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Phoenix, Arizona – Poco después de que Vicente Fox y George W. Bush tomaron posesión como presidentes, ellos
tuvieron su primer encuentro en México el 16 de febrero de 2001. En aquella fecha, ambos mandatarios se mostraban
listos y dispuestos a trabajar juntos en términos de una nueva y más amplia relación.
Durante su entrevista, el presidente mexicano habló abiertamente acerca de su audaz visión a largo plazo en lo que
parecía una nueva era para ambos países. Fox visualizó un Mercado Común Norteamericano, el libre movimiento laboral,
y aún la posibilidad de una moneda única. Bush ofreció su propia visión en términos de objetivos más concretos y a corto
plazo: formular respuestas para enfrentar la compleja y complicada problemática de la inmigración indocumentada y el
tráfico de estupefacientes.
Seis meses después, cuando ambos presidentes se reunieron más formalmente el 5 de septiembre, el Presidente Fox
llegó a Washington buscando como prioridad en su agenda una amnistía general para los millones de mexicanos que
viven sin documentos en los Estados Unidos. El Presidente Bush respondió a esta propuesta diciendo que un nuevo
acuerdo migratorio era improbable. Mientras que el mandatario estadounidense se opuso a la idea de una amnistía
completa, él consideró la expansión de un programa de trabajadores temporales, el cual hubiera eventualmente
permitido a los mexicanos viviendo sin estatus legal comenzar un proceso hacia la residencia legal.
Fox y Bush también discutieron medidas en contra del tráfico de enervantes y un programa de control fronterizo. Bush
dejó en claro desde su primer encuentro con Fox en México que él creía no en un concepto de fronteras abiertas –como
Fox deseaba– sino en proteger la frontera, en cambio. A menos de una semana después del encuentro del 5 de
septiembre entre ambos presidentes, los ataques terroristas del 11 de septiembre estancaron las negociaciones
bilaterales entre México y Estados Unidos, y eventualmente dificultaron los planes que ambos países habían
contemplado; algunos de los objetivos propuestos nunca llegaron a materializarse por el resto de la administración
Bush.
Para los Estados Unidos, la prioridad crucial después del 11 de septiembre giró alrededor de ampliar el alcance de sus
mecanismos de seguridad y defensa del país. El 12 de marzo de 2002, el Presidente Bush creó el Departamento de
Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés), el cual vino a formar parte de su gabinete, y
se le asignó la responsabilidad de proteger el territorio estadounidense de ataques terroristas, y de responder a
desastres naturales. En contraste con el Departamento de Defensa –el cual se encarga de acciones militares en el
extranjero– el DHS fue establecido para operar en un contexto civil y proteger dentro de las fronteras de Estados Unidos,
a lo largo de ellas, y fuera de ellas.
Ocho años después del primer encuentro Fox-Bush, el asunto de la seguridad fronteriza con México, y no el asunto de
inmigración, ha venido a ser nuevamente la más alta prioridad de la agenda de seguridad doméstica del Presidente
Obama. Esta vez, la principal preocupación no son terroristas Islámicos, sino la alarmante violencia relacionada a la
guerras de los cárteles de drogas en México. Aún antes de que Obama tomara posesión como presidente, el ex
Secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Michael Chertoff declaró el 8 de enero de 2009, que los Estados
Unidos han desarrollado planes para un “aumento” de fuerzas civiles y tal vez militares de esparcirse el derramamiento
de sangre del otro lado de la frontera.
En una entrevista telefónica con el diario de The New York Times, Chertoff declaró que “Completamos un plan de
emergencia para la violencia en la frontera, de manera que si tuviéramos un desbordamiento de importancia, nosotros
tenemos un aumento — si puedo usar esa palabra — en la capacidad de traer no solamente nuestros propios recursos
sino también trabajar en conjunto con el Departamento de Defensa”.
El Washington Post, otro diario estadounidense, publicó el 22 de marzo que “el Presidente Obama está finalizando sus
planes de trasladar agentes federales, equipo y otros recursos a la frontera con México para respaldar la campaña del
presidente mexicano, Felipe Calderón, en contra de los violentos carteles de la droga, de acuerdo a funcionarios de
seguridad estadounidense”.
En base a la información del diario capitalino, tan pronto como esta semana funcionarios de la administración de Obama
anunciarían “medidas enérgicas en contra del suministro de armamento y dinero en efectivo desplazándose desde
Estados Unidos a México, mismo que ayuda a sostener a los narcotraficantes de ese país”.
El posible anuncio de estos planes, agrega el prestigiado diario, puede haber sido fijado para coincidir con el viaje
programado de la Secretaria de Estado Hillary Clinton a México este miércoles 25 de marzo. Dos otros miembros claves
del gabinete, el Procurador General Eric H. Holder, y la Secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano, están
programados a visitar México la próxima semana.
