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El Tráfico de Humanos Trastorna Opiniones Acerca de
la Migración a Estados Unidos
Víctimas de la "esclavitud moderna" son traídas aquí como cargamento humano y destinados para los
propósitos más viles como el trabajo forzado y la prostitución.
Por Eduardo Barraza
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Eduardo Barraza periodista y escritor
mexicano, editor de la revista Barriozona, y
director del Insituto Hispano de Asuntos
Sociales. E-mail:
editor@barriozona.com
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Phoenix, Arizona Abril 19, 2010. Hubo un tiempo en que la creencia común acerca de la inmigración hacia
los Estados Unidos se basaba en personas empobrecidas cruzando la frontera en busca de trabajo para
mejorar su situación económica.

Este incentivo en cuanto a la inmigración basado en la posibilidad de conseguir trabajo aún juega un
papel fundamental para explicar el flujo de seres humanos provenientes de América Latina hacia EE.UU.
Sin embargo, las fuerzas sociales y morales detrás de muchos de los recién llegados han estado
distorsionando cada vez más el concepto tradicional de la migración humana voluntaria, dándole un giro
violento y criminal, al hacer pasar el tráfico de humanos como migración.    

Contrario a las personas que emigran por su propia voluntad, el tráfico de humanos recluta y transporta
a individuos generalmente bajo tácticas forzadas y engañosas, evadiendo las mismas leyes de
inmigración que los inmigrantes sin documentos eluden. Un emigrante está típicamente interesado en
obtener trabajo, mientras que las víctimas del tráfico de humanos son atraídas con engaños con el fin de
desempeñar trabajos forzados o actos sexuales. No obstante, muchos casos recientes en EE.UU.
muestran que los traficantes de humanos están usando la migración tradicional como una manera de
esconder sus intenciones reales al enganchar a personas con la promesa de trabajo y dólares.

El grupo de migrantes en desventaja económica —los hombres y mujeres desposeídos que vienen a
trabajar y a ganarse la vida honradamente— aún se encuentra encajado dentro de la sociedad
estadounidense. No obstante, la forzada y engañosa “migración” de personas que en realidad han sido
secuestradas bajo la falsa promesa de trabajo y dólares, está no solamente confundiendo el concepto
de la migración por motivos económicos, sino también lastimando a sus víctimas, frustrando el acuerdo
político necesario para aprobar una reforma migratoria, así como alimentando legislación de inmigración a
nivel local basada en falacias, como en Arizona.

Como resultado de esta tendencia, la vieja creencia común acerca de la migración a EE.UU. necesita
diferenciarse en una más compleja: están quienes se toman el riesgo de venir a Norteamérica por su
cuenta a buscar trabajo y tal vez a encontrar una mejor vida; y, están aquellos quienes son traídos aquí
como cargamento humano y destinados para los propósitos más viles como el trabajo forzado y la
prostitución.

Mucho de lo que se reporta en los medios de comunicación acerca de la inmigración indocumentada en
los Estados Unidos no tiene que ver con migración real de personas sino con tráfico de humanos. De
hecho, a muchos individuos extranjeros que son arrestados se les llama erróneamente inmigrantes,
cuando en realidad ellos han sido transportados dentro de EE.UU. como cargamento de humanos y
víctimas de secuestro y otros crímenes. Ellos no emigraron por su voluntad o fueron engañados bajo la
idea de emigrar para encontrar trabajo.

No obstante, algunas de estas personas que pudieron haber accedido a ser traídas a los EE.UU.
terminan siendo atrapadas en una red criminal que explota a los seres humanos menos privilegiados, y
los persuade a entrar al país ilegalmente bajo la falsa expectativa de trabajo. Estas bandas de
traficantes no están interesadas en ayudar a que la gente mejore sus condiciones económicas sino en
obtener la máxima ganancia posible a pesar de los riesgos inherentes y peligros en los que ponen a sus
víctimas. En otras palabras, lo que se les presenta como una oportunidad de venir a este país a trabajar,
es en realidad una bien planeada artimaña que con frecuencia implica la violación sexual, la agresión
física y hasta la muerte.

Con frecuencia escuchamos noticias acerca de “casas de seguridad” en donde docenas de “inmigrantes”
son encontrados por la policía amontonados y en las mas deplorables condiciones sanitarias, encerrados
en contra de su voluntad. Ellos son en realidad retenidos como rehenes hasta que sus familiares en
América Latina o en Estados Unidos, después de ser chantajeados y amenazados, envían altas sumas
de dinero a los traficantes de humanos para que los liberen. Algunos son hechos cautivos y forzados a
trabajar o prostituirse hasta que pagan por completo sus propias deudas. Una vez más, este escenario
no corresponde al habitual donde inmigrantes vienen y se arriesgan por voluntad propia.

