contra (la ley de) las licencias de manejo. Ya después vinieron los ataques en
contra de los taqueros (de puesto móvil), en donde iban a quitar a todos los taqueros de la ciudad de Phoenix,
supuestamente porque los negocios de los taqueros estaban contaminando el medio ambiente, eran muy sucios,
atraían drogadicción. Todos los males en la ciudad de Phoenix se los atribuían a los taqueros. Un administrador
interpretó una ley que se aplicaba a los carnavales (ferias de juegos mecánicos), diciendo que los taqueros no podían
estar más de cuatro días en un lugar por trimestre; en otras palabras: cada tres meses podían estar cuatro días en un
(mismo) lugar, cuando algunos ya tenían ahí diez años. Ni siquiera sabían los taqueros que les iban a “cortar la cabeza”,
hasta que lo leí yo de pura casualidad en el (periódico)
The Arizona Republic. Cuando lo leí me dio mucho coraje —más
bien porque me gustan los tacos, para comenzar— pero también por la injusticia. Ese día comencé a hablar como con
tres o cuatro de los taqueros. Fui hasta donde estaban sus “loncheras” y les dije que si sabían que los iban a eliminar y
me dijeron que no, que no sabían. Les enseñé el artículo (del periódico) y les dije lo que estaba pasando, y que si
querían tener una reunión de emergencia. Dijeron que sí, y nos reunimos ahí en Tonatierra como 60 personas. Les dije
lo que estaba pasando y (les pregunté) que si querían pelearlo; dijeron que sí. Para el siguiente día, luego luego invité a
Stephen Montoya, que es el abogado que había ganado el caso de (la ciudad) Chandler, cuando las redadas (de
indocumentados en 1997). Vino Stephen y nos dijo que la Ciudad de Phoenix legalmente podía hacer lo que estaba
haciendo, pero que políticamente pudieran ganar el caso —que yo lo sabía—, entonces sugirió, por ejemplo, a varias
gentes que le dijeron que les podían ayudar. Yo le dije “no, lo que necesitamos es que tú nos apoyes legalmente y
nosotros nos encargamos de la parte política”, porque yo no quería que nos maniobraran como siempre lo hacen.
Entonces fuimos y pusimos una apelación a la última hora del último día antes que se implementara la ordenanza y la
apelamos a la Ciudad de Phoenix. Cuando eso pasa, tienen que mandarla al
Board of Adjustments (Junta de Ajustes) y
eso generalmente se toma mes y medio, dos meses, para que hagan esos ajustes. En ese tiempo, (la asociación de)
los vecindarios —que en realidad en ese tiempo eran Donna Neill
[4] y Paul Barnes [5] — los mismos racistas de hoy eran
los que estaban manejando lo de los vecindarios y nosotros llevábamos gente a sus reuniones; eran diez de ellos y
nosotros llevábamos 60 o 70 taqueros. Al final de cuentas, Tupac
[6] (Enrique Acosta, de Tonatierra) les sugirió que
habláramos vecindarios con taqueros para ver cómo podíamos trabajar juntos y que dejáramos (al gobierno) de la
Ciudad a un lado. Vinieron a la reunión como unos diez o doce de ellos; los racistas no volvieron, pero se quedaron ahí
un equipo como de cuatro, ya después se redujo a dos que eran Alma Williams
[7] y Paul Barnes. Por año y medio
negociamos la ordenanza y finalmente hicimos acuerdos que sometimos (al gobierno de) la Ciudad juntos, y la Ciudad
ya la pasó, lo que está ahorita (implementado) y la ordenanza que se conoce como la Ordenanza de Venta Móvil. Cuando
me dijeron los de la Ciudad que si cuánta gente esperábamos para la última reunión donde se aprobaba o no se
aprobaba la ordenanza en el Concilio, le dije que iban a llegar unos mil. No me creían, pero llegaron como más de mil;
llenamos los dos lados (del cuarto de juntas). Para mí, como lo veía, los taqueros —sin saberlo— están organizados
como se organizaban los Calpullis
[8], porque están organizados en familias, y una “lonchera” le da de comer a seis
familias entre primos, tíos, lo que sea, y entre ellos cada familia mexicana son (de) 10 a 15 (miembros) y nomás con los
que tenía contados, diremos que cada “troca” (camión de comida móvil) trajera 60 personas mínimo, eran como 70 o 80
trocas, entonces imaginé que fácilmente van a llegar mil. Lo más bonito de todo eso es que iban las señoras con los
niños. Me decían las señoras: “es que a mi hijo todavía le doy leche” (lo amamantaba). Yo les decía, “no le hace señora,
llévelo ahí, y enfrente de los “gabachos” cuando la estén mirando, dele de comer (a su hijo), ahí préndaselo.” Entonces
no sabían qué hacer los del Concilio. Al final eso fue lo que cambió a muchos de los concejales porque los vieron que
eran familias y cambió la relación. Además, (el gobierno de la) Ciudad de Phoenix se vio bien de los dos lados. Esa fue
una lucha bastante interesante. Después de esa se vinieron los jornaleros, que nos pidieron que les ayudáramos
también. Fui a ver lo que estaba pasando ahí en el Norte (de la ciudad) y nos organizamos otra vez y llegó hasta donde
finalmente nos dieron el Centro de Trabajo (Macehualli)
[9]. Yo le decía la Ciudad que no se metiera, que nomás nos
diera permiso, pero querían tener el control, que después se arrepintieron, porque se les echaron encima los racistas.
Ahorita el Centro de Trabajo les sirve demasiado, pero políticamente no quieren estar relacionados porque lo ven como
que los afecta por la ola anti-inmigrante que hay.