Los alarmantes niveles de violencia relacionada al tráfico de drogas en el país de México han llevado a funcionarios
mexicanos a reforzar la presencia militar a lo largo de la frontera. El primero de marzo, cerca de 2,000 soldados arribaron
a Ciudad Juárez, en el estado norteño de Chihuahua. Juárez está ubicada al otro lado de la ciudad de El Paso, Texas;
ambas ciudades comparten la frontera entre México y Estados Unidos. Autoridades mexicanas han reconocido que las
agencias policiales locales han sido rebasadas en tamaño ante la creciente actividad criminal. Además de proveer una
mayor presencia militar, las tropas han sido asignadas a tomar el control de las funciones policiacas, llevar a cabo
patrullajes en las calles, y a establecer puntos de revisión en las carreteras.
Ciudad Juárez has sido particularmente asediada con la violencia del tráfico de enervantes. Sicarios de cárteles de droga
rivales se ha estado disputando esta zona, uno de los corredores más estratégicos para el contrabando de drogas hacia
los Estados Unidos. Según datos, solamente en febrero de este año, 250 personas fueron asesinadas en Juárez en
incidentes relacionados al narcotráfico. En el 2008, hubo aproximadamente 1,600 asesinatos en la ciudad, mientras que
cifras extraoficiales ponen el número de asesinatos en el país durante el mismo año en más de 6,000.
La intensificación de la violencia es el resultado de la agresiva ofensiva del gobierno de México en contra de los
poderosos cárteles de la droga. Desde que tomó posesión de la presidencia, el Presidente Felipe Calderón ha
empleado tanto al ejército como a la policía federal para combatir a las organizaciones de narcotraficantes en México.
Como parte de este combate, los esfuerzos de la administración de Calderón han desplegado a 45,000 soldados y a
5,000 oficiales de policía a través del país. En la manera que las acciones del gobierno de México han provocado el
surgimiento de enfrentamientos a tiros entre soldados y narcotraficantes, también han desatado una brutal
contraofensiva de los cárteles de droga, lo que ha generado a su vez los combates sangrientos actuales.
Al intervenir en desplegar agentes federales y equipo a lo largo de la frontera, la principal preocupación de la
administración de Obama se basa en el desbordamiento hacia Estados Unidos de las guerras por la droga en México.
Ciudades de estados colindantes con la frontera han estado sufriendo algunos de los efectos de las actividades
criminales de los cárteles de la droga, ya que los narcotraficantes operan en Estados Unidos en diferentes niveles.
Sin embargo, no solamente ciudades en proximidad a la frontera experimentan los efectos del desbordamiento de tráfico
de estupefacientes. El New York Times reportó el 22 de marzo que “autoridades policiacas sostienen la creencia de que
la distribución efectuada por los narcotraficantes que distribuyen la mariguana, cocaína, heroína, metanfetaminas, y otras
drogas de los cárteles, es la causa de un brote de balaceras en Vancouver, British Columbia, secuestros en Phoenix
(Arizona), brutales agresiones en Birmingham, Alabama, y mucho más”.
Un reporte preparado por el Departamento de Justicia y citado por el diario neoyorkino, establece que organizaciones de
narcotraficantes en México cuentan con extensas redes en los Estados Unidos. Estos sistemas de enlace coordinan la
distribución de drogas en 230 ciudades que han sido identificadas por investigadores de agencias policiacas. Entre
ellas están
Anchorage, Atlanta, Boston and Billings, Montana. “Los cárteles mexicanos y sus afiliadas mantienen redes de
distribución de droga o abastecen de drogas a los distribuidores”, en suelo estadounidense.
En Phoenix, Arizona, la violencia desbordada hacia Estados Unidos fue la causa atribuida a 700 secuestros entre 2007 y
2008. Sam Quiñones, escritor y periodista del diario Los Ángeles Times, escribe en su artículo titulado “Phoenix, capital
del secuestro a cambio de dinero”, que “la mayoría de secuestros a cambio de dinero ocurren aquí (en Phoenix) más
que en ninguna otro poblado en Estados Unidos, de acuerdo a autoridades policiacas federales y locales. La mayoría de
todas las víctimas y los sospechosos de llevar a cabo el secuestro están conectadas al mundo del narcotráfico, y son
usualmente originarios a al estado de Sinaloa (México), reporta la policía de Phoenix… Arizona ha llegado a establecerse
como la nueva puerta de entrada de la droga en los Estados Unidos. Aproximadamente, la mitad de toda la mariguana
confiscada a lo largo de la frontera de México y Estados Unidos fue tomada en las 370 millas de frontera que el estado
de Arizona comparte con México.”
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Guerra contra tráfico de drogas y violencia de carteles en México llevará agentes federales y equipo a la
frontera.
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
Marzo 23, 2009
Seguridad en la Frontera, no Inmigración,
Prioridad en la Agenda de Obama