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Los Centros Comerciales: Templos de Cultura Urbana
Por Eduardo Barraza
BARRIOZONA

Deciembre 12, 2006
“Usted está aquí”, apunta una pequeña flecha sobre el mapa del centro comercial − mall, situándonos en un inmenso
mundo de ventas y de mercancía. El letrero nos hace un favor: nos da una posición y una ubicación. El centro comercial
mismo no es tan compasivo: no nos da un destino. Nos promete, no obstante, la persona que podemos llegar a ser, al
recordarnos precisamente la persona que somos. Así que venimos como somos; salir de ahí transformados depende
de nuestra billetera.

El deseo se respira a cada paso de los brillosos pisos de mosaico en este desfile de vanidad y de atractivo. Miles de
almas navegan ahí hipnotizadas, respondiendo al llamado de un tambor de mando: el consumismo. El centro comercial
es un lugar irresistible y encantador, en donde la ropa, los aparatos y otras cosas, luchan en contra de nuestros
sentidos. En esta isla del asombro, soñar es fácil; la realidad viene a través de un precio. Un precio que no todos
podemos pagar, pero el centro comercial nos deja venir y soñar gratis.

Atrayendo a nuestras emociones, los maniquíes intentan hacernos creer que ellos se parecen a nosotros; la verdad es
que ellos quieren asegurarse de que nosotros no parezcamos a ellos. “Esto es ser de onda; sé de onda”, nos susurran.
Así, el mensaje subyacente detrás de los aparadores, es que podemos comprar en realidad más que una chamarra de
moda, que un par de zapatos de marca reconocida, o que un vestido sensual: nosotros estamos comprando en realidad
una identidad, un boleto para unirse al grupo dominante de nuestros semejantes, y el título de “ardiente” o “de onda.”

En medio de colores y formas, nuestras mentes son persuadidas a mirar, a ceder, y a comprar. Respirar en esa
atmósfera, caminar y mirar, salir y entrar de las tiendas, no es suficiente. Tenemos que estar sosteniendo una bolsa en
nuestra mano antes de irnos, preferentemente, una bolsa de una tienda lujosa y de última moda. Irse del centro
comercial sin bolsas, quiere decir que sobrevivimos la lucha sicológica de emociones, defendiendo estoicamente
nuestras carteras de ser atacadas. De cualquier modo, si habíamos venido en busca de estatus y significado, al irnos
con las manos vacías habremos perdido la batalla.

Un centro comercial es un templo de cultura urbana en donde damos culto al dios tendencia y a la diosa moda.
Viajamos religiosamente a través de los pasillos y de tienda en tienda, buscando ser formados y moldeados en algo que
aspiramos ser. Adoramos las marcas de renombre, los modelos de los diseñadores famosos, buscando ser envueltos
en coloridas piezas de vestir, esperando quizás no sólo cubrir nuestra desnudez natural, pero disfrazar o afirma nuestra
clase social. Un centro comercial es en última instancia, un santuario en donde tratamos de llenar nuestro vacío interior,
e intentamos saciar nuestra sed de significado. Esto a pesar de saber que la apariencia artificial es insaciable, y de que
el verdadero significado no puede ser comprado o encontrado detrás de ningún aparador.


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Un mall es en última instancia, un santuario en donde tratamos de llenar nuestro vacío interior, e
intentamos saciar nuestra sed de significado.
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