Salvador Reza: Aprender del Pueblo
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En un ambiente social en el que ser
activista ha degenerado en una
tendencia de moda, Salvador Reza
destaca la eminencia y la efectividad
de la organización a nivel familias.
Foto: Yolie Hernandez | Barriozona
Phoenix, Arizona - Barriozona: Aquí en el ambiente social de Arizona
y en muchos lugares se oyen las palabras “activista” y “activismo”,
pero no se ve que exista la misma efectividad en todos los que
proclaman hacer activismo. En su opinión, habiendo trabajado ya en
varios lugares, y en diferentes circunstancias y problemas, cuáles
elementos considera que realmente traen éxito a cualquier acción
que se le llame “activismo”.
SR: Bueno, te voy a decir lo que me dice un amigo mío, Wing Lam [10],
del Chinatown (de Nueva York) cada vez que usa uno la palabra
“activista”; dice: “Yo no quiero activistas, porque los activistas
nomás se activan por un tema y luego se pasa el tema y ya ‘se
mueren’ y ya no están ahí”. Él dice que prefiere “organizadores”,
gente que organice. Yo pienso que el organizar, a la larga, implica
trabajar y no necesariamente estar en la vista pública todo el
tiempo, sino que tienes que trabajar en el “trabajo de hormiga”,
como quien dice. Tienes que estar yendo a diario los centros de
trabajo, a las esquinas, con los taqueros, viendo cuál es su
problema, de algo que está pasando, tratando de no nomás ser
alguien de pasada. Yo hablé con Ernesto Galarza [11] antes de que se
muriera, cuando yo todavía estaba en la universidad en los setentas,
y una de las cosas que Ernesto Galarza nos dijo es que, si quieres
organizar un lugar, mínimo, mínimo, tienes que durar diez años para
que la comunidad te tenga confianza. No es cosa de que nomás
surges y luego te vas, tienes que estar ahí en los barrios. Yo pienso
que la organización tiene que ser no una organización política o de
barrio, tiene que ser organización de familias en diferentes barrios
en donde, por ejemplo, en el barrio del Distrito Murphy, ya hay ahí
toda una actividad, todo un tipo de defensa. No va uno a inventarlo
de nuevo, sino simple y sencillamente a estar ahí para contribuir con
lo que uno puede. Con lo que uno puede contribuir es con lo que uno
conoce de los gobiernos, con lo que uno conoce de cómo se trabaja
la política al nivel estatal, al nivel federal, y no necesariamente
nomás ir para que de pronto uno llegue a decir, “bueno mira, yo
represento a esta gente”, pero en realidad ni los representas ni
nada porque nomás los sacaste a una marcha y después de la
marcha nunca los volviste a ver hasta la siguiente marcha, pero no
bregaste con que si necesitan pavimento, con que si necesitan
banquetas, que si necesitan maestros que nos los abusen en las
escuelas; todo lo que implica una comunidad en el barrio, y eso viene
de las familias, y si no trabajas con las familias no sabes lo que está
pasando. Es como yo lo miro. Yo he estado en organizaciones
gigantes, jerárquicas, que al final de cuentas dicen que vienen de
abajo para arriba, de grassroots, pero en realidad más bien son
organizaciones que traen la mentalidad de misioneros; en otras
palabras, ellos tienen la fórmula y van a ir con su fórmula para liberar
a “los pobrecitos”. El otro día estaba hablando sobre Pablo Freire [12]
en la educación popular, y me preguntaron qué pensaba yo. Les dije
que el error que yo veía en Pablo Freire, es que no iban a aprender
de las comunidades que supuestamente iban a liberar, y en realidad
nomás iban a ver cómo trabajaban, cómo funcionaban para poder
llevarlos, para cumplir con sus fines como ellos los veían. Y ese es el
error que pasó con (el Subcomandante) Marcos cuando entró a
Chiapas; él creía que iba a organizar a los Pueblos Mayas
Zapatistas, y en realidad ellos lo organizaron a él. Le enseñaron
cómo ser de veras socialista o colectivo, porque ellos ya lo hacen
colectivamente. Uno puede aprender mucho del pueblo, si va uno a
aprender con el pueblo, no necesariamente a tratar de decirles con
tu fórmula, estilo misionero: “yo te voy a salvar porque tú no sabes
cómo salvarte a tí mismo”.
