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Sheriff Arpaio, Azote Transitorio en Decadencia
El hombre que un día fantaseó con ser el sheriff más riguroso de los Estados Unidos está destinado a la
ignominia reservada para los tiranos.
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA
Septiembre 8 , 2008
El hombre encargado de la policía municipal de Maricopa —uno de los 15 municipios del estado de Arizona, Estados
Unidos— se ha convertido en la efigie misma de la persecución de inmigrantes que viven sin papeles a lo largo y lo
ancho de su jurisdicción. En su afán de vanagloria de ser considerado el sheriff más riguroso de la nación, Joseph M.
Arpaio se ha desenmascarado y manifestado en realidad como un dictador en miniatura de alma malévola y poder
abusivo que raya en lo demencial.
Alguna vez, Arpaio se entretuvo a sí mismo con la idea de pasar a la posteridad como un regidor que, fundado en
métodos tan viejos como él, regeneraría con sus vergonzantes castigos carcelarios a los criminales de su municipio.
Alucinó el hijo de inmigrantes italianos que su traqueteada reputación de hombre de ley lo llevaría a ser una insignia
infranqueable y ejemplar de dureza y respeto al orden y las normas. Así, con tácticas del siglo pasado, mano dura y aires
delirantes de celebridad, Arpaio acuñó a costa de otros su popularidad como un supuesto ejemplo a seguir de severidad
y acatamiento irrestricto a la ley.
Sin embargo, a dieciséis años desde su primera elección como sheriff —como se le llama al jefe de la policía municipal
en los Estados Unidos— y en su obstinada carrera por continuar durante cuatro años más, el individuo de 76 años de
edad se ha afirmado como un auténtico opresor que no da cuentas a nadie y quien con su siniestra y desquiciada
maquinaría de poder recorre las calles persiguiendo como alma en pena a seres humanos desposeídos y vulnerables
que deambulan en su municipio en busca del sustento y el de sus familias.
Henchido de poder y para consolidar el apogeo de su corrupción, el sheriff Arpaio se ha convertido en perro de caza y
lacayo de poderes superiores, avocados a la consigna de borrar de la geografía estadounidense a millones de
trabajadores y sus familias. Ha deformado a su aterrorizador cuerpo de policías municipales y a su aparato
administrativo en el azote de una multitud de trabajadores quienes, en medio de una rechifla de demonios racistas
solapados, son explotados por una economía basada en la mano de obra barata. En consecuencia, el jefe de la policía
municipal de Maricopa ha sido elevado como el semidiós de racistas, segregacionistas, discriminatorios, separatistas,
prejuiciosos, fanáticos, intolerantes, y partidarios de la supremacía blanca.
A pesar de su necia petulancia, su ilusoria aureola, y la adoración de ídolo de la que es objeto, Arpaio es en realidad un
dittatore que convoca a los peores y más perniciosos demonios sociales del pasado, que heridos y mutilados por años y
años de difícil lucha por los derechos humanos y civiles responden al siniestro llamado desde el subsuelo del progreso
y el avance social. Por esa razón Arpaio es aplaudido, venerado, y defendido por las huestes que combaten contra los
pobres del mundo, quienes antes de hundirse en el fango creado por la misma globalización económica que los usa y
los deshecha huyen para sobrevivir, sólo para ser explotados y exprimidos, y después perseguidos, emboscados y
criminalizados.
La guerra multiforme, continua y pertinaz en contra de los seres más desfavorecidos del mundo a través de la historia a
la humanidad siempre ha sido perpetrada bajo el estandarte de una apócrifa legalidad, con la artimaña de llamar a lo
bueno malo y a lo malo bueno, y comandada por tiranos transitorios y perecederos que usurpan la verdad posesionados
por demonios sociales antediluvianos que a su vez les gobiernan a ellos mismos. Ayer como hoy, la mentira trata de
anteponerse a la verdad, provocando que los débiles se atemoricen, los conformistas se vendan, los detractores del ser
humano en desgracia se regocijen, y que los luchadores sociales a favor de la causa del pueblo sean marginados y
proscritos. E instiga por igual a personalidades malintencionadas como las de Arpaio a ser las defensoras de quienes
se complacen en la injusticia y la opresión para mantener el status quo de superioridad.
Como elucidó acertadamente el paladín de los derechos civiles Martín Luther King, Jr., “nunca podemos olvidar que todo
lo que hizo Hitler en Alemania fue ‘legal” y todo lo que los luchadores por la libertad húngaros hicieron en Hungría fue
‘ilegal’. Fue ‘ilegal” ayudar y confortar a un judío en la Alemania de Hitler.” Hoy en Arizona, y en el trastornado municipio
de Maricopa, todo lo que hace el Sheriff Arpaio es “legal”; todos los seres humanos que son explotados sin papeles son
“ilegales”; y, asimismo, todos los esfuerzos para salvaguardar los derechos humanos de los trabajadores sin
documentos son “ilegales”.
No obstante los estragos causados por Arpaio en la comunidad inmigrante y en las sociedades que dependen de su
fuerza laboral, él no deja de ser solamente un espantapájaros sacudido por el viento de los poderes políticos y
económicos para asustar a los inmigrantes en los campos de persecución. El hombre que un día fantaseó con ser el
sheriff más riguroso de Estados Unidos no es tan poderoso como pregona, ni tan invencible como se cree, ni mucho
menos tan imparable como supone. Arpaio y el tropel racista al que pertenece están destinados a la ignominia.
Mañana se levantarán cosechas de justicia regadas con sudor inmigrante sobre la tumba empolvada de la injusticia por
todo lo ancho y largo del municipio de Maricopa. Mientras tanto, hoy se abren surcos, se siembran semillas, y se
fortalecen los brazos que cargarán las gavillas en medio de gritos de júbilo.
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