* La entrevista se realizó durante un vuelo de tres horas en avión desde Phoenix hasta México, D.F.

Notas:
1 Salvador Reza se refiere a la carrera de las Jornadas Paz y Dignidad realizada en 1992, cuando se cumplieron 500 años de la llegada de
Cristóbal Colon al Continente Americano.

2
Tonatierra, Indigenous Peoples Community Development Organization (Organización de Pueblos Indígenas para el Desarrollo
Comunitario) con sede en la Ciudad de Phoenix, Arizona.

3 Bula papal Inter caetera, promulgada el 4 de mayo de 1493 en Roma por el papa Alejandro VI. La bula fijo límites entre los países de
España y Portugal en relación a las regiones entonces conocidas como el Nuevo Mundo (Continente Americano). Los Pueblos Indígenas
consideran ese acto una violación a sus derechos cósmicos y a los derechos humanos de Occidente.

4 Donna Neill, directora del Neighborhood Activists Inter-Linked Empowerment Movement —N.A.I.L.E.M. (Movimiento de Fortalecimiento a
Activistas de Barrio Inter-Vinculados.)

5 Paul Barnes, Director de la Neighborhood Coalition of Greater Phoenix (Coalición de Barrios de Phoenix y sus Alrededores), e integrante
de algunos grupos locales de presión.

6  
Tupac Enrique Acosta, miembro fundador y ccordinador de Tonatierra.

7 Alma Williams, fundadora de la Green Gables Neighborhood Association (Asociación del Barrio Green Gables en Phoenix, Arizona.)

8 Calpulli, palabra de la lengua Náhuatl que se refiere a una familia numerosa o a un grupo de familias que desempeñaban una función
especifica en tiempos precolombinos (sacerdotal, guerrera, etc.). En la cultura azteca, un calpulli era una de las organizaciones sociales
más importantes.

9 El
Centro de Trabajo “Macehualli” (Day Labor Center) —localizado en la ciudad de Phoenix en la Calle 25 y el camino Bell— fue abierto
el primero de febrero del 2003. El gobierno de la Ciudad de Phoenix contribuyó aproximadamente con 120 mil dólares para el terreno, las
cercas, estructuras de sombra, mesa, agua y baños. El Centro recibe contribuciones de agencias locales sin fines de lucro, y el coordinador
del mismo es Salvador Reza. El Centro está abierto de todos los días de la semana 5:00am a las 2:00pm, y es utilizado para dar a los
jornaleros y a empleadores potenciales un lugar seguro para negociar acuerdos de trabajo, al tiempo que evita que los trabajadores
deambulen en lugares dispersos.


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La crónica contemporánea de la lucha por la defensa de los inmigrantes en Arizona sería imposible de
comprenderse sin dar una mirada al profuso y difícil trabajo de Salvador Reza.