Barriozona: En los últimos años, todos estos brotes de racismo y de
rechazo, específicamente en contra de la comunidad inmigrante y
como ya lo mencionó —los problemas de los estudiantes en las
escuelas, los taqueros, los jornaleros— se llegó a lo que estamos
viviendo, que ya se puede considerar un movimiento más enérgico.
Sin embargo, se ha visto que parte del mismo movimiento ha sido
inefectivo. En su opinión, ¿qué es lo que le falta a este despertar
que la gente inmigrante está buscando, cuáles son los elementos
para que pudiera encauzarse a algo más efectivo?
SR: Lo que pasa —y es como yo lo miro— es que toda la gente sabe
que quiere papeles y que quieren trabajar a gusto, pero lo que no
saben es por qué están marchando, porque nosotros no estamos
dictando las leyes; estamos reaccionado a leyes que dicta la
ultraderecha. (El grupo de) los Minuteman, que nunca fueron
autónomos ni un movimiento que salió de la nada, sino que fue un
movimiento bien financiado, bien orquestado desde las altas
esferas; ahorita ya, por ejemplo, han penetrado sectores fuertes de
la legislatura estatal que son los que están saliendo con las leyes
anti-inmigrantes. A la misma vez, penetraron el Partido Republicano
a nivel federal, en donde las propuestas (de ley) federales las están
empujando ellos. Sin embargo, nosotros no hemos logrado llegar a
poner nuestras propias propuestas ni empujar nuestros propios
intereses, porque no sabemos ni lo que queremos. Lo que quiero
decir con esto es —nomás en Phoenix— tienes Legisladores de
descendencia mexicana que salen como que están encabezando las
marchas, sin embargo, cuando toman los votos ahí en la Legislatura,
votan por sanciones a los empleadores (que contratan
indocumentados), supuestamente para castigar a los empleadores
por el maltrato que le dan al (trabajador) migrante, sin embargo muy
bien saben que lo que están haciendo es jugándole el juego a la
ultraderecha, porque el que va a recibir los malos tratos, los abusos
y todo lo demás, es el migrante, que va a ser abusado aún más por
los patrones. De todos modos lo van a ocupar (en un empleo), pero
le van a pagar menos, no le van a pagar o lo van a utilizar. Al no
saber a dónde vamos ni qué queremos, llegan gentes que les dicen:
“no, nosotros lo que queremos es un permiso de trabajo”. Bueno, a
un jornalero recién llegado (a Estados Unidos), que lo anda
persiguiendo la policía por la (Avenida) 36 y la Thomas o en (la
ciudad) de Chandler o por donde sea, y que lo andan hostigando,
para él un permiso de trabajo es magnífico, pero lo que no le dicen
es que él no va a calificar para un permiso de trabajo porque él no
tiene un patrón estable. De acuerdo a la propuesta —como se
propone la ley— es que tiene que estar atado a un patrón estable y
que viene desde los Think Tanks (organizaciones o institutos de
investigación y defensa social) de la derecha, que pone lo que vas a
aceptar y no es aceptable. Nosotros nomás reaccionamos a eso y
reaccionamos diciendo: “sí, nos conformamos con esto”. Ahora, no
hay un análisis profundo de qué es lo que podemos o no podemos
hacer, y hasta qué punto podemos nosotros —con o sin papeles—
influenciar, si no directamente por el voto, indirectamente. Muchas de
las veces se hacen movimientos de marchas y todo eso, pero en
realidad son marchas que llevan dos mensajes; lleva un mensaje de
unos de que queremos ciudadanía y otros que nomás queremos
permiso de trabajo. Y los que llevan el mensaje que son los que
quieren nomás el permiso de trabajo, son los que van a ser
escuchados por la ultraderecha, y probablemente son los que se van
a llevar su capital político en ese nivel. Pero el (resto) del pueblo se
va a quedar peor, porque lo que entra con eso va a ser la
criminalización de miles y miles de personas, que si creen que ahorita
estamos perseguidos con “la migra”, espérense que pase esa
(propuesta) de la ley Strive Act [13]. Vamos a ser súper perseguidos
veinte veces más, en donde te van a levantar de las paradas de
camión, te van a levantar de las calles, te van levantar de las
esquinas, te van levantar del lugar del trabajo, todo por mantener
siempre el miedo en contra de nosotros. Por eso, para mí, lo que
falta es que no nomás se peleé por lo que se puede lograr, sino que