Operaciones como estas son llevadas a cabo por violentas organizaciones criminales internacionales que
se dedican al tráfico de humanos. En este sentido, no solamente el concepto del trabajador inmigrante
está cambiando, sino también el papel del tradicional “coyote” o contrabandista que está en el negocio
ilícito de sólo transportar personas hacia Estados Unidos pero no se dedica al tráfico de humanos. Hoy
en día, es fundamental que identifiquemos esta tendencia y poder hacer la diferencia, si es que
queremos entender los movimientos migratorios actuales.

Ejemplificando lo anterior, recientemente en uno de los casos más grandes jamás investigado por el Buró
Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) junto con otras agencias policiacas, nueve
personas fueron condenadas a prisión federal. Ellas eran parte de una red internacional de tratantes de
blancas que atraía a jóvenes mujeres y niñas de Guatemala, las introducían de contrabando a Estados
Unidos, para después llevarlas a la ciudad de Los Ángeles, California, donde sus secuestradores las
forzaban a la prostitución. Algunas de las niñas eran de edades hasta de 12 años.

Su viaje hacia Estados Unidos comenzó en sus hogares, en donde sus padres fueron asegurados que
sus hijas serían puestas a trabajar en lugares como restaurantes y joyerías en California. Los traficantes
de humanos prometieron buena paga, las cuales después se convertirían en dinero que sería enviado
como remesas a Guatemala. Cabe recordar que este tipo de prácticas embaucadoras hace presa de
familias extremadamente pobres en América Central y otras partes de Latinoamérica.

Una vez en Los Ángeles, las niñas y jóvenes no eran colocadas a trabajar como lavaplatos, ayudantes
de restaurante o atendiendo clientes en joyerías. En lugar de eso, los traficantes les tatuaron sus cejas,
les pintaron el cabello y después las forzaron a trabajar en las calles del área de Los Ángeles como
prostitutas. Las jóvenes víctimas fueron intimidadas, controladas y amenazadas con ser golpeadas.
Mientras estaban en el departamento donde vivían estuvieron encerradas y vigiladas. Se les dijo que
ellas tenían que pagar totalmente sus deudas, hasta de $20,000 dólares por haber sido traídas desde
Guatemala a Estados Unidos. Se les advirtió que sus familiares en su país de origen serían asesinados si
trataban de escapar o fallaban en pagar su deuda.  

Este caso criminal declaró culpables a un total de nueve acusados, todos miembros de una familia de
varios parientes conocida como la familia Valenzuela-Vásquez. La líder de la banda, Gladys Vásquez
Valenzuela, fue sentenciada a 40 años de prisión en febrero de 2010.

Los cargos criminales involucrados en este caso –conspiración, tráfico de sexo forzado, fraude o coerción,
e importación de extranjeros con fines de prostitución– muestran un aspecto diferente que muchos
estadounidenses creen que están relacionados a la inmigración. Aunque tiene que ver con pasar de
contrabando a ciudadanos de otros países, el concepto verdadero de personas que emigran para
encontrar trabajo es inexistente dentro de este contexto de tráfico de seres humanos, el cual es un
problema muy complejo en sí mismo, pero necesita ser diferenciado de la migración por motivos
económicos.

Mientras no se establezca con claridad esta diferencia, muchos ciudadanos norteamericanos continuarán
bajo la falsa impresión de que trabajadores migrantes son criminales, y confundiendo el tráfico de
humanos con la inmigración indocumentada. Mientras que millones de personas necesitan una reforma
migratoria, falacias como la del inmigrante-criminal continuarán siendo combustible para toda persona
que rechaza al inmigrante al mismo tiempo que reciben algo de ellos, ya sea su labor como trabajadores
o su dinero como consumidores.
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LOS ÁNGELES, CALIFORNIA  Este
edificio de departamentos era uno
de varios inmuebles usados por la
familia Vásquez-Valenzuela para la
prostitución de las niñas y mujeres
jóvenes.
Foto cortesía del Buró Federal de
Investigaciones.
CAUTIVAS  Las ventanas de los
cuartos donde mantuvieron
encerradas a las víctimas del tráfico
humanos fueron selladas con clavos
para evitar que se escaparan.  
Foto cortesía del Buró Federal de
Investigaciones.
GUATEMALA  Esta es la humilde
choza donde vivía una de las niñas
que fueron traídas para ser
prostituidas a Estados Unidos.   
Foto cortesía del Buró Federal de
Investigaciones.
Portada del libro Los zapatos del inmigrante y otros escritos por Eduardo Barraza
Los Zapatos del Inmigrante
y otros escritos
2a. Edición
El autor presenta los factores
sociodemográficos que alteran
la vida del inmigrante, así
como las alteraciones que el
inmigrante mismo provoca en
su nueva sociedad. La frontera
aparece no sólo como una
línea divisoria de la geografía
común de dos países, sino
como una tangente que divide
a Estados Unidos de
Latinoamérica, sin llegar nunca
a unirlos o apartarlos del todo.
Es en ese contexto social y
geográfico que se suscita el
drama de las edades, la
migración, en donde la
frontera es el tragicómico
escenario y el inmigrante, el
personaje elemental.
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Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales en Phoenix, Arizona
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