se peleé por lo que de veras la gente quiere. Cuando salen millones
y millones de gente como lo hicieron (en varias ciudades del país a
las marchas) el año pasado (2006), nunca se le preguntó a esa
gente qué es lo que quiere. Se le dijo lo que se podía agarrar, pero
nunca se le preguntó lo que quiere. En esta marcha que acaba de
pasar (Mayo 1, 2007), a nadie se le preguntó qué es lo que quiere;
se le dijo que es lo que se estaba buscando, pero no se le preguntó
qué es lo que quiere. Y si no tenemos una consulta en donde de
verdad estamos representando lo que el pueblo quiere, pues
entonces estamos mal. Ahora, si la gente dice: “bueno, sí queremos
un permiso de trabajo”, estoy seguro que van a decir: “queremos un
permiso de trabajo, pero sin estar atados a un patrón”, ya esa es
una ganancia. Y si podemos lograr que los legisladores acepten eso,
ya es una ganancia. Yo casi nunca pierdo en las batallas políticas; de
vez en cuando pierdo, pero casi nunca —perdí con la Gobernadora
(Janet Napolitano) el año pasado (2006). Lo que uno tiene que
analizar primero es qué quiere la gente y después empujarlo hasta
donde se pueda, pero no comenzar desde “no, pues nomás voy a
pedir esto porque es todo lo que quiero; es el único pedacito de
pastel que me van a dar y es todo lo que voy a agarrar.” Eso es fácil
de hacer cuando en realidad no tienes una consulta con la gente,
cara a cara, a diario. Por ejemplo, cualquier cosa que yo haga, de
una manera u otra afecta directamente a los jornaleros en el Centro
de Trabajo (Macehualli) pero también (a los que están) en las
esquinas, y tiene uno que estar consciente de eso todo el tiempo,
porque es muy fácil decir: “sabes qué, sí, pues está bien, un permiso
de trabajo estaría bien”, pero en el proceso estás eliminando de por
si a 118 mil jornaleros que están en la calle diariamente, pero en
realidad se traduce en quizás 500 mil jornaleros. No nomás a ellos,
estás afectando a toda esa gente que se va quedar entre trabajos,
estás afectando a toda esa gente que de una manera o de otra va a
estar buscada, perseguida con nuevas leyes que van a ser a los
policías “migras”. Para uno aceptar eso, tiene que estar consciente
que el pueblo sabe las consecuencias de lo que uno está aceptando.
Y no creo que haya esa consulta, es como proselitismo, es como que
ellos son los intelectuales, los inteligentes, y el pueblo no sabe nada,
entonces van a decir al pueblo lo que es mejor para ellos.
Desafortunadamente eso es lo que pasa, y como no tenemos ni los
medios de comunicación controlados, ni nada controlado, ellos sí; los
ultraderechistas pueden manipular el mensaje, mandar el mensaje,
mandar el mensaje, mandar el mensaje, hasta que de pronto
cualquier norteamericano ve a un mexicano en la calle pidiendo
trabajo y va a decir: “ese es un cochino, ese viene a robarme mi
casa, ese viene a vender drogas”. Y el mensaje lo mandan a diario, a
diario, a diario, a diario, diario, diario. Nosotros no tenemos la
manera de contrarrestarlo, y cuando tenemos programas para
contrarrestarlo, en lugar de contrarrestarlo le seguimos el juego a la
misma gente que nos está tirando el mismo mensaje en los canales
norteamericanos.
La entrevista se realizó durante un vuelo de tres horas en avión desde
Phoenix hasta México, D.F.
Notas:
10 Wing Lam, Director Ejecutivo de la Chinese Staff and Workers’ Association
(Asociación de Personal y Trabajadores Chinos, en Nueva York). Inmigrante
chino él mismo, ha estado involucrado con sindicatos de trabajadores desde
finales de la década de los setenta, y ha peleado en contra de la
discriminación de trabajadores chinos.
11 Ernesto Galarza (1905-1984). Hijo de inmigrantes mexicanos que llegó a
ser un destacado organizador laboral, historiador, profesor y activista
comunitario en Estados Unidos.
12 Pablo (Paulo) Freire (1921-1997), educador brasileño, famoso por su
controversial método para enseñar a leer y a escribir a través de materiales
visuales y enseñando acerca de la auto-percepción y los problemas
comunitarios.
13 Strive Act (Ley de Seguridad a través de una Inmigración Regularizada y
una Economía Vibrante de 2007), que se abrevió como "STRIVE Act of 2007".
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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